La reciente partida de Juan Calzadilla ha motivado, como era de esperar, encuentros y reuniones en su memoria en diversas partes del país; y no podía ser de otra manera ya que la figura de Juan en nuestras letras no se limitó a la creación de su obra poética y artística, bastante profusa por otra parte, sino que personalmente tocó muchas vidas y a través de ellas florecieron a su vez diversos proyectos de escritura, editoriales, artísticos y vitales, entre las generaciones que seguimos a la suya y tuvimos la fortuna de sentir su cercanía.
En ese sentido, en Maracay, como en muchas otras partes, un grupo de amigos (algunos de los que tratamos directamente con él y otros que lo conocieron a través de la lectura) nos reunimos en la Biblioteca Agustín Codazzi, no tanto para honrar su memoria, como para celebrar su presencia a través de una larga y amena conversación.
Entre quienes gozamos de su amistad estuvimos Astrid Salazar, Gloria Dolande, Ingrid Chicote, Luis Alberto Angulo (quien llegó directamente desde Valencia) y quien esto suscribe; nos acompañó también la poeta Ninfa Monasterios Guevara, de la Escuela de Poesía Juan Calzadilla, en Maracay, junto al dramaturgo y editor Juan Martins, quien aunque no mantuvo contacto directo con Juan, leyó algunos textos suyos y destacó la importancia y novedad que significa la obra de nuestro amigo entre la historia cultural venezolana.

Imposible resumir todo cuanto se dijo, me conformo con informar que fue una deliciosa fiesta de anécdotas y comentarios picarescos, emotivos, agradecidos, felices y aunque cada historia era distinta una de otra todas confluían en que Juan Calzadilla fue (es) una personalidad generosa, abierta, estimulante para todos nosotros, quienes, en ese salón rodeados con sus libros y dibujos, cubrimos al menos tres generaciones: los que empezamos en los siempre añorados ochenta, los debutantes noventeros y las voces que están despuntando en este nuevo siglo, todos bohemios, todos con una fe irredimible en la poesía como forma de expresión y vida.
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Quisiera terminar esta improvisación citando a otro gran amigo de Calzadilla en la Cabimas de los años sesenta: Juan Gustavo Cobo Borda:
«Escribir es rezar de otro modo.
Las únicas noticias que valen la pena están en los poemas.
Todos los poetas son santos e irán al cielo».
Ciudad Valencia / Manuel Cabesa* /Fotos cortesía Beatriz Helena Peñaloza










