Vivere militare est.
Para los griegos más antiguos, individuo y Naturaleza gozaban de una misma alma universal, una misma unidad que regía los destinos humanos, expresándose en elementos del entorno: los dioses, las estrellas, el fuego, los árboles, el mar…
Se cuestionaban así sobre la causa primera de todo aquello, del cosmos, y también sobre el significado de la vida, lo que existir conllevaba, tradición intelectual que permanece activa hasta nuestra actualidad.
Según cierto acervo del pensamiento —y también bajo mi humilde perspectiva—, el sentido de la existencia, las respuestas a aquellas preguntas, así como los secretos que el universo esconde, siguen siendo un asunto en gran medida personal, por lo cual es admisible pensar sobre la materia.
DEL MISMO AUTOR: EL ARTE DE VOLVER A EMPEZAR
Es un ejercicio de la libertad el proyectar y concretar, bajo la luz de una conciencia juzgando la realidad, nuestro propio destino. Eso para «lo que nacimos» y devela para nosotros, por tanto, un significado que irradia a todo lo demás.
Entonces, lo que da sentido a nuestras vidas no es otra cosa que contar con un proyecto, cuyo contenido llene de valor y experiencia la estructura de nuestro ser, de nuestra existencia.
El objetivo vital propuesto, por muy complejo que este sea, está basado en estos principios: 1) algo que queremos y 2) lo que somos capaces de hacer para alcanzarlo, pero también 3) que tomando en cuenta que el individuo tiene voluntad, el mundo ofrece tal resistencia que termina por definir nuestra realidad.
Ese momento límite en que todas las causas se conjugan para hacer aparecer, como en una avalancha, una por una las consecuencias de nuestros actos, yo lo llamaría «de revelación». Una epifanía. Y con ella, llegan la verdad (la realidad) —nacida de la pura y directa experiencia— y el aprendizaje, que se gana solo luchando, o hasta sobreviviendo.
Lo más rudo sería, quizás, derribar estos muros que nos separan de la victoria, demoler las resistencias que entorpecen nuestra necesidad, vencer aquello exterior a nosotros, que es complemento y también contraparte de nuestra subjetividad.
Dichas resistencias se hallan en cada cosa que hacemos, representan el sustrato material de la vida, su columna vertebral. La vida es en sí misma una fuerza salvaje que, de algún modo, debemos vencer, es un poder invisible por dominar.
En consecuencia, el ser humano se define con el acto de la negación. Oponerse a cómo le ha sido dado el mundo, con sus reglas, determinismos y férreas estructuras de realidad. Esa voluntad omnipotente, muy superior al simple sujeto, aunque este conserve el esplendor de su pequeñez.
En la hondura de un corazón donde se esconde el secreto imposible (el significado del mundo), ahí no hay nada, salvo una pura libertad encerrada en un cuerpo.
Sin el hombre, aquel cosmos, las cosas en derredor, carecen todas de un nombre, por tanto, de una función y, en fin, de un sentido.
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Jorge Álamo Homsy (Valencia, Venezuela, 1993, @alamohomsy) es psicólogo egresado de la Universidad Arturo Michelena (UAM), autor además de relatos de ficción e intérprete del bajo eléctrico.
Entre 2021 y 2023 se dedicó a escribir textos narrativos de los cuales surgió el libro de cuentos La canción del trueno, presentado en la Filven Carabobo 2025.
A principios de 2026 dio a conocer, tanto en formato digital como físico, dos nuevas obras literarias: Los ángeles púrpuras (micro-relatos) y Las pasiones y los días (novela).
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