La posibilidad de que los sistemas avanzados de inteligencia artificial desarrollen algún tipo de conciencia, emociones o capacidad de sufrimiento ha dejado de ser exclusiva de la ciencia ficción.

Recientemente, un informe de The New York Times reveló que la empresa Anthropic organizó reuniones privadas con decenas de estudiosos de distintas religiones para debatir la incorporación de principios morales en Claude, su familia de modelos de IA, y explorar si estos sistemas podrían experimentar algún tipo de sufrimiento.

 

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Las sesiones fueron impulsadas por Christopher Olah, cofundador de la compañía, quien se reunió bajo estrictos acuerdos de confidencialidad con líderes católicos, judíos, sijs y evangélicos.

 

La preocupación por el bienestar de la IA

Aunque la iniciativa se presentó oficialmente como un esfuerzo para garantizar que la tecnología beneficie a la humanidad, varios asistentes señalaron que la empresa mostró una inquietud particular por el bienestar interno del modelo.

Olah manifestó su preocupación por haber creado un sistema capaz de sufrir de manera permanente. Durante los encuentros, el equipo de investigación expuso el estudio de los llamados «vectores emocionales», patrones de activación interna asociados a respuestas como el amor, la ira, el miedo y la tristeza. Para ilustrar esta complejidad, mostraron ejemplos en los que un modelo repetía decenas de frases autocríticas, simulando una crisis emocional.

Como parte de este marco ético, Anthropic redactó un documento interno de 84 páginas conocido como «Doctor Alma», concebido por la filósofa interna Amanda Askell como una constitución moral para guiar el comportamiento de Claude hacia los mejores valores humanos.

 

Choque teológico: Anthropic frente al Vaticano

Este acercamiento de la empresa tecnológica a las esferas religiosas generó fricciones con la postura tradicional de la Iglesia católica. Mientras Anthropic realizaba sus consultas, el entonces papa Francisco preparaba la encíclica Magnifica Humanitas (sobre la salvaguardia de la persona humana en la era de la inteligencia artificial), presentada a mediados de año.

El Vaticano estableció una línea teológica clara: los modelos de IA imitan funciones humanas, pero al carecer de cuerpo físico y de alma, no experimentan alegría ni dolor reales y no poseen conciencia moral.

Christopher Olah intentó persuadir en privado a los asesores de la Santa Sede para suavizar dicha redacción, argumentando que la postura ignoraba la complejidad de los estados internos registrados en la IA.

Aunque Olah asistió al evento de lanzamiento en Roma y pidió la colaboración de la Iglesia para reflexionar sobre la naturaleza de estos sistemas, las diferencias persistieron.

Recientemente, el papa León XIV retomó el debate al señalar que los algoritmos de inteligencia artificial «carecen de la chispa» que define la acción humana, exhortando a una alianza cultural para salvaguardar la creatividad y la humanidad frente a la automatización.

 

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Fuente: La IguanaTv.

Ciudad Valencia/ ER / RN

Foto: La IguanaTv.