El discurso del presidente Donald Trump en cadena nacional del 17 de diciembre de 2025 no puede evaluarse únicamente como una enumeración de anuncios o promesas, señaló Hinterlaces.

La Agencia venezolana, explica que se trata, ante todo, de una pieza de construcción narrativa, donde cifras falsas o groseramente exageradas cumplen una función política específica: ordenar la percepción social de la economía, la migración y la seguridad bajo un mismo marco de amenaza y salvación.

En este sentido, señala que los múltiples ejercicios de verificación publicados por medios y organizaciones independientes coinciden en un punto central: buena parte de los datos utilizados por el presidente no resisten contraste con los indicadores oficiales.

Sin embargo, el interés analítico no se agota en determinar qué es falso, sino en comprender por qué estas falsedades se repiten y qué efectos buscan producir.

Economía: declarar resuelta la crisis para apropiarse del futuro

En el eje económico, Trump afirmó que “la inflación se ha detenido” y que heredó “la peor inflación en 48 años”.

Los datos oficiales muestran una inflación interanual cercana al 3%, similar a la existente al momento de su llegada al poder y muy distante de los picos históricos de las décadas de 1970 y 1980.

La estrategia retórica es clara: exagerar retrospectivamente la gravedad del pasado para presentar el presente como una ruptura total.

De este modo, una economía en transición —con inflación moderada, precios aún en aumento y malestar social persistente— es transformada discursivamente en una historia de caos superado y prosperidad restaurada, aunque los indicadores no respalden ese salto cualitativo.

El discurso diluye deliberadamente la diferencia entre inflación, precios, salarios nominales y salarios reales. Esta confusión no es accidental: permite sostener una narrativa de bienestar incluso cuando la percepción ciudadana sigue siendo negativa.

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Los “18 billones” y la política del número monumental

Uno de los pasajes más llamativos del discurso fue la afirmación de que su gestión habría atraído 18 billones de dólares en inversiones hacia Estados Unidos.

Incluso cifras oficiales previas de la Casa Blanca hablaban de 9,6 billones, ya cuestionadas por incluir anuncios no vinculantes y compromisos difíciles de verificar.

El mecanismo discursivo consiste en convertir el número en símbolo. La magnitud reemplaza al contenido.

No se discute la calidad de la inversión, su origen ni su impacto real, sino que se impone un dato hiperbólico destinado a impresionar y cerrar el debate. El efecto es desplazar la conversación desde la estructura productiva hacia la épica del “renacimiento industrial”.

Inmigración: de fenómeno social a amenaza existencial

El núcleo emocional del discurso se concentra en la inmigración. Trump habló de un “ejército” de 25 millones de personas que habría ingresado al país durante la administración Biden, muchos supuestamente provenientes de cárceles y hospitales psiquiátricos vaciados por gobiernos extranjeros.

Los registros oficiales de la Patrulla Fronteriza y del Departamento de Seguridad Nacional desmienten estas cifras. No existe evidencia que respalde la idea de una operación coordinada de liberación de presos o pacientes psiquiátricos con destino a Estados Unidos.

Desde el análisis de discurso, se trata de una operación de deshumanización. El migrante deja de ser sujeto social para convertirse en amenaza abstracta.

La exageración numérica, la atribución de intencionalidad hostil y la asociación con criminalidad construyen un escenario de invasión que justifica políticas de seguridad extrema y concentra poder político en la figura presidencial.

Crimen y “ley y orden”: borrar la historia para fabricar urgencia

Trump afirmó que el crimen se encuentra en “niveles récord” y que su gobierno ha restaurado la ley y el orden. Sin embargo, las estadísticas históricas muestran que los picos de criminalidad violenta en Estados Unidos se registraron en los años noventa, con tasas aproximadamente el doble de las actuales.

La técnica empleada es la descontextualización histórica. Al borrar las referencias comparativas, la coyuntura presente se presenta como excepcionalmente caótica. Así, cualquier mejora puede ser apropiada como logro propio, mientras toda dificultad es atribuida a los adversarios políticos.

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Repetición, superlativos y acumulación de falsedad

Muchas de las afirmaciones falsas del discurso no son nuevas. Se trata de enunciados ya desmentidos en el pasado que reaparecen una y otra vez.

Esta repetición construye una infraestructura de falsedad acumulativa: las cifras dejan de evaluarse y pasan a formar parte del sentido común del grupo político que las consume.

El uso constante de superlativos —“el mayor de la historia”, “niveles récord”, “ejército de millones”— simplifica la realidad y acelera su circulación en redes sociales. La coherencia del relato no depende de los datos, sino de su capacidad para activar emociones: miedo, orgullo, resentimiento y promesa de restitución.

 

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Fuente: Radio Miraflores

Ciudad Valencia/M.Ll