La savia de la historia no es el tiempo, esto es una creencia del historicismo marxista que pretendió colocarle una camisa de fuerza al devenir y hacerle cumplir con leyes inexorables como el destino teológico que precisamente la ciencia quería dejar atrás. Todo fue en vano. La indeterminación de dios se coló a los principios de la ciencia y encausó sus basamentos en ilusiones que hoy caen estrepitosamente. La historia se determina a sí misma en el proceso de su producción, sin causas ni leyes que nos hagan prever o predecir los acontecimientos. Sin embargo, tiene una repetición que la hace cruel; pero esta repetición no se establece por la conciencia de sus actores, sino por un lenguaje del inconsciente que escapa a la voluntad. Sea como sea, la savia de la historia es la relación entre dos tipos de lenguajes: el consciente y el inconsciente, este último tiene que ver más con un texto que se escribe a través del comportamiento. Me gustaría dedicarle unas palabras a este tipo de lenguaje; pero mi intención en este artículo está en tratar de ver cómo la historia permanece viva en el lenguaje que usamos cotidianamente, con mucha más fuerza que en el recuerdo y la conmemoración de las fechas. Me atrevería a decir que las fechas no nos permiten virar nuestra atención al lenguaje, y esto es un problema de educación.
El lenguaje, en su devenir, permite que la sangre del pasado siga circulando por el cuerpo geográfico e imaginario de la nación. ¿Quién investiga a estos cuerpos? No lo historiadores, pienso que los novelistas lo han hecho con más rigor y mucho más entusiasmo. Pero aún hay mucha tela que cortar en esa relación de la geografía con el imaginario personal y colectivo. Una cosa es creer que el encadenamiento de los hechos más resaltantes de un pasado glorioso mantiene la identidad de un país, y otra cosa es comprender la vida que está contenida en el lenguaje más allá de los ritos y los intereses del presente. El lenguaje es el espejo que nos contiene. Pregunto, si es verdad que la historia debe su marcha a la interrelación de varios contextos narrativos, de varios lenguajes en pleno desenvolvimiento, cómo es posible que se pretenda la exactitud, la objetividad, si el lenguaje es la sustancia más personal y colectiva que existe y nos permite existir.
La historia no puede rebasar al lenguaje, es una de sus ramificaciones, y esta dependencia necesaria suspende toda pretensión de cientificidad, al menos del ideal positivo de la modernidad. Nietzsche ya lo dijo con su magistral ironía, en la ciencia no es posible “la inmaculada percepción”, refriéndose también a esa manía de la historia en querer ser una ciencia a sabiendas de que está imbuida de interpretaciones, interpretaciones de interpretaciones; los hechos desaparecen y solo queda la interpretación que hacemos de ellos. Los hechos acaecieron atravesando una batería de significados, continuaron en otros perdiéndose, deformándose, adquiriendo nuevos matices, ampliando sus derroteros. Y esto ocurre aun con los “documentos”, con el “archivo”, espacios donde vienen a parar los intereses, las subjetividades y se revisten de imparcialidad.
Si un país solo se dedica a mantener sus actos heroicos, a vivir del pasado, si solo se dedica a mantener el recuerdo de sus héroes, está luchando contra corriente, el esfuerzo por no morir cada vez es más grande, pronto la inercia se hará cargo de sus habitantes y al tiempo que lucha para mantener su identidad borra su rostro. Debe, sobre todo, cuidar su lengua, mantenerla, nutrirla, fortalecerla; debe sobre todo bucear en lo cotidiano, único espacio donde la historia germina y los tiempos se entretejen.
Historia cotidiana: buscada y no buscada
La historia de la cotidianidad no puede ser exclusiva de lo que entendemos por pueblo, al menos que en este concepto de pueblo también incluyamos a la clase media profesional, a la clase dirigente empresarial y a la clase dirigente gubernamental en la que habría a su vez que incluir el sistema de partidos políticos y movimientos religiosos de alto poder; sin excluir por supuesto la movilidad de acciones económicas y políticas que hay entre ellos. Esto le daría a la noción de pueblo una abstracción casi insoportable. Lo que quiero decir es que a veces se pretende creer que la historia de la gente pobre es diferente de las otras clases sociales y, por supuesto que lo es, pero desde el punto de vista de la cotidianidad esa diferencia no significa aislamiento, hay una continuidad y una misma plataforma temporal que las sostienen. Las diferencias suceden cuando las distribuciones espaciales de las clases y sus anclajes en diferentes posiciones de trabajo, les permiten entrabarse en hechos cotidianos con signos que en la práctica social y cultural se revelan como opuestos.
La cotidianidad es en primer lugar un suceso de continuidad cósmica; por tanto, todos los seres humanos están inmersos en ella. Yo le he dado otro nombre a la cotidianidad para que se le reconozcan sus variaciones sociales y puedan verse con claridad las mutuas relaciones entre lo cósmico y lo cultural, y se delimiten los modos de historiarse que tienen o ejercen las clases sociales; la llamo: La continuidad del estar, porque pienso que la clase pobre se diferencia de las otras en que no procura ser sino estar; no procura permanecer sino pasar; y es que la cotidianidad de la clase pobre vive una historia no buscada, tiene una historia que no es intencional en el sentido que le dan los grupos políticos de poder al querer asentarse en una memoria colectiva. La historia buscada deja en cierto modo de ser cotidiana, porque pierde su espontaneidad y su imposibilidad de ser escrita; en este sentido, y solo en él, las demás clases sociales también forman parte de la historia no buscada. Las personas que abandonan la historia no buscada para ubicarse en estos grupos comienzan por darle más importancia a la individualidad. El Estado, los sistemas de partidos, la clase dominante empresarial y la clase dominante gubernamental, son expresiones políticas y culturales del funcionamiento de la máquina como instrumento principal de trabajo: la máquina funciona por engranajes, necesita de la inyección de recursos para mantenerse funcionando, está acoplada a un sistema más grande que le da dirección y sentido. Por más grande o pequeña que sea la máquina sus operadores se mantienen aislados en la ejecución del trabajo, la máquina genera el individualismo; bien, todo ello se realiza en lo social, sobre todo en la historia buscada, porque si bien es cierto que los trabajadores son los operadores de las máquinas, ellos retornan a su historia y esta les impide el aislamiento, no hay más interés que el mantener viva a la familia; en cambio, en la historia buscada los intereses son de otro orden: acumulación de capital y el ejercicio del poder.
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Entiéndase que no quiero decir que la historia cotidiana de la clase pobre sea pura, no, precisamente se trata de establecer cuáles son las enfermedades de cada clase y de qué manera se contagian unas a otras. En el fondo, así como hay un marco cósmico que envuelve a la historia cotidiana, única historia que se ramifica en: historia escrita regional, nacional, universal y todas las demás que se quieran añadir; así también hay un piso que le da continuidad, un marco de territorialidad que permite los sucesos. Es esto lo que entiendo por continuidad del estar: una forma de territorialidad cultural que se involucra en la aparición de los acontecimientos y los hechos y de algún modo sirve de vehículo al desplazamiento y al encuentro de los discursos con los comportamientos.
De oraciones estamos hechos
Nuestra manera de hablar está basada en oraciones, nosotros más que hablar rezamos; aunque no sea tan válido en algunas regiones del país. Nos dirigimos a otro como si este otro poseyera un carácter sagrado. “Oracioblamos” porque el ruego, el rumor, han estado presentes en nuestros ocultamientos, en nuestras intrigas y pasiones. Esta manera, esta tonalidad, esta dirección de los significantes surge de nuestra relación con el dominio, con la presencia del conquistador. Es muy probable que la fundación de la nación haya también fundado una estructura psíquica cuyos límites de acción dependen de la internalización o no del conquistador, del policía, del padre. Quizás por ello hayamos “des-matriado” al país para luego “patrializarlo”. Nuestro lenguaje delata la solidaridad de los dioses y los espíritus en el momento de padecer las crueldades de la conquista.
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Arnaldo Jiménez nació en La Guaira en 1963 y reside en Puerto Cabello desde 1973. Poeta, narrador y ensayista. Es Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales por la Universidad de Carabobo (UC). Maestro de aula desde el 1991. Actualmente, es miembro del equipo de redacción de la Revista Internacional de Poesía y Teoría Poética: “Poesía” del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC, así como de la revista de narrativa Zona Tórrida de la UC.
Entre otros reconocimientos ha recibido el Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuentos Fantasmas y Aparecidos Clásicos de la Llanura (2002), Premio Nacional de las Artes Mayores (2005), Premio Nacional de Poesía Rafael María Baralt (2012), Premio Nacional de Poesía Stefania Mosca (2013), Premio Nacional de Poesía Bienal Vicente Gerbasi, (2014), Premio Nacional de Poesía Rafael Zárraga (2015).
Ha publicado:
En poesía: Zumos (2002). Tramos de lluvia (2007). Caballo de escoba (2011). Salitre (2013). Álbum de mar (2014). Resurrecciones (2015). Truenan alcanfores (2016). Ráfagas de espejos (2016). El color del sol dentro del agua (2021). El gato y la madeja (2021). Álbum de mar (2da edición, 2021. Ensayo y aforismo: La raíz en las ramas (2007). La honda superficie de los espejos (2007). Breve tratado sobre las linternas (2016). Cáliz de intemperie (2009) Trazos y Borrones (2012).
En narrativa: Chismarangá (2005) El nombre del frío, ilustrado por Coralia López Gómez (Editorial Vilatana CB, Cataluña, España, 2007). Orejada (2012). El silencio del mar (2012). El viento y los vasos (2012). La roza de los tiempos (2012). El muñequito aislado y otros cuentos, con ilustraciones de Deisa Tremarias (2015). Clavos y duendes (2016). Maletín de pequeños objetos (Colombia, 2019). La rana y el espejo (Perú. 2020). El Ruido y otros cuentos de misterio (2021). El libro de los volcanes (2021). 20 Juguetes para Emma (2021). Un circo para Sarah (2021). El viento y los vasos (2da edición, 2021). Vuelta en Retorno (Novela, 2021).
(Tomado de eldienteroto.org)
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