¿Recuerdas esas pelis donde todo parece normal, pero, poco a poco, la realidad se empieza a resquebrajar? Bueno, David Koepp nos trae una historia original de Stephen King: La ventana secreta, y es justo es eso, una historia que se va distorsionando. Con un Johnny Depp en su fase más introspectiva y medio desaliñado (dejando bien en claro su marca personal); que, siendo sincera, en cualquiera de sus etapas, me resulta un deleite visual. Esto viene con muchos spoilers, así que si no la han visto (que lo dudo), es a su propio riesgo.

¿De qué va, sin vueltas?
Mort Rainey (Johnny Depp) es un escritor reconocido, pero medio amargado, encerrado en una cabaña tras una separación reciente. Está en plena crisis creativa. De repente aparece un tipo rarísimo, John Shooter, acusándolo de haberle robado un cuento.

Hasta ahí, todo parece ir en la dirección de un thriller clásico. Pero lo que empieza como una discusión por derechos de autor se va transformando en algo mucho más siniestro, como una espiral descendente hacia la mente de Mort.
Cine de doble fondo
La gracia de este film, está en su engaño. El espectador cree que está viendo una historia sobre plagio y venganza, pero en realidad está viendo una historia sobre identidad disociativa, culpa, y negación de la realidad. Porque… John Shooter no existe. Es una creación de la mente fragmentada de Mort.
Todo lo que vemos son, en realidad, expresiones de su mente colapsando. Shooter es su alter ego, como el “lado oscuro” de su personalidad que emerge cuando ya no puede más con el dolor, la culpa y la frustración. Sí, de cierta forma, se vuelve como su “mecanismo de defensa”, aunque una muy extraña.

¿Qué le pasa a Mort?
Aislamiento y negación: Mort se refugia en una cabaña casi que en medio de la nada; y su ex esposa se lo menciona, si algo le pasara, nadie se enteraría. Está literalmente huyendo del mundo. Pero si lo pensamos bien, está encerrado en su cabeza, solo, sin contacto real con la gente. La separación con su esposa, el bloqueo creativo, su aspecto abandonado… todo suma a un cuadro depresivo fuerte.

Proyección del conflicto interno: Shooter no es solo una alucinación, es una forma de que Mort saque sus propias tendencias violentas y resentidas. Es decir: «no fui yo, fue Shooter».
Lagunas mentales: Hay momentos en los que Mort pierde la noción del tiempo, no recuerda cosas, o actúa como si hubiera estado poseído. Esto encaja con un trastorno disociativo, donde la persona crea una identidad alternativa para lidiar con un trauma o conflicto.
Culpa extrema: Él sabe, en el fondo, que su matrimonio fracasó por su falta de compromiso, y que su talento iba en picada. En lugar de asumirlo, su mente crea una especie de justicia poética donde Shooter viene a castigarlo.
Pequeñas evidencias
El sombrero de Shooter: clásico símbolo de una identidad aparte. Lo raro es que Mort se lo prueba y le gusta. No es solo una coincidencia: lo está integrando.

El cuento robado: la historia que Shooter le reclama a Mort, ya está publicado por Mort. Pero Shooter dice que él lo escribió antes, más nunca lo publicó.
Esto realmente no tiene sentido… salvo que entendamos que es todo parte de la mente de Mort intentando convencerse de que él es el impostor, no el escritor verdadero. Es una lucha interna por la autoría de su propia identidad.
La frase del cuento: «la parte más importante es el final»: ¡Uff! Esta frase es como una bomba de tiempo. Mort está obsesionado con cerrar bien la historia. No solo la del cuento, sino su propia historia interna. Y por eso reescribe el final de su vida, matando a su exesposa y al nuevo novio, como si ese final “arreglara todo”. Y realmente lo llena de gran orgullo y satisfacción.

Un giro
El final no es un simple «¡sorpresa, era el mismo tipo!», como pasa en algunas narrativas medio tramposas. Acá el giro es más una confirmación. El espectador ya sospechaba que había algo medio raro con ellos, pero lo que duele es verlo tan explícito: Mort se entrega completamente a su otra identidad. Ya no hay culpa, ya no hay negación. Hay aceptación del caos.

¿Por qué nos atrapa tanto?
Porque todos tenemos un «Shooter» adentro. No con sombrero y acento sureño, obvio, pero sí con formas de autosabotaje, pensamientos oscuros, partes de nosotros que no queremos aceptar. La ventana secreta juega con eso: la delgada línea entre el control de nuestra mente y el desborde inminente.
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La ventana secreta
En resumen, ¿Es una gran película? Existen críticas buenas y otras malas. Muchos creen que no está al nivel de otros thrillers psicológicos, pero en lo personal, me encantó (y no solo porque la protagonice mi esposo), realmente Koepp supo transmitirnos una buena historia. ¿Es interesante psicológicamente? Sí, obvio. Especialmente si te gusta ver cómo una mente puede irse quebrando poco a poco y llegar a mentirse a sí misma. Y una de las cosas que más gustan de este film, es que puedes verlo varias veces y en cada oportunidad descubrirás detalles que no viste anteriormente. Una buena jugada y una excelente excusa que me fascina usar para verla nuevamente; así que (mi cierre encajando como anillo al dedo), como siempre les digo: “Si no la han visto, véanla, y si ya la vieron, vuélvanla a ver, no tiene pérdida de nada”.
La ventana secreta
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Isabel Londoño, egresó de la Universidad de Carabobo (UC) en el área psicosocial, tiene también estudios universitarios en turismo y sistemas.
Es una apasionada de la música y del Séptimo Arte desde que tiene memoria, siendo el cine y sus distintos géneros la pasión a la que ha dedicado más horas y análisis. Sus reseñas sobre clásicos o estrenos del cine aparecen ahora, cada viernes, en Ciudad Valencia desde “El Rincón Cinéfilo”.
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