La palabra de hoy es muy del gusto de los políticos y, aunque no goce propiamente de una gran popularidad, tampoco puede ser calificada de rara o rebuscada …Claudicar.
En su primera acepción significa cojear, pero en este sentido es más bien poco usada. La oímos más en su sentido figurado, que es el de flaquear, ceder, vacilar o, como lo dice don Julio Casares en su Diccionario Ideológico: “Faltar en algún punto a lo debido o proceder defectuosamente”. Según el Diccionario de la Real Academia, claudicar es, en su cuarta acepción: “Ceder, transigir, consentir, rendirse”.
Está muy claro el origen de esta palabra: claudicar viene de claudicare, verbo latino que significa exacta-mente cojear y es derivado del adjetivo claudus, cojo.
Conviene observar, de paso, que el castellano cojo no designa sólo a la persona o animal que simplemente cojea, sino también al que ha perdido una pierna o un pie. De claudus se formó el nombre propio Claudio en latín Claudius.
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Así se llamaba un clan romano al cual pertenecían muchos personajes notables. De ellos el más famoso fue el emperador Claudio Tiberio Druso, no tan célebre por haber sido el conquistador de Inglaterra como por la conducta escandalosa de su tercera esposa, la alborotada Mesalina.
El principal derivado de claudicar es claudicación, acción y efecto de claudicar. En medicina se conoce como “claudicación intermitente” un estado patológico ocasionado por la falta de riego sanguíneo en las piernas debido al estrechamiento de las arterias y que se caracteriza por una cojera sumamente dolorosa.
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Tomado del libro “La palabra de hoy / Programa radial” (Cenal, 2014)
Autor: Aníbal Nazoa González (Caracas, 12 de septiembre de 1928 – Ibíd., 18 de agosto de 2001) poeta, periodista y humorista, considerado «uno de los escritores venezolanos que mejor retrató el siglo XX».
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