Divagaciones - Arnaldo Jiménez - Apuntes generales sobre la cultura

Si trazamos una línea de seres con edades antiguas, días idénticos después de cada destino y verificamos que en el fondo exista una señal objetiva, digamos, del olvido, entonces estaremos comprendiendo la naturaleza del caucho.

¿Es una criatura? Se le han atribuido algunas desapariciones, explosiones de ceguera y embestidas de sellos sobre los sentimientos religiosos, incluso algunos estudiosos como Hunter Graffer (1968), afirman que el mundo jamás volverá a creer en algún dios desde el día en que el Caucho pueda ser liberado en toda su apariencia. La dinastía de su dicha traería la muerte con consentimiento de los condenados a su rutina. Se cree que la verdadera función de un dios es esa: la capacidad de convertir la mortalidad en un asunto que no represente ningún drama, ninguna tragedia; y el caucho, hasta los actuales momentos, posee todas las características de un dios con dicha capacidad; además, es vacío y profundo, conjuga todos los estados de la materia y pasa de uno a otro constantemente, todos sus bordes son falsos, se desposa con sus extremos y no tiene memorias para sus respuestas.

Estructura del caucho: no existen ramificaciones, el caucho, al parecer es un andamiaje de fluidos, por eso no se sabe con exactitud cómo puede alojar en él algún vestigio de piedra, como el encontrado en 1932 por el sabio investigador inglés, Radlof Barbey, quien además introdujo en sus estudios la posibilidad de que, si se llegase a establecer los límites del caucho, en ese final solo podría haber nostalgias y una eternidad de polvos.

La añoranza inviste todos los peldaños de aire, incluso, podría afirmarse con toda exactitud que la simetría entre anhelo y aire trae consigo la forma perfecta de las almas. Del otro lado no queda nada, es decir, es imposible conseguir un entretejido, un devenir de rayo, un vértigo de círculo. Los últimos estudios avanzan hacia esa dirección; hasta ahora, el otro lado del caucho solo podría existir si las partículas elementales se comportaran como reflejos de otra realidad. En la medida en que esta sospecha se verifica, el caucho va convirtiéndose en un objeto casi vulgar, una cosa que estaría traicionando a su origen. Entonces solo podría servir para rodar y arder, eligiendo uno de estos dos caminos: el placer o la violencia. Pero el placer del caucho pertenece a las infancias perdidas, cuando los niños que ríen y juegan dentro de lo compacto de la pobreza, conviven en él dispersando charcos y hundiendo piedras en los pavimentos. Así que entonces solo le queda la violencia, y esto es una dimensión adulta que oscurece sobre sí misma. Cualquier vida allí se consume, cualquier muerte allí pierde su niebla. Lo más importante del caucho es que su naturaleza rechaza de manera absoluta su conversión en mito. Todo lo lleva al fucsia del origen. Puede amoldarse a cualquier lenguaje y convertirse en ligadura, en un ovillo de nombres prohibidos.

 

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Es importante a la hora en que el caucho se materialice y parezca un objeto redondo, de tres dimensiones externas y cuatro internas, mantenerlo lejos del alcance de los niños, dado que se ha demostrado fehacientemente que el caucho, en presencia de la infancia, susurra promesas que jamás podrá cumplir, y la secuencia de estos hechos dejaría a los adultos sin los ecos del pasado.

 

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Arnaldo Jiménez nació en La Guaira en 1963 y reside en Puerto Cabello desde 1973. Poeta, narrador y ensayista. Es Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales por la Universidad de Carabobo (UC). Maestro de aula desde el 1991. Actualmente, es miembro del equipo de redacción de la Revista Internacional de Poesía y Teoría Poética: “Poesía” del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC, así como de la revista de narrativa Zona Tórrida de la UC.

Entre otros reconocimientos ha recibido el Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuentos Fantasmas y Aparecidos Clásicos de la Llanura (2002), Premio Nacional de las Artes Mayores (2005), Premio Nacional de Poesía Rafael María Baralt (2012), Premio Nacional de Poesía Stefania Mosca (2013), Premio Nacional de Poesía Bienal Vicente Gerbasi, (2014), Premio Nacional de Poesía Rafael Zárraga (2015).

Ha publicado:

En poesía: Zumos (2002). Tramos de lluvia (2007). Caballo de escoba (2011). Salitre (2013). Álbum de mar (2014). Resurrecciones (2015). Truenan alcanfores (2016). Ráfagas de espejos (2016). El color del sol dentro del agua (2021). El gato y la madeja (2021). Álbum de mar (2da edición, 2021. Ensayo y aforismo: La raíz en las ramas (2007). La honda superficie de los espejos (2007). Breve tratado sobre las linternas (2016). Cáliz de intemperie (2009) Trazos y Borrones (2012).

En narrativa: Chismarangá (2005) El nombre del frío, ilustrado por Coralia López Gómez (Editorial Vilatana CB, Cataluña, España, 2007). Orejada (2012). El silencio del mar (2012). El viento y los vasos (2012). La roza de los tiempos (2012). El muñequito aislado y otros cuentos, con ilustraciones de Deisa Tremarias (2015). Clavos y duendes (2016). Maletín de pequeños objetos (Colombia, 2019). La rana y el espejo (Perú. 2020). El Ruido y otros cuentos de misterio (2021). El libro de los volcanes (2021). 20 Juguetes para Emma (2021). Un circo para Sarah (2021). El viento y los vasos (2da edición, 2021). Vuelta en Retorno (Novela, 2021).

(Tomado de eldienteroto.org)

 

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