Vivir la fuerza de la tradición desde el amor y el compromiso de una familia que decidió, hace más de sesenta años, que era su deber custodiar, preservar y mantener viva la herencia de sus antepasados en la celebración del Velorio de Cruz Mayo. Quizás el más antiguo del que se tiene conocimiento en Naguanagua, el de la comunidad de El Rincón.
Se honra la vida y obra de aquellos que en el tiempo marcaron las líneas que hoy en día dan vida a este espacio, Guillermo Ramírez, Evangelisto Mota, Vicente Parra, Lorenzo Paiva son nombres que permanecen en la memoria colectiva.
Como cada año, religiosamente se dan cita en este patio acogedor y sabroso de la casa de la familia Ramírez, músicos, decimistas, cantadores, devotos e interesados para compartir y disfrutar entre canciones, rogativas y alegría, de un domingo especial y mágico.

Después de la obligada misa, se empiezan a escuchar los cantos cargados de un profundo sentimiento. Se entonan parrandas, fulías, tonadas de aguinaldo, y entre una y otra las décimas en honor a la Cruz.
Dispuestas en un lugar estratégico del patio, dos ollas humeantes guardan el sabor único de un suculento sancocho, que es repartido a todos los presentes como muestra de hospitalidad, lo que reafirma el ambiente de compañerismo y solidaridad característico de nuestras celebraciones tradicionales, esas que nos identifican y nos hacen parte de las culturas de este hermoso territorio.

A las 5 de la tarde en punto, la música que acompaña la jornada se detiene por un instante y la Cruz es cargada en hombros para su recorrido hasta el Cerro de La Cruz, el que será su lugar de permanencia hasta el año siguiente.
En procesión es llevada entre cantos y entusiasmo, precedida por una bandera bicolor que va marcando la ruta. Ahí van las hijas, hijos, nietos, nietas y hasta bisnietos de quienes asumieron este compromiso con la vida y con la tradición hace ya tantos años, ahí van con las flores en sus manos, con los cohetes y las maracas, ahí van custodiando su legado, su herencia, su vida.
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Santísima Cruz de Mayo que desde el Cerro custodia y protege a Naguanagua. Santísima Cruz de Mayo, que nació entre naranjales, que hoy se mantiene viva, legitimando los códigos y símbolos de sus portadores y portadoras; que se alza firme y grandiosa a pesar de los cambios urbanos y el concreto de los grandes edificios que rodean este patio sagrado y mágico de la casa de la Familia Ramírez Yépez, en el Rincón de Naguanagua.
Ciudad Valencia / María Elena Franco M.












