Ballenas piloto y delfines mueren en Islas Feroe en la primera caza del año

El pasado 4 de mayo ocurrió algo que lamentablemente, ya tiene historia repetida. En la localidad de Sándavágur, ubicada en la isla de Vágar, Islas Feroes, Dinamarca, más de 125 ballenas piloto y varios delfines de flancos blancos del Atlántico fueron sacrificados durante lo que las Islas Feroe llaman un «grindadráp» … y la polémica internacional no tardó en aparecer.

La organización conservacionista Sea Shepherd estuvo presente y documentó todo. Según ellos, el número real de animales muertos podría ser mayor al que figura en los registros oficiales, porque al menos 15 fetos y crías muy pequeñas habrían sido descartados por considerarse «no aptos para el consumo.» ¿No aptos para el consumo? Esa frase sola dice mucho de cómo se entiende la vida de estos animales en este contexto.

El grindadráp es una tradición centenaria de las Islas Feroe, territorio autónomo perteneciente al Reino de Dinamarca. Consiste en conducir grupos de cetáceos hacia aguas poco profundas para sacrificarlos en la costa. Sus defensores lo consideran parte de la identidad cultural local y una fuente tradicional de alimento. Pero del otro lado de ese argumento hay manadas enteras que incluyen hembras preñadas, juveniles y crías… animales que son sacrificados junto al resto del grupo y que ni siquiera aparecen en las estadísticas oficiales.

 

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Y no solo eso. Los observadores de Sea Shepherd también denunciaron haber encontrado obstáculos para documentar la caza desde espacios públicos. Valentina Crast, directora de campaña de la organización en las Islas Feroe, señaló que la documentación independiente se vuelve cada vez más complicada y que una mayor transparencia permitiría un debate más informado sobre si esta práctica tiene futuro o no.

grindadráp

Porque el debate de fondo sigue siendo el mismo… ¿es realmente necesaria? Sea Shepherd estima que esa jornada produjo alrededor de 110.000 kilogramos de productos derivados de las ballenas piloto. Una cantidad que, según la organización, supera ampliamente las necesidades de una población cercana a los 55.000 habitantes. Para ponerlo en perspectiva, en 2021 ya se habían registrado críticas similares cuando se capturaron 1.428 delfines en un solo episodio.

Las autoridades feroesas sostienen que la práctica es legal. Y técnicamente, en su territorio, lo es. Pero la legalidad y la ética no siempre van de la mano, y esa brecha es precisamente lo que las organizaciones de conservación siguen señalando. Piden un recuento completo de todos los animales muertos, incluidos fetos y crías descartadas, para tener una imagen real del impacto de cada caza.

¿Hasta cuándo una tradición justifica este nivel de sacrificio? Esa es la pregunta que cada año vuelve a flotar sobre las aguas teñidas de rojo de las Islas Feroe, sin respuesta definitiva todavía.

 

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Fuente: Últimas Noticias 

Ciudad Valencia/DA/MG

Foto: Cortesía