En el marco del Día Mundial del Crochet, la artesana guacareña Teresa Mendoza, conocida en el ámbito artesanal como Teretelar, reflexiona sobre el significado de transformar una simple hebra continua en una pieza tridimensional.

Lejos de concebir el ganchillo como una ocupación del pasado o un mero pasatiempo, Mendoza entiende el tejido como un canal de expresión y una disciplina que exige estudio, práctica y perseverancia.

 

La disciplina del punto a punto

Los primeros contactos de Teresa con el tejido se remontan a su infancia, cuando su madre le regaló un kit de juguete con agujas plásticas y revistas de patrones. Con el tiempo, ese aprendizaje compartido dio frutos como la elaboración conjunta de un cubrecama matrimonial, consolidando un oficio que hoy define su día a día:

  • Punto bajo en equis: Al definir su cotidianeidad, la artesana elige esta técnica por no ser convencional y requerir un esfuerzo mayor al ordinario, ofreciendo a cambio un acabado sumamente satisfactorio.
  • Proceso creativo: Para la tejedora, el crochet implica investigación, ensayo y error. Sostener la aguja requiere la paciencia de tejer y destejer hasta lograr la calidad deseada en cada diseño.
  • Base natural: Si tuviera que resumir su trayectoria en un material, elige el pabilo en color crudo por su accesibilidad y por representar el lienzo natural sobre el cual se asientan las experiencias vividas.

 

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El valor de lo hecho a mano frente a la máquina

Ante un mercado global dominado por lo inmediato y la fabricación en serie, Mendoza defiende el carácter insustituible de la labor manual. Destaca que ni la tecnología ni la inteligencia artificial pueden transmitir las cualidades inherentes a la condición humana, donde incluso las pequeñas imperfecciones demuestran la presencia de un creador.

Hoy en día, las grandes casas de alta costura incorporan el crochet en sus colecciones, debido a que el punto de ganchillo no puede ser replicado por máquinas industriales. Desde su taller, Teretelar demuestra que el tejido tradicional sigue siendo un arte vivo, atemporal y profundamente humano.

 

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Ciudad Valencia/ER/M.Ll

Fotos: Archivos de Teresa Mendoza