Todo el tiempo detenido en los ojos donde la vida guardaba su resplandor; los cuerpos que un ser habitó y desechó a lo largo de su historia, el golpe de amor que conoció y la fuerza de sus devociones que de un momento a otro cruzaron hacia el enigma, hacia el silencio; no formaban parte de un ser aislado; esa muerte ocurrió en varios escenarios, en muchas almas, en una gran variedad de memorias. El lenguaje es claro a este respecto; se me murió un tío, una hermana, una madre… Es indudable que hay otra lectura: nosotros también morimos un poco cuando una persona amada muere.
El párrafo anterior solo señala uno de los fundamentos que, a mi juicio, enmarcan el extraordinario libro de Navil Naime publicado por la Editorial Avant (España, 2020) y que ha recorrido las librerías de muchísimos países de Europa y América. El poemario se titula Todas mis muertes y en seguida señalo el otro fundamento o principio: la derrota de la muerte por parte del héroe.
En este poemario la muerte no es el hilo que teje todas las vidas que el poeta eligió para demostrarnos que el ser humano, como especie, sí es inmortal; es ese eterno regreso del héroe vistiendo diferentes nombres, pero cumpliendo el mismo ciclo: la separación de la sociedad donde nació, la iniciación de la aventura, el regreso a la sociedad lleno de bienes para el ser humano, la muerte casi siempre injusta y la resurrección; una estructura que se repite en Zoroastro, Osiris, Horus, Mitra, Buddha, Jesús…, y en un sin fin de cuentos de hadas y en héroes mitológicos tales como Odín, Prometeo, Attis (símbolo de la renovación de la vida), y Kali, diosa danzarina, ambos pertenecientes a la mitología hindú, entre otros. Este esquema no siempre se cumple de manera perfecta y en todos sus pasos; pero invariablemente el héroe muere y retorna, satisfaciendo el deseo más profundo del ser humano, el que se hunde en los pantanos del origen: la inmortalidad. Nos dice Joseph Campbell en El Héroe de las mil caras y en Las mil máscaras de Dios, que cada héroe es la encarnación de este último y, por tanto, de la eternidad.
Son las fuerzas de la bondad humana representadas de formas muy diversas y, sin embargo, mantiene un orden, una coherencia interna; lo mismo pasa con las representaciones del mal —presentes también en el poemario de Navil Naime— las cuales existen en todas las religiones y mitologías de pueblos y civilizaciones del planeta; porque a fin de cuentas una de las funciones de esas dos construcciones simbólicas es permitir que el espíritu “evolucione”, avance hacia su propia realización que es la paz de la conciencia y la unificación de la personalidad, lo que Jung denomina el sí mismo.
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En Todas mis muertes el autor nos hace un guiño si tomamos ese determinante posesivo (mis) y entendemos que se está contando dentro de la sucesión de héroes y personajes que han fenecido, entre los cuales podemos nombrar a Abel, Adán, Dimas, Juana de Arco, Sucre, Chaplin, García Lorca… Pero no es el sentido que él quiso darle, el título está pronunciado por un solo ser que ha muerto muchas veces y ha sido poeta, guerrero, verdugo, artista, actor…, y cada uno de estos personajes escribe su forma de morir, narrando en el poema lo más importante de sus pasos por la vida cultural de la humanidad; por eso este libro es universal. Debo destacar, además, la excelente economía del lenguaje, el poder de síntesis y las imágenes poéticas muy bien labradas. Veamos una muestra:
PESSOA
¿Fui yo quien deshizo
los espejos?
¿Estuve en la impostura
de los sacramentos
y en aquella brecha del agua
cundo nos dejamos de encontrar?
abuela sigue exhausta
en su desasosiego
yo me encerré en su tiempo
emulando el por qué
de su sinrazón
fabricando insomnios
de versos imposibles
redimiendo con pactos
las ausencias
¿Qué fue de aquellos rostros
sin alma que vestir?
¿Dónde están sus escombros,
la voz de la que huyeron?
¿Fui yo quien condenó
sus ebrios intestinos?
¿El que intentó la noche
en sus espaldas?
¿El que dejó de ser
cuando se fueron?
Pessoa ¿acaso no es un ser lleno de seres?, y nosotros no tenemos también muchas vidas por dentro, no digo solo personas, también me refiero a matas, animales, paisajes. En cada poema de este libro, Navil Naime deja una porosidad por donde se filtran las hermanas siameses: la vida y la muerte, y se acoplan, se tejen al otro poema y así se crea un tejido de voces y silencios, de historias y ficciones, muy parecido a la realidad, porque ¿cómo comprender a Jesús sin Judas, a Amón (dios de los cielos y de la eternidad en la cultura egipcia) sin Apap (considerada la serpiente del mal) y Anubis, el Señor de los muertos? O ¿cómo se podría entender, en la cultura japonesa, a Izanagi, dios creador de todas las cosas, y su complemento, su hermosa hermana y esposa Isanami, quien, al ser desobedecida por su hermano, al que le había dicho que no volteara para verla, descubrió su verdadero rostro y aspecto muy cercano al terror? ¿No estamos en los dominios de Medusa y Sodoma y Gomorra? Podríamos complicar más este tejido buscando, por ejemplo, los complementos entre Osiris, Horus, Mirta y Jesús, todos nacidos de madre virgen el 25 de diciembre; todos considerados el principio y el fin, el Alfa y el Omega; todos favorecidos por la resurrección. Creo que he dado esta voltereta mitológica y religiosa solo para afirmar que Todas mis muertes es un excelente libro de muy buena poesía y valdría la pena que muchas personas pudieran degustarlo. Cierro con esta joya:
TODAS MIS MUERTES
Siempre volvemos
portando una cruz
de ingenuidad
conservamos algo
de extrañeza
el tedio de lo eterno
la aquiescencia que confieren
los regresos
¿Qué de nosotros
vuelve a ser final?
siempre es la espera
lo que nos rehace
esa mancha de luz
que deja el tiempo
ese dolor de Dios
que llaman vida
***
Arnaldo Jiménez nació en La Guaira en 1963 y reside en Puerto Cabello desde 1973. Poeta, narrador y ensayista. Es Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales por la Universidad de Carabobo (UC). Maestro de aula desde el 1991. Actualmente, es miembro del equipo de redacción de la Revista Internacional de Poesía y Teoría Poética: “Poesía” del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC, así como de la revista de narrativa Zona Tórrida de la UC.
Entre otros reconocimientos ha recibido el Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuentos Fantasmas y Aparecidos Clásicos de la Llanura (2002), Premio Nacional de las Artes Mayores (2005), Premio Nacional de Poesía Rafael María Baralt (2012), Premio Nacional de Poesía Stefania Mosca (2013), Premio Nacional de Poesía Bienal Vicente Gerbasi, (2014), Premio Nacional de Poesía Rafael Zárraga (2015).
Ha publicado:
En poesía: Zumos (2002). Tramos de lluvia (2007). Caballo de escoba (2011). Salitre (2013). Álbum de mar (2014). Resurrecciones (2015). Truenan alcanfores (2016). Ráfagas de espejos (2016). El color del sol dentro del agua (2021). El gato y la madeja (2021). Álbum de mar (2da edición, 2021. Ensayo y aforismo: La raíz en las ramas (2007). La honda superficie de los espejos (2007). Breve tratado sobre las linternas (2016). Cáliz de intemperie (2009) Trazos y Borrones (2012).
En narrativa: Chismarangá (2005) El nombre del frío, ilustrado por Coralia López Gómez (Editorial Vilatana CB, Cataluña, España, 2007). Orejada (2012). El silencio del mar (2012). El viento y los vasos (2012). La roza de los tiempos (2012). El muñequito aislado y otros cuentos, con ilustraciones de Deisa Tremarias (2015). Clavos y duendes (2016). Maletín de pequeños objetos (Colombia, 2019). La rana y el espejo (Perú. 2020). El Ruido y otros cuentos de misterio (2021). El libro de los volcanes (2021). 20 Juguetes para Emma (2021). Un circo para Sarah (2021). El viento y los vasos (2da edición, 2021). Vuelta en Retorno (Novela, 2021).
(Tomado de eldienteroto.org)
Ciudad Valencia










