Hay películas que parecen hechas para gritar mensajes. Y hay otras, como Mi querida señorita, en Netflix, que prefieren algo más peligroso: hacerte sentir incómoda contigo misma.

Porque esta película no habla solo de identidad de género o intersexualidad.

Habla de algo muchísimo más universal: la sensación de haber vivido demasiado tiempo interpretando una versión de ti que otros construyeron.

Y eso pega durísimo.

La nueva adaptación, dirigida por Fernando G. Molina y escrita por Alana S. Portero, re-imagina el mismo clásico del 1972 desde una sensibilidad mucho más íntima y humana.

 

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Mi querida señorita-intersexualidad

 

La historia: una vida llena de silencios

La película nos lleva a finales de los ‘90. Adela vive atrapada en una existencia pequeña: rutinas rígidas, religiosidad, miedo al qué dirán y una feminidad que siente como disfraz incómodo. Nunca parece realmente feliz. Solo… funcional.

Y Elisabeth Martínez hace algo BRUTAL aquí: interpreta a Adela con una tristeza tan contenida que muchas escenas parecen hechas de puro silencio.

 

Mi querida señorita

 

Y llega el tan temido descubrimiento que cambia todo: Adela descubre que es “intersexual”. Pero lo devastador no es la revelación médica. Es entender que toda su vida estuvo construida sobre decisiones tomadas por otros: su familia, la religión, el miedo, una sociedad obsesionada con encajar personas en categorías simples

Y ahí la película se convierte en algo muchísimo más profundo que “una película LGBTQ+”. Se convierte en una película sobre identidad humana.

 

La parte psicológica

-La identidad como actuación: Lo más doloroso de Adela es que no parece “vivir”. Parece interpretar. Como si hubiese aprendido desde niña: “Si hago exactamente lo que esperan de mí, quizás me quieran”.

Y eso conecta con muchísima gente, aunque jamás haya vivido algo parecido a su situación biológica. Porque muchas personas reprimen personalidad, deseos, emociones, sexualidad y sueños para sobrevivir socialmente.

 

 

-El miedo a descubrirte demasiado tarde: Hay una angustia constante en la película, y es “¿Y si perdí mi vida entera?” Y eso es devastador.

Porque descubrir quién eres también implica mirar hacia atrás y pensar: cuántas decisiones no fueron realmente tuyas, cuánto dolor pudo evitarse, cuánto tiempo pasaste sobreviviendo en vez de vivir… La película entiende perfectamente ese duelo.

-Madrid como símbolo psicológico: Cuando Adela deja atrás su entorno conservador y llega a Madrid, ocurre algo muy interesante, la ciudad no funciona solo como lugar físico. También es posibilidad, caos, libertad, reconstrucción. Pero incluso ahí, Adela sigue cargando vergüenza interna. Porque cambiar de ciudad no borra automáticamente décadas de represión.

 

Elisabeth Martínez: el corazón de la película

La decisión de elegir a una actriz intersexual cambia completamente la fuerza emocional del remake. Y se nota muchísimo.

La interpretación jamás cae en caricatura ni en “mensaje panfletario”.

Todo se siente: humano, frágil, íntimo y contenido

Hay escenas donde solo con mirar puedes sentir miedo, vergüenza, alivio, confusión y más… Todo mezclado al mismo tiempo. Y eso es dificilísimo de actuar.

 

El derecho a existir

No intenta decir: “Mírenme, soy revolucionaria”.

Simplemente dice: “Hay personas que nunca pudieron descubrirse porque el mundo les enseñó a esconderse primero.”

Y eso duele muchísimo.

 

Mi querida señorita

El detalle más bonito del remake

La película moderna no intenta borrar la original. La honra.

Pero también corrige algo importante: ahora la historia se cuenta desde una mirada mucho más consciente y respetuosa hacia la intersexualidad. Y eso le da una sensibilidad completamente distinta.

Mi querida señorita no es una película “escandalosa”. Es una película profunda y melancólica. Porque habla de personas que pasaron demasiados años intentando merecer amor siendo alguien que no eran realmente. Y quizá por eso golpea tan fuerte.

Porque al final, todos tenemos alguna versión falsa de nosotros mismos que aprendimos a interpretar para sobrevivir.

Como reflexión final, puedo decir que a veces el problema no es esconderle algo al mundo. Es esconderte tanto… que un día ya no sabes quién eres debajo de todo eso. Y pocas películas recientes muestran ese vacío con tanta ternura y melancolía como Mi querida señorita. Así que, como siempre les digo: “Si no la han visto, véanla y, si ya la vieron, vuélvanla a ver, no tiene perdida de nada”.

 

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Isabel Londoño-El Rincón Cinéfilo

Isabel Londoño egresó de la Universidad de Carabobo (UC) en el área psicosocial, tiene también estudios universitarios en turismo y sistemas.

Es una apasionada de la música y del Séptimo Arte desde que tiene memoria, siendo el cine y sus distintos géneros la pasión a la que ha dedicado más horas y análisis.

Sus reseñas sobre clásicos o estrenos del cine aparecen ahora, cada viernes, en Ciudad Valencia desde “El Rincón Cinéfilo”.

 

 

Ciudad Valencia/RN