Cuando pensamos en lactancia materna, lo primero que se nos viene a la cabeza es el bebé: su pancita llena, el fortalecimiento de sus defensas y ese vínculo único que se va formando. Casi nunca nos detenemos a pensar en lo que ese acto de entrega, amor y cuidado hace por el cuerpo de la mamá. Y la verdad es que, amamantar también es un escudo protector frente a uno de los diagnósticos que más miedo nos da: el cáncer de mama.
La evidencia acumulada durante años de investigación es clara: mientras más tiempo amamanta una mujer, menor es su riesgo de desarrollar cáncer de mama a lo largo de la vida. De hecho, los estudios muestran una reducción importante por cada año de lactancia, y ese efecto se multiplica cuando hablamos de lactancias prolongadas o de varios hijos.
Y no, no es magia ni casualidad, hay una explicación científica fascinante detrás de esto: Mientras una madre amamanta, el tejido mamario atraviesa un proceso de maduración que lo hace menos propenso a transformarse en tejido canceroso. Además, en las mamas se produce una acumulación local de linfocitos y células del sistema inmune que actúan como guardianes protectores frente a cualquier cambio anormal que ocurra en el tejido.
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Amamantar, mucho más que un acto de amor
La lactancia materna, a su vez, reduce los niveles circulantes de estrógeno, una hormona que en exceso favorece el crecimiento de ciertos tumores mamarios; y ayuda a la madre a recuperar su peso previo al embarazo, un punto clave si tomamos en cuenta que el sobrepeso y la obesidad son factores de riesgo conocidos para diversos tipos de cáncer.
Lo más interesante es que la ciencia ha visto que este efecto protector parece ser mayor frente a los subtipos de cáncer de mama más agresivos, que son precisamente los más difíciles de tratar.
Ojo con esto: si una mujer no pudo o no decidió amamantar, esto no significa que esté desprotegida, ni que la lactancia es una garantía absoluta contra la enfermedad. El cáncer de mama es multifactorial y hay aspectos que escapan de nuestras manos, como la genética o la edad. Pero sí nos deja un mensaje muy poderoso: cada mes de lactancia cuenta. Cuidar, animar, proteger y apoyar a una madre para que amamante el mayor tiempo posible no es solo pensar en el bebé; es cuidar la salud de ella.
Este mes de octubre, mientras el mundo se pinta de rosa para hablar de prevención, vale la pena recordar que dar el pecho también es una forma de cada mujer cuidarse, prevenir y regalar vida por partida doble.
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La Dra. Susanne Baute es pediatra puericultora, magister en Nutrición y actualmente es la presidenta de la Comisión de Lactancia Filial Carabobo de la Sociedad Venezolana de Puericultura y Pediatría (SVPP).
Escritora freelance, Baute ha colaborado en diversos medios impresos y digitales de la región, además de llevar sus conocimientos a través de variados programas de radio, televisión y plataformas como YouTube. Puedes buscarla en sus redes sociales como @instapediatrica
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Ciudad Valencia / Dra. Susanne S. Baute G. / ER













