La Palma de Navidad (Adonidia Merrillii) es mucho más que una plantita bonita; es toda una crack en el diseño de las ciudades y tiene una historia bien curiosa que casi nadie cuenta. Aunque todos la conocemos por ponerse de acuerdo con el Niño Jesús y sacar sus frutos rojos en pleno diciembre, su verdadero poder se nota en cómo se adaptó a vivir entre tanto edificio y concreto.
En las ciudades modernas, esta palmera es una salvación. A diferencia de otras gigantes cuyas raíces levantan las aceras o las hojas se quedan atoradas dando un montón de trabajo, la Palma de Navidad es súper educada. Crece con estilo, no rompe nada y es lo que los arquitectos llaman «autolimpiable», o sea, las hojas viejas se caen solas y se ahorra en el mantenimiento de las calles.
Y para rematar, resulta que su nombre científico viene de Adonis, un personaje de la mitología griega que era muy guapo y del que la leyenda dice que donde caía su sangre nacían flores rojas. ¡Pues con esta palmera pasa igual! Pinta el cemento gris de las calles con su rojo bien encendido. Por si fuera poco, por Asia, la gente usa los frutos verdes como sustituto de la nuez de betel para mascar, según sus tradiciones.
LEE MÁS: CONOCE ALGUNAS CURIOSIDADES DEL ARAGUANEY
Una planta que merece estar en los pesebres
De ver los acantilados de Filipinas a adornar los centros comerciales e islas en todas las avenidas de medio mundo, esta palmera sí que sabe cómo hacer un buen viaje.
Aquí en nuestra ciudad las verás por donde quiera, como quien no quiere la cosa. Y en Diciembre ocupará su merecido sitio muy cerca de donde nace el niño Dios.
Ciudad Valencia / Ezio Tribuiani/M.Ll
Video: Ezio Tribuiani













