El análisis genético de Jonathan, la tortuga gigante considerada el animal terrestre vivo más longevo del mundo, ha identificado patrones que podrían explicar su extraordinaria resistencia al envejecimiento.

Los científicos hallaron variantes genéticas y marcas químicas asociadas a la reparación del ADN, el metabolismo, la protección contra el cáncer y, sobre todo, la salud de las mitocondrias.

Jonathan, una tortuga gigante de Aldabra que vive en los terrenos de Plantation House, la residencia oficial del gobernador de Santa Elena, en el Atlántico Sur, tiene unos 194 años. Nació hacia 1832, por lo que fue contemporáneo de la reina Victoria y de Charles Darwin.

Jonathan: Marcas genéticas “jóvenes”

Un equipo internacional liderado por Benjamin Vaisvil analizó el genoma y el epigenoma del reptil, es decir, las etiquetas químicas que se adhieren al ADN y regulan la actividad de los genes. Estas marcas, conocidas como grupos metilo, suelen silenciar los genes a los que se unen.

Los resultados, publicados en la revista Science Advances, mostraron 287 variantes genéticas únicas en Jonathan, distribuidas en vías biológicas vinculadas al envejecimiento. Estas incluyen mecanismos de reparación del ADN, mantenimiento de los telómeros —los extremos protectores de los cromosomas—, regulación de la insulina, función mitocondrial y defensa frente al cáncer.

La tortuga Jonathan, de 194 años, podría revelar claves de la longevidad

El hallazgo más llamativo fue que, en los genes relacionados con la función mitocondrial, los patrones de metilación de Jonathan se parecían más a los de tortugas jóvenes que a los de otros ejemplares longevos. Las mitocondrias son estructuras celulares que producen energía y cuyo deterioro se asocia con el envejecimiento y diversas enfermedades.

 

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“Sus mitocondrias deben ser especialmente estables y esa es una clave sobre la longevidad en general”, explicó Stephen Clark, investigador senior del proyecto en la fundación sin fines de lucro Kallel. “Es importante que las mitocondrias se mantengan lo más intactas posible”, añadió.

Una ventana al envejecimiento

Los investigadores compararon los patrones epigenéticos de Jonathan con los de otras tortugas gigantes, incluidos ejemplares más jóvenes de las Seychelles. En muchos genes, sus marcas eran similares a las de otros animales ancianos; sin embargo, en los relacionados con las mitocondrias, se mantenían notablemente ordenados y “jóvenes”.

 

La tortuga Jonathan, de 194 años, podría revelar claves de la longevidad

Aún no está claro si esos patrones químicos son causa directa de la longevidad del reptil o solo una consecuencia de ella. El equipo considera que el siguiente paso es validar experimentalmente la hipótesis, por ejemplo, buscando formas de rejuvenecer o reemplazar mitocondrias para comprobar si eso extiende la vida.

“Todavía estamos intentando entender cómo ocurre el envejecimiento y Jonathan nos ofrece una ventana real sobre lo que sucede durante un período muy largo”, dijo Clark.

Una vida de más de un siglo

Jonathan llegó a Santa Elena en 1882 y ha vivido allí desde entonces. Aunque en 2009 su estado de salud era delicado —padecía cataratas, había perdido el olfato y tenía el pico blando, lo que dificultaba que se alimentara—, el veterinario Joe Hollis comenzó a alimentarlo a mano. Meses después, la tortuga recuperó peso y recuperó un pico duro y dentado.

Su longevidad también lo convirtió en protagonista de una falsa noticia viral en abril, cuando una cuenta falsa en X anunció su muerte. El gobernador de Santa Elena, Nigel Phillips, tuvo que verificar personalmente su estado y encontró a Jonathan dormido bajo un árbol, “muy vivo”.

La tortuga Jonathan, de 194 años, podría revelar claves de la longevidad

Lejos de retirarse, Jonathan ha seguido dando muestras de vitalidad. Hace unos meses fue visto apareándose con Emma, otra tortuga que comparte su corral. Poco después, fue encontrado boca abajo tras un accidente con su compañera, un percance que su cuidador atribuyó a la forma semicircular de su caparazón.

Qué puede enseñarnos

Los científicos subrayan que el caso de Jonathan no permite afirmar que exista una fórmula para alargar la vida humana. Sin embargo, ofrece un modelo natural para estudiar cómo algunos organismos protegen sus células del daño acumulado durante décadas.

La investigación sugiere que la estabilidad de las mitocondrias y la preservación de los mecanismos de reparación genética podrían ser factores centrales en la longevidad extrema. Comprenderlos podría, a largo plazo, inspirar nuevas estrategias para frenar el deterioro asociado a la edad en los seres humanos.

 

 

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Fuente:Extra News Mundo

Ciudad Valencia/MP/MG