Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela
Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela

La Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) ordenó al Ministerio Público la reapertura del proceso penal referido a la desaparición física de Ramón Salvador Pasquier Suárez, un dirigente de izquierda cuyo cadáver aún no ha sido recuperado, según se lee en la sentencia 0832 redactada por la magistrada Michel Adriana Velásquez Grillet.

 

Tal reapertura del expediente Pasquier se ordena a los fines de la continuación de la investigación penal correspondiente, para determinar las responsabilidades penales de los autores y partícipes del hecho. Esto, en aplicación de la Ley Para Sancionar los Crímenes, Desapariciones, Torturas y otras Violaciones de los Derechos Humanos por Razones Políticas en el Período 1958-1998.

 

Pasquier desapareció el 26 de noviembre de 1965, cuando tenía 25 años. Era estudiante de 3º año de ingeniería en la Universidad Central de Venezuela. Ese día se trasladaba desde Caracas a Coro (Falcón), junto con sus compañeros Raúl Chirinos y Félix Farías.

 

Y en un punto de control ubicado en San Juan de los Cayos, militares lo hirieron con arma de fuego y lo trasladan al Destacamento 55 de la Guardia Nacional ubicado en Puerto Cabello.

 

Para reabrir ese expediente, los magistrados procedieron a anular, vía revisión, dos decisiones las cuales declaraban esa investigación como “cosa juzgada”.

 

Las decisiones anuladas fueron emitidas por el Juzgado Militar de Primera Instancia Permanente de Maracaibo (4 de mayo de 1977) y el Consejo de Guerra Permanente de Maracaibo (24 de mayo de 1977).

 

La reapertura de esa investigación fue solicitada por el Ministerio Público en marzo de 2016. Por ello, la Sala ordenó al Circuito Judicial Penal Militar del Zulia remitir el expediente a la Fiscalía 8ª nacional.

 

Los Pasquier

 

Del artículo «Sin tumba ni lápida: los mil desaparecidos de la IV República», publicado por Yesenia Chapeta en rebelion.org el 23 de junio de 2011, destacamos estos párrafos referidos a Ramón Salvador Pasquier y su hermano Andrés…

 

«Mi tío Ramón le seguía los pasos a su hermano Andrés. La gente cree que el comunismo y el socialismo se limitan a una doctrina política, y no es así. Resulta que allí hay muchos principios que coinciden con lo que te enseñaron en tu casa: la unión, la colaboración, la solidaridad, la igualdad». Aura Pino Pasquier comienza así el relato de esa incógnita que son todavía hoy sus dos tíos desaparecidos, ambos en 1965. Andrés tenía 29 años cuando se lo llevaron. Se graduó de abogado en la Universidad Central de Venezuela (UCV) y estaba «fichado» por ser fundador de un partido de izquierda.

 

Ramón, de 25 años para el momento de su desaparición, era deportista y estaba por graduarse de ingeniero en la UCV. «Ya por eso era sospechoso. Era como una etiqueta: el que estudiaba en la UCV, era de izquierda», acota Aura.

 

-¿Hay pistas de dónde pueden estar sus restos?

 

-Acerca de mi tío Andrés tengo una carta de Efraín Labana Cordero, un sobreviviente del Teatro de Operaciones 3, el de El Tocuyo, donde dice que compartieron prisión unos días. Aparte de eso, he escuchado 50.000 cuentos. Mi abuela (madre de Andrés y Ramón) me contó que en una de esas cárceles que recorrió, un soldado le dijo: «Señora, deje de buscarlo. Si lo encuentra, no lo va a reconocer». De mi tío Ramón no se supo nada, más nunca.

 

-¿Por qué está usted en esta lucha? ¿Aún espera encontrarlos?

 

-La verdad, algunas veces he pensado en rendirme, pero esto hizo sufrir tanto a mi abuela y a mi mamá (hermana de Andrés y Ramón), ¡tanto…! Nunca vi sufrir a nadie como a mi madre por la tragedia de sus dos hermanos. Y ellas, las dos, murieron sin tener nada: ni restos, ni justicia. Ellos no dejaron hijos, y yo siento que si abandono esta lucha, abandonaría la esperanza de mi madre. Pero lo que más me motiva a seguir, es lograr que esto salga en los libros de historia que estudian nuestros niños y bachilleres. Sería una forma de resarcirlos a ellos, a los desaparecidos y asesinados, porque estas miles de historias fueron silenciadas. No es una cuestión de venganza, es justicia.

 

 

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