Una pregunta que me ha hecho una antigua profesora de secundaria por la mensajería de una red social que poco frecuento, impertinente, sorpresiva, que me ocasionó un insospechado sobresalto emocional: «¿Tu todavía sufres el duelo por la muerte de Hugo?».
La docente en referencia se refirió a Chávez por su nombre, “Hugo”, cuando sé de sobra cuánto lo odió desde siempre y suspiró de gozo el 5 de marzo del 2013.
Su encono hacia Chávez ella misma lo expresó una vez, en voz baja, mucho antes de que «Hugo» se convirtiera en «Chávez». Fue un susurrante eco apenas percibido entre los amigos, todos adolescentes, que allí estábamos.
Una tarde que lo vio en la plazoleta del barrio cantando una canción en italiano «machucado», el tono de burla con el que salieron de su boca unas frases muñidas y despreciativas hacia la entonación, un tanto chusca e ingeniosa, con la que Hugo lanzó al aire seco de la tarde una canción que hablaba de un amor incomprendido, un pueblito del sur de Italia, unas copas de vino y un rumor de mar verduzco, bastó para quienes la oímos comprender que ella gustaba de él o él de ella.
Se trataba de un amor de esos cuya razón de ser no la contemplan a ciencia cierta las filosofías ni los tratados, sino los destinos cruzados por las incertidumbres del insondable porvenir.
Esta madrugada le dije que yo lo que tengo es un despecho. Pero no es un guayabo como le dicen muchos a las grietas que deja el amor fallido, o un desamor narrado por Corin Tellado o llevado al plano de una tragedia griega en opereta. No, le dije. El duelo lo viví cuando él se enfermó. Un duelo anticipado.
El despecho que lleva a la víctima a recordar que la verdadera causa de la pérdida fue porque ella lo dejó por un tipo con cuatro tallas menos de pantalón, es, ciertamente, una tormenta perpetua de sangre en el corazón, pero ese tipo de despecho no es el que deja la extrañeza, la ausencia, la no espera.
Le dije además otras reflexiones que fueron haciéndose solas antes del amanecer, hasta que me escribió en mayúsculas horribles expresiones sobre el presidente Nicolás Maduro y alabanzas sacrosantas sobre una suerte de OTAN en la Guayana Esequiba.
Nos bloqueamos sin más palabras.
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Retrato hablando

Muchos años después, frente al espejo empañado de la opulencia, estos dirigentes estudiantiles habrían de recordar aquellos días en que degustaron pastelitos de trucha, tizana y chicha andina, en la Vuelta ‘e Lola, desde donde el cielo era nieve y la mirada se perdía entre sus picos y montañas.
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Federico Ruiz Tirado (Barinas, 1955): Escritor, poeta, diplomático. Miembro Fundador de la Red de Escritores Socialistas de Venezuela. Autor de Un puñado de pájaros contra la gran costumbre (antología sobre el 4F), Un día para siempre, La Patria está en otra parte (MPPCULTURA, PDVSA).
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