Son dos los secretos mejor guardados por cronistas del Caribe, del pasado y del presente: el sitio de Cartagena hace más de 200 años y el de La Habana, setenta años como bloqueo y varios meses como asedio (es tristísimo dar la cifra exacta en días de hambre y falta de luz…).
El sitio de Cartagena lo dirigió el general español Morillo en su guerra a muerte contra colombianos y venezolanos. Dirigían la resistencia del bloqueo el neogranadino Castillo y el venezolano Bermúdez.
Resistieron 102 días. Epidemias y hambre provocaron la muerte de la tercera parte de los habitantes de la ciudad. Doscientos diez años después se inicia el otro secreto mejor guardado del Caribe: el asedio total a cuba. Una orden ejecutiva que no permite pasar petróleo a la isla.
El asedio se inicia el 3 de enero de 2026 (el 3E). El mismo día del bombardeo a Caracas, día del asesinato de una centena de militares, venezolanos y cubanos, además del secuestro del presidente de Venezuela y de su esposa: Nicolás Maduro Moros y Cilia Flores.
DEL MISMO AUTOR: ENTRE NEUTRALIZADOS Y NO NEUTRALES
Ese día se inicia el martirio de los habitantes de la isla que ya en días superó el antecedente del asedio a Cartagena de Indias. Ahora es el imperio heredero, y si la toma de Cartagena conllevó a la reconquista de la Nueva Granada, la toma de Cuba significaría la conquista de América Latina por parte de los Estados Unidos.
Todos esto lo prevé Simón Bolívar y por ello convocó el Congreso Anfictiónico de Panamá, del que se está conmemorando el bicentenario. Un barco de bandera rusa y de nombre «Universal» hizo un largo viaje desde Eurasia, un tanquero que llevaba petróleo (energía) para los habitantes de la isla y que fue obligado a regresar, sin descargar, ya estando frente a las costas cubanas.
Se llama «Universal» y nos involucra a todos, los que contemplamos lo que está pasando. No es azar ese nombre. Tiene una gran carga simbólica. Recuerdo el cuento de Kafka: El artista del hambre. Al final las hojas del calendario, con los días del ayuno, estaban esparcidas por el piso, y el artista continuaba su ayuno sin que a nadie le interesará ya el asunto. Sería luego sustituido por una pantera como atracción del circo luego de su agonía solitaria.
A diferencia del bloqueo de Cartagena, que era dirigido por un español (ese a quien mal recordamos por el “Puente Morillo” de San Blas), este asedio norteamericano contemporáneo lo dirige Marco Rubio, nieto de cubanos, un mal hijo de la isla. Esperemos que la conmemoración de los doscientos años del Congreso de Panamá incluya unas palabras, una línea al menos, sobre el sitio de Cuba.
La esencia de aquella cumbre independentista impulsada por El Libertador era que no sucedieran hechos como los del 3E, reimpulso del asedio a Cuba e inicio del protectorado a Venezuela. Si no se logró la unidad de América en Panamá, por lo menos que se mantenga la unidad de los venezolanos en torno a nuestra presidenta interina Delcy Rodríguez.
Recordar el Congreso Anfictiónico de Panamá de 1826 sin denunciar el asedio es un contrasentido. Durante la dictadura de Pérez Jiménez se hizo una primera conmoración impregnada de mentiras sobre el panamericanismo, lo que denunció en su momento el entonces joven Pedro Ortega Díaz, quien redactó un documento al respecto.
Copiamos sus palabras porque tienen vigencia: «El panamericanismo es la doctrina del imperialismo yanqui para tratar de dar marco legal, institucional y orgánico a su dominio económico, político, tecno-científico y cultural, y a la consiguiente explotación de nuestros pueblos. Cualquier somera relación de la historia del pasado y presente siglo, así lo comprueban»… Escrito en 1954 con ocasión de la 10° Conferencia Interamericana realizada en Caracas, tiene absoluta vigencia.
¡Recordemos hoy el Congreso Anfictiónico de Panamá pidiendo el cese del sitio a cuba!
TE INTERESA:
Curiosidades del Congreso Anfictiónico de Panamá de 1826 | Armando José Sequera
***

Pedro Téllez (Valencia, 1966): Psiquiatra y escritor. Egresado de la Escuela de Medicina de la Universidad de Carabobo, donde también cursó las Maestrías de Historia de Venezuela y Literatura Venezolana. Ha sido profesor de estética en la Escuela de Arte «Arturo Michelena» y coordinador del Postgrado de Salud Mental en el Hospital Psiquiátrico de Bárbula.
Ha formado parte del comité de redacción de las revistas Poesía y La tuna de oro. Entre sus libros se encuentran: Añadir comento (1997), Fichas y remates (1998), Tela de araña (1999), La última cena del ensayo (2005), Un naipe en el camino de El Dorado (2007), Elogio en cursiva del libro de bolsillo (2007), Valencia sulaco (2019).
Ciudad Valencia/RN












