Cuando las pantallas y la tecnología ceden su espacio al trabajo manual, la imaginación no solo despierta, sino que se desborda. Durante tres divertidos días, un grupo de trabajadores del Complejo Editorial Batalla de Carabobo (CEBAC), casa matriz de Ciudad Valencia, fueron los protagonistas, junto a 20 niños y niñas con edades comprendidas entre los 7 y 14 años, de un plan vacacional diferente, donde el conocimiento, el arte y el compartir comunitario guiaron cada actividad.
La iniciativa, impulsada por la presidencia del complejo, se convirtió en una experiencia transformadora que demuestra cómo los espacios laborales pueden integrarse con las familias para sembrar valores, tradición y oficio.

Un mosaico de saberes y oficios
Este plan vacacional apostó por el aprendizaje significativo a través de diversas disciplinas guiadas con vocación y cariño por el propio personal de la institución.
En este sentido, se hicieron presentes las muñecas de trapo con sus coloridos atuendos, pelajes y maquilladas para la ocasión. En esta actividad, coordinada por Niddy Calderón, los pequeños cosieron a mano, rellenaron y dieron vida a tiernas muñecas y simpáticos gatitos. La actividad cerró con una simbólica tradición donde niños, niñas y grandes, bautizaron su creación, atesorándola como compañera de juegos y secretos, rescatando así uno de los juegos más emblemáticos de nuestro país, así como nuestras raíces.
Junto a Ely Reyes, los chicos y chicas armaron unas coloridas tarjetas Pop-Up que dejaron a más de uno asombrado. En esta actividad, lo que comenzó con dudas sobre si los más pequeños podrían lograrlo se convirtió en una grata sorpresa al ver el empeño y la capacidad creativa de los chamos, quienes armaron casitas, flores, animales, paisajes y mucho más, usando solo cartulina, papel, colores, tijeras y pegamento.
Seguidamente, disfrutaron de una dulce tarde de la mano de Mónica Llovera, quien invitó a los participantes a batir ponquesitos y armar paletas de chocolate, que luego degustaron entre picardías, juegos y bailes. Esta actividad dejó a más de uno con el deseo de dedicarse a este arte.
Por su parte, Clemente Pérez transformó un experimento plástico en dos obras colectivas llenas de sensibilidad artística, mientras que Esteban Rodríguez introdujo el dibujo estilo manga y el uso de foami moldeable, un material versátil y limpio que cautivó a los jóvenes creadores, quienes esculpieron personajes de series animadas, cuentos infantiles, paisajes, flores y los infaltables muñecos de la cultura nipona.
Protagonistas del baile y la bisutería
No podía faltar la expresión y el movimiento, por ello, la programación también incluyó dinámicas de baile con Fabiola Medina; la participación del joven facilitador Julián Velásquez en la elaboración de pulseras y collares, y el primer contacto con la locución a través de un espacio radial guiado por Ezzio Tribuani.
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El talento hecho enseñanza
El éxito de esta primera edición recae en el compromiso humano y docente de quienes hicieron posible cada taller. Así lo vivieron sus protagonistas:
“Trabajar con niños siempre es un reto, pero les pusimos cariño y corazón. Todo se mantuvo sumamente armónico, fluido y organizado gracias al entusiasmo de los chamos”, destacó Niddy Calderón.
Para Ely Reyes, esta experiencia dejó en evidencia una urgencia en los tiempos modernos.
“Los niños están ávidos de conocer cosas distintas a las pantallas. Si mantenemos este tipo de actividades, tendremos niños más inteligentes y capacitados para desarrollar habilidades ocultas que la tecnología lamentablemente aleja”.
Mónica Llovera resaltó la importancia de estos espacios de encuentro.
“No es solo explorar la creatividad, sino volver a algunos oficios y manualidades. Ver a los chamos interrelacionarse, hablar y compartir nos confirma que aquí tenemos un espacio abierto para seguir creando”.
Desde la perspectiva artística, Clemente Pérez reflexionó sobre el valor formativo.
“No es solamente un plan donde vienen a jugar y a cansarse, sino donde confluye el conocimiento y el entretenimiento, demostrando que los trabajadores también hacemos aportes como docentes”.
El registro visual y humano estuvo a cargo de Karen Mavares, quien acompañó cada disciplina con su cámara.
“Es maravilloso registrar el proceso de cómo un niño comienza tímido y logra concluir su obra, impresionándose de lo que es capaz de hacer con sus propias manos”.
Finalmente, Esteban Rodríguez valoró el impulso de estos espacios seguros.
“En una sociedad que a veces se vuelve tan agresiva, fomentar estos espacios donde los niños puedan interrelacionarse es una oportunidad maravillosa de trascendencia”.

Ciudad Garabato: El arte de los niños proyectado al mundo
Un pilar fundamental de esta actividad recae en la revista Ciudad Garabato, sello de Ciudad Valencia, un espacio dedicado a visibilizar el potencial creativo de la infancia. A través de cada actividad, se demuestra que lo que para un adulto puede parecer un simple garabato, para un niño es una ventana de expresión genuina.
La excelente receptividad de estas iniciativas en un espacio laboral, pero también en las redes sociales, abre la puerta a nuevos proyectos, entre ellos la futura consolidación de un programa radial con estos niños, además de las sorpresas preparadas para la temporada decembrina.
El Complejo Editorial Batalla de Carabobo demuestra así que cuando se une la voluntad institucional con el talento de sus protagonistas, el futuro se construye sembrando arte, oficio y corazón en las nuevas generaciones.
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Ciudad Valencia/ M.Ll
Fotos y vídeos: SV













