Diversos viajeros, entre los cuales se cuenta el veneciano Marco Polo, expusieron la existencia de un fenómeno natural extraordinariamente curioso: el de las arenas sonoras.
A dicho fenómeno también se le aplican los nombres de dunas cantoras, dunas rugientes, silbantes o musicantes. Se hallan en playas y desiertos y deben su sonido a la resonancia de sus granos constituyentes.
En regiones desérticas como la de Gobi o la del desierto mexicano de Sonora, o en playas de algunas islas del océano Pacífico, las arenas sometidas a la fuerza del viento producen sonidos que han sido comparados con ruidos tan disímiles como el de la sirena de un barco o el de una estampida de caballos.
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Durante siglos, esto ha suscitado la curiosidad de numerosas personas quienes, científica o empíricamente, han intentado descubrir por qué tales arenas cantan o suenan, cuando las mueve la brisa.
La respuesta no se había encontrado hasta que en el año 2000 el físico Marcel Leach y el químico Douglas Goldsack –ambos adscritos a la Universidad Lorenzana de la ciudad de Sudbury, en Ontario, Canadá–, dieron con la verdadera causa del fenómeno.
Intrigado por los relatos que viajeros de diversas épocas han hecho sobre la cualidad sonora de algunas arenas en los cinco continentes habitados, Marcel Leach se dedicó varios años a investigar el origen de dicha cualidad.
Cierto día, tras haber sentido que transitaba por un callejón sin salida, comentó su frustración con el químico de la misma Universidad Lorenzana de Sudbury, Douglas Goldsack, y este le propuso analizar la composición química de las muestras de arenas sonoras que Leach había recolectado en varios lugares del mundo.
Para asombro de ambos, este análisis condujo a la que, según Leach y Goldsack, era la esperada respuesta al misterio.
Resulta que las muestras de arenas sonoras recolectadas por Leach tenían una misma particularidad química: su nivel de sílice era inusitadamente alto.
La sílice es óxido de silicio y se presenta de diversas maneras en la naturaleza: como cuarzo cristalizado, como ópalo amorfo, como calcedonia de estructura fibrosa y, entre otras muchas variedades, como una especie de gelatina, cuando se mezcla con agua.

Esta última presentación fue la que apareció en todas las muestras de arenas sonoras analizadas por ambos científicos y ello los llevó a concluir que dichas arenas deben su sonoridad a la presencia de esa gelatina.
Profundizando en su estudio, Leach y Goldsack encontraron que la mayoría de las arenas de playas y desiertos en el mundo está formada por un 50 por ciento de sílice, en tanto aquellas que resuenan cuando la brisa las mueve contienen nada menos que un 95 por ciento del mismo mineral.
Estas tienden a humedecerse con el aire nocturno, lo cual forma sobre la superficie de los granos esa especie de gelatina que, al rozar los granos entre sí, producen sonidos curiosos.
Para comprobar que estaban en lo correcto, Goldsack guardó en un envase un poco de arena con un alto contenido de sílice. Luego, la agitó como si se tratara de una coctelera o de una maraca y la arena produjo un sonido vibrante.
En realidad, han afirmado ambos investigadores de la Universidad Lorenzana de Ontario, que lo que hace sonar a ciertas arenas es una propiedad que posee la gelatina de sílice: la de atraer otras partículas de arena que, con el viento, se sacuden al unísono, vibrando del mismo modo que un diapasón.
La explicación ofrecida por estos dos científicos canadienses tal vez elimina cuanto de misterioso tienen las arenas sonoras, pero deja intacta la admiración que producen en quienes tienen el privilegio de escucharlas.
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Armando José Sequera (Caracas, 1953) es un escritor y periodista venezolano. Autor de más de cien libros, todos publicados, gran parte de ellos para niños y jóvenes. Ha obtenido cerca de 30 premios literarios, ocho de ellos internacionales (entre otros, Premio Casa de las Américas, 1979; Diploma de Honor IBBY, 1995); Bienal Latinoamericana Canta Pirulero, 1996, y Premio Internacional de Microficción Narrativa “Garzón Céspedes”, 2012). Es asimismo Premio Nacional de Cultura, mención Literatura, 2026.
Es autor de las novelas La comedia urbana y Por culpa de la poesía. De los libros de cuentos Cuatro extremos de una soga, La vida al gratén y Acto de amor de cara al público. De los libros para niños Teresa, Mi mamá es más bonita que la tuya, Evitarle malos pasos a la gente y Pequeña sirenita nocturna.
«Carrusel de Curiosidades se propone estimular la capacidad de asombro de sus lectores».
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