Aunque se tiene la idea de que un unicornio es un caballo con un cuerno en la frente, no hay un acuerdo universal acerca de su apariencia general.
Al unicornio se le ha presentado como un animal concreto, bien un caballo, una serpiente o una cabra, que exhibe un solitario cuerno en su frente. También como un conjunto de retazos animales, en el que se mezclan seres cuyas proporciones jamás calzarían entre sí.
Plinio, el Viejo, por ejemplo, apuntó que era “semejante por el cuerpo al caballo, por la cabeza al ciervo, por las patas al elefante y por la cola al jabalí”.
En ese sentido hay que darle la razón a un anónimo cronista chino del siglo IX que afirmaba: “el unicornio no se presta a una clasificación…” por lo que “podríamos estar frente al unicornio y no sabríamos con seguridad que lo es”.
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Entre 1810 y 1811, cuando Venezuela iniciaba su lucha por dejar de ser una colonia española, la visitó un comerciante de origen escocés llamado Robert Semple.
Semple recorrió a pie una parte de la zona centro occidental, que comprendió a La Guaira, Caracas, La Victoria, Valencia y Puerto Cabello.
Al año siguiente de su retorno, en 1812, Semple publicó en Londres un libro en el que relató su experiencia como viajero por Venezuela, e informó que en los bosques de San Pedro, en la zona ubicada entre Caracas y Los Teques, varias personas habían visto y hasta cazado unicornios.
Cuando siglo y medio después, en 1964, dicho libro fue publicado en Venezuela, el traductor y prologuista José Nucete Sardi le colocó el kilométrico título de Bosquejo del estado actual de Caracas incluyendo un viaje por La Victoria y Valencia hasta Puerto Cabello, 1810-1811.
Semple contó que, según le informaron personas dignas de crédito, en algunos de los lugares visitados “además del venado, hay una especie de unicornio”.
Aparte de los testimonios de quienes dijeron haber oído hablar de ese animal en los bosques de San Pedro, un joven español le aseguró haber visto uno.
Éste relató que, durante una cacería, uno de sus compañeros mató a un animal que él mismo examinó cuidadosamente. El mismo parecía un macho cabrío, más grande que un venado, con un cuerno en medio de la cabeza.
Semple apuntó que él no podría rechazar esta versión, pues le fue repetida varias veces sin la menor apariencia de exageración, ni la idea de que fuera una cosa extraordinaria. Luego pronostica que, “quizás dentro de pocos años habrá pruebas incuestionables de la existencia de este animal”.
El de Semple, parece ser el último testimonio que alguien ha hecho en el mundo sobre la existencia de alguna especie de unicornio.
Es probable que, al igual que las sirenas, los duendes, los ángeles y los centauros, el unicornio haya preferido el retorno a la nada, antes que la existencia en un planeta excesivamente apegado a la economía y a cuanto genere poder; un planeta cuyos habitantes han olvidado su derecho a fabular y se han hecho cada vez más proclives a la mediocridad y al aburrimiento.
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Armando José Sequera es un escritor y periodista venezolano. Autor de 93 libros, todos publicados, gran parte de ellos para niños y jóvenes. Ha obtenido 23 premios literarios, ocho de ellos internacionales (entre otros, Premio Casa de las Américas, 1979; Diploma de Honor IBBY, 1995); Bienal Latinoamericana Canta Pirulero, 1996, y Premio Internacional de Microficción Narrativa “Garzón Céspedes”, 2012).
Es autor de las novelas La comedia urbana y Por culpa de la poesía. De los libros de cuentos Cuatro extremos de una soga, La vida al gratén y Acto de amor de cara al público. De los libros para niños Teresa, Mi mamá es más bonita que la tuya, Evitarle malos pasos a la gente y Pequeña sirenita nocturna.
«Carrusel de Curiosidades se propone estimular la capacidad de asombro de sus lectores».
Ciudad Valencia/RM








