El ajedrez no es una representación ni de la guerra ni de la política, al menos no exactamente. Es un juego donde el azar está minimizado y donde Dios no tiene cabida (salvo cuando mueve la mano del que mueve la pieza, como piensa Jorge Luis Borges).

El Rey no es el Comandante en Jefe, más bien lo es la Reina. Y si alguien captura a la Reina, por un descuido o por calculado sacrificio, puede ella reaparecer en el tablero al coronarse un peón.

El Rey sería el pueblo o el que ejerce la soberanía, el que puede imponer un «estado de excepción»: Ese es el Rey según el ajedrecista Carl Schmitt.

 

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Para otro maestro del juego, Clausewitz, la guerra es la política (el ajedrez) por otros medios. Las piezas son blancas y negras como las casillas o escaques, pero cada jugador tiene dos alfiles, que se mueven en diagonal, uno que circula por cacillas blancas y otro que circula por cacillas negras.

El Caballo es la única pieza que puede saltar sobre piezas propias o ajenas. Las torres se mueven en línea recta y la Reina combina los movimientos del Alfil y de la Torre. Los peones se mueven solo de frente y comen de lado, y sirven para consolidar una estructura.

En el ajedrez, cuando se pierde una pieza valiosa como la Reina, el jugador puede optar por rendirse frente a su adversario, pero si el adversario es mediocre y lo que hubo fue un sacrificio calculado más que un descuido, entonces se sigue el juego y al final termina imponiéndose el mejor jugador, aquel que ve varias jugadas mas allá que su oponente.

Al jugador con desventaja material, por ejemplo el que perdió la Reina, no le conviene cambiar piezas y simplificar el juego para entrar a la etapa final de la partida. Debe mantenerse en el medio juego, crear complicaciones, dificultades que le permitan recuperarse.

Le sirve un juego raro, con gambitos, combinaciones inusuales que le permitan tomar la iniciativa, es decir, complicar las cosas con jugadas inesperadas y sacrificios para ganar tiempo y finalmente imponerse a pesar de la desventaja material.

Y ya dijimos que un peón puede llegar a la última casilla y coronarse como una nueva Reina. Entonces, a partir del 3E, y no es juego, el ajedrez puede empezar a ser la política por otros medios.

 

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Pedro Téllez-psiquiatra-escritor

Pedro Téllez (Valencia, 1966): Psiquiatra y escritor. Egresado de la Escuela de Medicina de la Universidad de Carabobo, donde también cursó las Maestrías de Historia de Venezuela y Literatura Venezolana. Ha sido profesor de estética en la Escuela de Arte «Arturo Michelena» y coordinador del Postgrado de Salud Mental en el Hospital Psiquiátrico de Bárbula.

Ha formado parte del comité de redacción de las revistas Poesía y La tuna de oro. Entre sus libros se encuentran: Añadir comento (1997), Fichas y remates (1998), Tela de araña (1999), La última cena del ensayo (2005), Un naipe en el camino de El Dorado (2007), Elogio en cursiva del libro de bolsillo (2007), Valencia sulaco (2019).

 

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