En Ciudad Garabato sabemos que a nuestros lectores les gustan los cuentos, por eso a continuación les traemos un texto de la Cantacuentos Grethel Bertorelli para que lo disfruten:
Hansel y Grethel… y la Montaña
Esa noche Grethel estaba decidida, no lograba entender por qué su madre no quería que se adentrara en la montaña, pero cada noche sentía que ésta la llamaba, especialmente en plenilunio.
Hansel, que conocía bien los sentimientos de su melliza, no iba a dejar que ella anduviera sola ante los peligros que la montaña suponía, y más con todas las leyendas que giraban en torno a ella, las cuales su madre se había encargado de agrandar:
Que la montaña se traga a los niños; que hay brujas y duendes, sacrifican a los demonios a todo el que osa pisar sus dominios y, en las noches de luna llena, se acercan al pueblo para buscar a la primera niña que se hubiera convertido en mujer, desde la última luna. Eran algunos de los mitos que la gente alimentaba con sus miedos.
Ese mes había sido precisamente Grethel esa primera niña, pero ella estaba decidida a buscar por sí misma las respuestas, antes que despuntara el alba.
Hansel la siguió muy de cerca, quería que ella se sintiera acompañada, pero no se atrevía a contradecirla, pues sabía lo decidida que siempre había sido.
Grethel dejó que Hansel la siguiera, porque sabía que su hermano no se perdonaría si le pasaba algo a ella, así que siguió con su empresa sin el menor ápice de dudas. Mientras tanto, sus padres dormían tranquilos, sin imaginar lo que les esperaba a sus simientes.
Caminaron con la luz de la Luna por varias horas. Todos los sonidos de la montaña estaban activados. La noche despejada permitía que se pudieran guiar por las estrellas, como aquel viejo marino, amigo de su padre, les había enseñado.
Como era verano el camino estaba bastante despejado, pero se detuvieron cuando llegó el conticinio, haciendo que escucharan sus propios corazones ante el silencio abrupto de la noche. Algo les decía que ya no estaban lejos de su meta.
Unos 500 metros más y estaba allí, una choza, no como se las habían pintado llena de dulces, no, estaba rodeada por muchas plantas, algunas las conocían, porque su mamá les preparaba algún té milagroso para alejar los males: malhojillo, tomillo, albahaca, orégano, llantén, jengibre, cúrcuma, hierbamora, yerbabuena, romero, menta y otras muchas que ni conocían, el silencio de la noche se inundó con los aromas que todas estas plantas desprendían.
Y allí estaba ella, con unas infusiones hechas con varias hierbas y endulzada con el néctar de las abejas, recién sacado del fogón para ahuyentar el frío de la noche.
-Pasen, los esperaba-, Hansel palideció, pero Grethel sintió que allí era donde debía estar.
Antes del amanecer ya estaban de vuelta, antes que sus padres se preocuparan. Pero Grethel ya sabía que debía volver cada luna para que su abuela la instruyera en las artes de sanación, y que el costo que debía pagar, del cual su madre huyó, era una vida en soledad pero al servicio de quien la necesitara.
***
Grethel Bertorelli Lander: Licda. en Educación convenio Fe y Alegría-CEPAP UNESR.
Reconocida cantora, cultora, Narradora Oral (Cantacuentos) profesora de canto, vinculada activamente al movimiento musical y cultural del estado Carabobo.
Aunque nació en Caracas, ha desarrollado gran parte de su trayectoria artística en Valencia. También realiza una labor como artesana. Actualmente integra el Departamento de Educación del Museo de Arte Valencia.
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Ciudad Valencia/Niddy Calderón Plaza/ M.Ll














