En el corazón de la Vía Láctea un misterioso resplandor de rayos gamma que fue detectado hace diez años generó impresión en los científicos. La señal, observada por primera vez en 2008, con un Telescopio Espacial Fermi de la NASA, alimenta una intensa discusión sobre su verdadero origen.
Las principales hipótesis apuntan a dos posibles fuentes: los púlsares, restos giratorios de estrellas que explotaron hace millones de años, o las colisiones de materia oscura, una sustancia invisible que representa alrededor del 85 % del contenido del universo.
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Durante años, la forma alargada del resplandor (coincidente con el bulbo galáctico, una región central densa en estrellas antiguas) llevó a muchos expertos a inclinarse por la teoría de los púlsares. Aunque, la cantidad de estos objetos descubiertos no es suficiente para explicar la intensidad del fenómeno.
El equipo encabezado por Joseph Silk, de la Universidad Johns Hopkins, utilizó supercomputadoras para simular la distribución de materia oscura en la Vía Láctea. Los resultados mostraron una estructura central “aplastada”, muy similar al bulbo estelar, lo que podría deshacer el principal argumento que hasta ahora descartaba a la materia oscura como fuente de los rayos gamma.
Fritz Zwicky, propuso la idea de la misteriosa sustancia, en la década de 1930, la cual fue reforzada décadas después por Vera Rubin y W. Kent Ford, al descubrir que las estrellas en los bordes de las galaxias se mantenían unidas por una fuerza invisible.
Silk plantea que, de confirmarse los nuevos modelos, las colisiones de partículas WIMPs (Partículas masivas que interactúan débilmente) podrían explicar la emisión observada. La verificación definitiva podría llegar con la próxima generación de telescopios, como el Observatorio Cherenkov (CTAO), que entrará en funcionamiento en 2027.
Fuente: VTV
Ciudad Valencia / FM / RM













