“El lenguaje y la estética de Róbinson” por Juan Medina Figueredo

La originalidad del plan educativo, económico, social y político de nuestro maestro Simón Rodríguez (“Samuel Róbinson”) no sólo se plasma en sus ideas, también en su lenguaje y en su ortografía.

Es común la observación sobre su peculiarísimo uso de los tipos de imprenta, que aprendiera con su oficio de tipógrafo: llaves, corchetes, versalitas, negritas, cursivas, mayúsculas, puntos suspensivos… con los que persigue una logografía: “pintar ideas”.

Como un maestro frente a su pizarrón va enunciando frases cortas con sentido silogístico, clasificatorio, de máxima o sentencia. El humor recorre los giros de la ironía, también de la mordacidad y el sarcasmo. Dardo Cúneo (1982) caracteriza ese lenguaje robinsoniano en términos militares, de ataque y contraataque, de querella y réplica, con un peculiar ritmo nervioso.

logografía-tipografía-Simón Rodríguez 2

Eugenio Montejo (1996) define ese uso de nuestro utopista (de los caracteres tipográficos en contrapunto con los blancos de la página) como la arquitectura de un moderno espacio literario. Arista de su escritura que lo convierte en un precursor de la vanguardia, pues su grafía precede  a los caligramas del poeta Guillaume Apollinaire. Pero Montejo no le atribuye a Simón Rodríguez  pretensiones literarias, guiado como estaba, fundamentalmente, por propósitos de renovación pedagógica y política.

Creo que, más allá de las intenciones de nuestro maestro, es posible observar en muchos de sus textos un peculiar estilo ensayístico, literario, no sólo por el particular uso del  lenguaje y su grafía, que venimos comentando, sino también por el empleo de recursos escriturales como la narración, el soliloquio y el monólogo. Logografía y recursos literarios proyectan una ESTÉTICA de vanguardia que, a mi entender, resulta muy visible en varios pasajes de su DEFENSA DE BOLIVAR.

 

LEE TAMBIÉN: “Instruir, enseñar y educar”

 

Su ortografía presenta los signos de la época. Aun cuando su tendencia a ajustar la escritura a la fonética, en lo cual coincidía con su contemporáneo y compatriota Andrés Bello, no ha terminado por imponerse, no deja de seguir provocando polémicas y escándalos. Bello y Rodríguez son el precedente y fundamento de la célebre expresión del novelista Gabriel García Márquez pidiendo la jubilación de la gramática en el Congreso Internacional de la Lengua, celebrado en Cuernavaca, México.

En sus días finales, Simón Rodríguez reclamaba que se le juzgara por su obra y no por su controvertida vida personal, y se lamentaba de que sus libros no fueran leídos ni fueran objeto de consideración actual. Quien hoy se topa con su obra no deja de advertir la vigencia de su pensamiento y su inconfundible y original estilo escritural.

¿Serán los maestros sus curiosos y críticos lectores del futuro? ¿Será algún día su obra objeto de lectura cotidiana en nuestras aulas? Serán los venezolanos…

 

***

 

Juan Medina Figueredo

Juan Medina Figueredo (Aragua de Barcelona, 1947): Polígrafo de raza, ha incursionado en la poesía, el ensayo literario y el análisis socio-político. Su rebeldía política y cultural no es panfletaria sino solidaria, al punto de estar bien aliñada por su bondadosa personalidad. No se le puede reclamar nada, pues sus convicciones ideológicas y su quehacer escritural apuntan a una conciencia ética y espiritual inconmovible.

Entre sus libros contamos “Reverberaciones” (1995, poesía); los ensayos “La Terredad de Orfeo” (dedicada al poeta Montejo) y el libro comuna que es “Siglo XXI, educación y revolución” (2010) con su estructura en redes que comunica la crónica y el ensayo; el volumen de cuentos “La Visita del Ángel” (2010) y la novela “Por un leve temblor” (2014). Con estos dos últimos ganó el premio de narrativa de Fundarte y una mención de publicación del mismo sello editorial, respectivamente. Que nosotros sepamos, caso único en este certamen literario.

Su poesía ha sido publicada en dos colecciones poéticas importantes como “El Corazón de Venezuela. Patria y Poesía” y “Rostro y Poesía” de la Universidad de Carabobo. Su periplo literario apuesta por un decir directo y no mediatizado por los discursos académicos autorizados. (Reseña de José Carlos de Nóbrega)

 

Ciudad Valencia