Miembros de la llamada «generación sobria» están optando por reemplazar las bebidas alcohólicas por medicamentos recetados y sustancias no reguladas para lidiar con la ansiedad social.
Mientras que en el siglo XX el alcohol era la sustancia predilecta para romper el hielo y relajarse, la tendencia está cambiando drásticamente entre los muchos adultos jóvenes que temen enfrentarse a una salida nocturna o a una reunión social, conviertiéndola en una tarea no muy sencilla.
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La generación sobria y la automedicación digital
Jóvenes como Matt, un empleado de un almacén de 22 años en el norte de Inglaterra, recurren a fármacos que adquieren ilegalmente en línea para mitigar el terror que les produce interactuar en público. Entre las sustancias más populares destacan:
Fármacos para la epilepsia y el dolor neuropático: Utilizados de manera ilegal para buscar una sensación de euforia y relajación similar a la ebriedad.
Betabloqueantes: Diseñados médicamente para disminuir la taquicardia y los temblores musculares propios de los síntomas físicos de la ansiedad.
Péptidos sintéticos: Proteínas inyectables que se han popularizado de forma acelerada a través de internet.
Los impulsores de esta práctica, a menudo presentes en redes sociales mediante hashtags e influencers, promueven la combinación de estos medicamentos —conocida como stacking— bajo la falsa premisa de que se trata de una alternativa «más limpia», económica y libre de calorías o resacas en comparación con el alcohol.
El peso de la ansiedad en la Generación Z
Este inusual comportamiento coincide con un incremento notable en los niveles de malestar emocional. Un estudio publicado por el University College London reveló que más de una cuarta parte (28%) de las personas de veintitantos años en Inglaterra reportan altos niveles de ansiedad, siendo las enfermedades mentales graves mucho más comunes en la Generación Z que en los millennials a la misma edad.
Expertos como la psicóloga Emily Jones sugieren que el impacto de los confinamientos durante la pandemia pudo haber intensificado el miedo a la interacción social en esta cohorte.
Los graves riesgos del consumo no regulado
A pesar de que algunos jóvenes consideran que estas sustancias son preferibles al alcohol, la comunidad médica y científica advierte sobre peligros alarmantes:
Adicción y dependencia: El uso frecuente genera que las personas dependan de los fármacos para cualquier situación cotidiana, perdiendo la confianza en su propia capacidad de afrontamiento.
Síntomas de abstinencia severos: Intentar dejar los medicamentos puede provocar insomnio, depresión profunda, aumento de la ansiedad e incluso ideas suicidas.
Peligro de muerte: Fármacos como la pregabalina han registrado un fuerte incremento en certificados de defunción por intoxicaciones accidentales en lugares como Inglaterra y Gales, especialmente cuando se adquieren en sitios web ilícitos sin supervisión médica.
Mientras las autoridades sanitarias de distintos países implementan mayores restricciones en línea para frenar el acceso descontrolado a estos fármacos, los especialistas insisten en que el verdadero problema radica en normalizar la dependencia química para superar los retos de la vida social.
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Fuente: BBC
Ciudad Valencia/ER/DG
Foto: BBC












