Muchos admiran la belleza de la planta trinitaria por sus intensos tonos fucsias, morados, rojos o anaranjados; sin embargo, pocos conocen que las llamativas estructuras que la caracterizan no son realmente flores. Detrás de esta popular especie ornamental se esconde un sorprendente secreto botánico que ha cautivado a científicos y amantes de la naturaleza durante siglos.
“El gran engaño botánico”: flores que no son lo que parecen
Si le pidiéramos a cualquiera que señale la flor de la buganvilla (o bugambilia), apuntaría a todas esas maravillosas flores que se ven subiendo por el sector Las Chimeneas de El Trigal, aquí en Valencia, y en muchos otros lugares de nuestra ciudad, así como en toda Venezuela, con sus encendidos “pétalos” fucsias o violetas. Y, sin embargo, estaría cometiendo un error. Lo que nuestros ojos celebran son brácteas: hojas modificadas que la planta transformó a lo largo de la evolución con un propósito de supervivencia.
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La verdadera flor de la trinitaria es una criatura diminuta, tubular y blanca que se esconde en el centro. Como sus flores reales son demasiado pequeñas para atraer a los polinizadores en la selva, la planta “disfrazó” sus hojas circundantes con colores estridentes. El colibrí y la mariposa acuden al llamado del color, atraídos por este diseño perfecto de la ingeniería natural.
De la selva de Brasil a Europa: historia de la bougainvillea
Este arbusto trepador viaja en el tiempo. En 1766, a bordo de la fragata La Boudeuse, comandada por el explorador francés Louis Antoine de Bougainville viajaba el botánico Philibert Commerson y, escondida bajo el atuendo de un asistente varón, su amante y experta en plantas, Jeanne Baret.
En las costas de Río de Janeiro avistaron por primera vez esta trepadora indomable. Impresionado por su belleza, Commerson la bautizó en honor al capitán. Así, una especie nativa de las selvas sudamericanas cruzó el océano para fascinar a la Europa de la Ilustración y adaptarse a los climas cálidos de todo el planeta.
Resiliencia y cuidados de la trinitaria en el jardín
Más allá de su belleza, esta especie destaca por ser una superviviente nata. Si piensas sumarla a tu jardín, debes saber que la trinitaria florece con más fuerza cuando el sol es más implacable y el agua escasea. Es en el rigor de la sequia donde exige su protagonismo. Para lograr una floración espectacular, requiere suelos con excelente drenaje y exposición directa al sol durante varias horas al día.
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La próxima vez que camines bajo un arco de planta trinitaria, busca la pequeña flor blanca oculta en su interior y recuerda que estás ante una viajera del tiempo, una maestra del camuflaje y una de las obras de arte más audaces de la naturaleza.
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Ciudad Valencia / Ezio Tribuiani
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