El mundo de la música venezolana no solo cuenta historias de fiesta y amor; también habla de terror. A través del arpa, el cuatro y las maracas, los músicos han llevado el miedo a quienes escuchan sus canciones. En esta entrega de Ciudad Melódica, te mostraremos cinco canciones venezolanas de terror que debes escuchar.

Desde contrapunteos con el mismísimo Príncipe de las Tinieblas y mezclas de humor macabro, hasta espíritus infantiles que regresan en busca de otros niños para llevárselos. Puede que estas canciones e historias musicalizadas no tengan un sonido aterrador a primera vista, pero revelan el lado más misterioso del imaginario musical venezolano.

 

La muerta de Las Galeras

La Muerta De Las Galeras de Dámaso Figueredo, es una pieza del folclore llanero que narra la aparición silenciosa de un ánima en pena que se manifiesta en los tramos más oscuros y boscosos de la vía nocturna en Las Galeras del Pao, estado Cojedes. Quienes aseguran haberla visto coinciden en una atmósfera que se torna inexplicablemente fría. Esta presencia ha dejado de ser un simple «cuento de camino» para convertirse en una advertencia real para aquellos que viajan de madrugada por esos lares.

Relatan algunos camioneros que nadie se atreve a hablarle por respeto sagrado y un temor profundo. Cuando la macabra presencia aparece en la carretera, lo único que les queda es rezar y aferrarse al volante. La letra reflexiona sobre las faltas cometidas en vida, el destino, las consecuencias de los actos humanos y los crímenes del pasado que cargan las almas errantes de la región.

 

 

Los Chimichimitos

Los Chimichimitos va mucho más allá de una simple canción infantil que solíamos escuchar en la escuela, esta movida canción venezolana cuenta con dos leyendas que explican su misteriosa naturaleza. La primera versión describe que Los chimichimitos son espíritus de personas no bautizadas que vagaban y trataban de atraer a los niños con dulces y juguetes hacia cuevas para mantenerlos prisioneros en una penitencia eterna.

Por otro lado, la versión de la isla de Margarita los presenta como duendecillos mágicos o almas de niños no nacidos que murieron en el vientre de sus madres mientras estas trabajaban en el mar, los chimichimitos aparecían en las playas cantando y jugando en noches de luna llena. No generaban miedo, sino que encantaban a todos con su belleza y melodías. Muchos decían que los veían bailando y cantado el Sepeserepe y el Tamboré entre otros

Lo interesante es cómo un trasfondo mitológico y oscuro ha logrado perdurar a través del tiempo convertido en una alegre pieza del folclore y música infantil venezolana, transmitiéndose de generación en generación.

 

 

Florentino y el Diablo

Florentino y el Diablo es un contrapunteo entre un llanero experto en coplas y el mismísimo Satanás. En este aterrador desafío, perder la rima o dudar un solo instante significa entregar el alma para siempre. Más que la fuerza, lo que decide el destino es la agilidad mental y la resistencia para cantar durante toda la noche.

Al amanecer, ya exhausto pero firme, Florentino -interpretado por el cantante José Romero Bello– usa su último recurso: invocar a los santos y a Dios en sus coplas. Es así como logra ahuyentar al demonio justo cuando los primeros rayos del sol rompen la oscuridad.

Algo curioso es la inolvidable interpretación de Juan de los Santos Contreras, «El Carrao de Palmarito», cuyo papel de diablo en dicha canción le dejó como secuela terribles pesadillas. Tras las grabaciones, quedó acechado por una pesadez y una energía tan oscura que lo persiguió durante años, obligándolo a vivir aterrorizado y a protegerse con amuletos y constantes rezos. El miedo de haber desafiado los límites del más allá era tan profundo que el artista se negaba rotundamente a cantar los versos del maligno fuera de un escenario formal.

Su tétrica y avasallante voz no era actuación, sino el reflejo de un alma que sentía el aliento del abismo. Concebida por el político, diplomático y poeta barinés Alberto Arvelo Torrealba y publicada en 1940, esta obra literaria logró trascender el papel, fusionar el misterio sobrenatural y convertirse en un fenómeno musical.

 

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El Silbón

La leyenda del Silbón es una obra que relata una historia ambientada en los llanos venezolanos, donde Juan Hilario ignora las advertencias de sus compañeros y decide caminar solo por los caminos de la sabana para dirigirse a una fiesta, sin saber que se cruzaría con el aterrador Silbón: el alma en pena de un joven que asesinó a su padre y fue maldito a vagar eternamente. Condenado a cargar los huesos de su progenitor en un saco, aterroriza a los caminantes con un escalofriante silbido que anuncia su presencia.

Creada por Dámaso Delgado en 1966, preserva y difunde el folclore, las tradiciones y la identidad cultural de los pueblos llaneros, basándose en los mitos y leyendas que durante generaciones han contado los pobladores en los caseríos de los estados Portuguesa y Barinas.

 

 

La Sayona

La Historia de la Sayona recrea quizá la más voraz, escalofriante y vengativa leyenda de los llanos venezolanos. La historia sigue a una mujer consumida por los celos que, tras un trágico ataque de furia, fue condenada a vagar por la eternidad, acechando en la oscuridad de los caminos para despedazar a los hombres infieles y trasnochadores.

La obra fue realizada por el cultor y compositor José Jiménez, «El Pollo de Orichuna», junto a José Alí Nieves, basándose en la tradición oral criolla. El relato musicalizado acompaña a un parrandero que persigue a una hermosa mujer en la madrugada, hasta que la figura se gira y revela un rostro cadavérico de colmillos afilados, lanzando un desgarrador alarido de muerte.

 

 

Aunque parecen simples relatos, estas producciones son auténticas piezas musicales donde el sonido no acompaña a la historia, sino que la sostiene. En ellas, los diálogos cobran ritmo, los momentos culminantes se cantan en coplas y los instrumentos actúan como un personaje más. Son la herencia viva de los antiguos copleros que convertían el mito en canción para preservar la memoria colectiva.

Estas cinco canciones venezolanas muestran un pequeña parte del lado oscuro de la música venezolana, donde mitos de terror se convierten en piezas artísticas que nos sumerge en los pasos de aparecidos y fantasmas vengativos y una fascinante muestra de cómo el misterio y la fiesta conviven en nuestra identidad.

 

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Ciudad Valencia / FM / ER