Este lunes inició la edición número 23 de la Caminata del Sendero Migrante por Organizaciones humanitarias de Estados Unidos (EEUU) y México.

Esta movilización rinde tributo a la memoria de más de ocho mil personas fallecidas en la franja fronteriza durante las últimas décadas. La jornada visibiliza la persistente crisis humanitaria provocada por las políticas migratorias de EEUU, las cuales transforman el tránsito migratorio en una travesía mortal.

Las políticas restrictivas impuestas por la administración del presidente estadounidense, Donald Trump, intensifican la desesperación de miles de familias. La comunidad internacional observa con preocupación cómo estas medidas fuerzan a los migrantes a transitar por rutas cada vez más hostiles para evitar procesos de deportación.

El resultado directo de este enfoque coercitivo es el incremento constante de víctimas que pierden la vida en su búsqueda de seguridad y reunificación familiar.

Kat Rodríguez, fundadora de la caminata, expresó durante una conferencia en Tucson su frustración ante la indiferencia política. La activista señaló que la movilización busca sensibilizar a la opinión pública sobre una realidad que las autoridades estadounidenses ignoran sistemáticamente.

Según los organizadores, el desierto de Arizona concentra más de la mitad de las muertes registradas desde finales de la década de los noventa.

 

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La peligrosidad de la ruta obedece a una estrategia de disuasión que empuja a los migrantes hacia terrenos extremos. Durante los próximos siete días, los participantes recorrerán 75 millas desde Sásabe, en el estado mexicano de Sonora, hasta Tucson. Cada paso representa un ejercicio de memoria contra la deshumanización de quienes fallecen en el intento de cruzar una frontera convertida en un muro de contención violatorio de derechos fundamentales.

 

El impacto de la política migratoria en la vida de los migrantes

La situación de vulnerabilidad extrema quedó patente el pasado 11 de mayo en Laredo, Texas. Las autoridades localizaron a seis migrantes sin vida dentro de un vagón de tren de carga, además de otro cuerpo hallado en las cercanías de las vías.

Estos eventos trágicos subrayan la ineficacia de las políticas que priorizan la militarización y la criminalización sobre la protección de la vida humana. Los participantes de la caminata portan cruces blancas que simbolizan a los fallecidos, muchas de las cuales llevan la inscripción de «desconocido» o «desconocida».

Por su parte, Lourdes González, directora de un albergue en Texas, enfatizó que cada cruz encarna a personas olvidadas por un sistema que insiste en cerrar sus puertas. La comunidad internacional exige un cambio estructural que garantice el respeto a la dignidad humana y detenga el flujo de muertes evitables en la frontera.

 

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FUENTE: Últimas Noticias

Ciudad Valencia/WS/M.Ll