María Auxiliadora Castillo Espinoza-Columna Sin timbre y sin distancia-verdiras y mentades

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Este 11 de julio de 2025 se cumplen cien años del nacimiento de Orlando Fals Borda en Colombia, un hombre surgido de los espacios académicos, decididamente comprometido con las causas de la justicia y la equidad, desde el transitar vital y del trabajo investigativo en comunidades populares.

Fals Borda fallece en Bogotá el 8 de agosto de 2008. Estudió literatura inglesa e historia en la Universidad de Dubuque, cursó maestría en Sociología por la Universidad de Minnesota y maestría en Sociología Latinoamericana en la Universidad de la Florida. Regresó a su país, y con sus conocimientos musicales compuso un himno Mensaje a Colombia, en honor a Jorge Eliécer Gaitán, asesinado en 1948.

 

A flor de tierra

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En un primer período, sus investigaciones se centran en la vida del campesinado colombiano, su cultura agraria y formas de subsistencia, como en el trabajo Campesinos de los Andes, Los orígenes del problema de la tierra en Chocontá-Colombia.

Estos acercamientos y comprensión de la realidad rural le permitieron ser el fundador de la primera Junta de Acción Comunal en Colombia. Fue nombrado subdirector del programa de Extensión Agrícola en el Ministerio de Agricultura y participó en la Misión de la OEA, lo que le permitió escribir El Brasil: campesinos y viviendas.

En los años sesenta, los conflictos por las reivindicaciones y ansias de cambio fueron analizados por Fals Borda en La subversión en Colombia: visión del cambio social en la historia, Las revoluciones inconclusas en América latina. La vida intra muros en la Universidad Nacional se le hacía insostenible y difícil, en palabras de Fals Borda: “generado por el malestar que me producía una academia rutinaria y alejada de la realidad, un Estado incompetente y una izquierda dogmática y anquilosada”.

 

Coincidencias en contexto

Una segunda fase se enmarcó en sus posturas críticas sobre la expansión del capitalismo y la globalización, para él, un conocedor y defensor de la diversidad cultural de las comunidades oprimidas. En 1970, el sociólogo colombiano emprendió la ruta de alternativas de investigación y acción enfatizando en los problemas que requerían de procesos emancipatorios; coincidieron con este pensamiento otras propuestas en otros espacios fuera de su país natal:

La generación del Bhoomi Sena (Ejército de la Tierra) en la India, con tomas pacíficas de tierra encaminadas por el científico social Kaluram.
La creación de una de las primeras ONG de Colombia, la Rosca de Investigación y Acción Social, fundada por profesores que habían dejado el recinto universitario y emprendieron la cooperación con campesinos e indígenas para combatir el latifundio.
El proyecto de inmersión participativa en la aldea de Bunju en Tanzania, por la antropóloga Marja Liisa Swantz.
La lectura en el Brasil del clásico libro de Paulo Freire, Pedagogía del oprimido.
En México, Guillermo Bonfil y su grupo de investigación iniciaron acciones críticas en la Universidad Nacional Autónoma para exigir transformaciones en los estudios de antropología. Rodolfo Stavenhagen, en el Instituto de Estudios Laborales (Ginebra), publicaba el ensayo Cómo descolonizar las ciencias sociales aplicadas.
La aparición de la Escuela de Frankfurt y la teoría crítica.
En Venezuela, continúan los procesos de liberación y disputa por el poder agrario con grupos liderados por Carlos Lanz, entre otros, quien diseñó y desarrolló el método INVEDECOR: investigar, educar, comunicar, organizar.

 

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Teoría y praxis

Toda esta efervescencia de transformación influyó en las consideraciones paradigmáticas interpretativas y, en consecuencia, metodológicas. La investigación participativa requería de conceptos y caminos distintos para hacer ciencia. Nuevas relaciones entre conocimiento, ciencia y razón: convergencia entre el pensamiento popular y la ciencia académica; dialéctica entre teoría y práctica: producir teorías desde la acción social; tensión entre sujeto y objeto: principios de horizontalidad, el respeto entre los seres humanos y estos con la naturaleza, derribar la separación entre intelectuales y personas de las bases con sus líderes (Gramsci).

 

Referentes

Esta acción de construir la ciencia socialmente fue también nutrida con la obra ensayística del peruano José Carlos Mariátegui, de Ignacio Torres Giraldo (Colombia), del mexicano Pablo González Casanova, de Costa Pinto (Brasil), de Samir Amín en África; así como los trabajos de Freire y Stenhouse relacionadas con las prácticas pedagógicas emancipatorias y la vinculación entre docencia e investigación.

“Este compromiso-acción, inspirado en la praxis, encontró fundamento en la actividad iconoclasta de lídere como el sociólogo-sacerdote-guerrillero Camilo Torres, en Colombia, a quien delineamos como prueba del ‘subvertor moral’; del educador Paulo Freire tomamos el atrevido modelo de la ‘concientización dialógica’; del Mahatma Gandhi, la práctica de la no-violencia; y del presidente tanzanio Julius Nyerere, sus políticas de ‘ujamaa’ para el progreso y la justicia en las atrasadas aldeas africanas”.

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Las consecuencias metodológicas de esta concepción social de la ciencia, el mismo Fals Borda nos las describe: “Estos principios de horizontalidad tuvieron consecuencias prácticas en nuestras tareas investigativas. Por ejemplo, las encuestas o cuestionarios debían concebirse y construirse ahora de manera diferente, no vertical o autoritariamente, sino con plena participación de los entrevistados, desde el mismo comienzo. Se hizo posible la investigación colectiva o grupal, con ventajas en la obtención de datos más interesantes, con resultados ajustados y triangulados”.

En cuanto a la relación dialógica y comunicativa: “El papel fundamental del lenguaje fue reconocido. Tuvimos que modificar nuestras costumbres de informar al público para que éste entendiera bien los datos y mensajes reportados. Desarrollamos así una técnica diferencial de comunicación según nivel de alfabetización que tuvo como consecuencia rescatar y corregir la historia oficial o elitista, y reinterpretarla siguiendo intereses diferentes de clase social. Practicamos la imputación acumulativa de información y la proyección simbólica. Desarrollamos cuentos-casetes, folletos ilustrados, vallenatos y salsas protesta, retratos hablados y mapas culturales”.

La forma de escritura fue innovadora, empleó una técnica denominada Logos-mythos: “Según este procedimiento, se combinan los ‘datos duros’ o ‘datoscolumnas’ del meollo del relato –que hay que respetar y citar sin deformar—con una interpretación imaginativa, literaria y artística en la ‘corteza’ del mismo, colocando la información dentro de marcos culturales definidos. Estas técnicas las aprendimos de los novelistas del ‘boom’ latinoamericano: Julio Cortázar, Alejo Carpentier, Gabriel García Márquez y Eduardo Galeano”.

Celebrar los cien años del nacimiento de Orlando Fals Borda es reflexionar sobre los fines de la investigación científica, reconocer a teóricos, teóricas y seres de pensamiento y acción latinoamericanos, indoamericanos, como referentes de nuestras investigaciones, asumir la responsabilidad del paradigma interpretativo y crítico en nuestro devenir.

En la próxima entrega ahondaremos sobre la filosofía vital de Fals Borda.

 

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María Auxiliadora Castillo Espinoza (Valencia, Carabobo) es docente e investigadora de la Universidad de Carabobo (UC). Exrectora de la Universidad Politécnica Territorial de Valencia. Comunicadora social y productora y conductora del programa radial Verdiras y Mentades (RNV Región Central 90.5 FM).

Magister en Investigación Educativa y estudios de Postgrado en Lingüística; Doctora en Educación por la Universidad de Carabobo, ha llevado a cabo estudios postdoctorales en investigación y Especialización en Gerencia Pública.

 

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