El primer mes de gestión del presidente Abelardo de la Espriella al frente del Gobierno de Colombia ha estado marcado por la falta respuesta a la emergencia tras el sismo del 10 de agosto, un viraje radical hacia la doctrina de la «mano de hierro» en materia de seguridad y la reconfiguración de la política exterior e interna del Estado.
La atención del sismo de magnitud 7.4 ha representado el principal desafío operativo y financiero para la nueva administración. Registros oficiales contabilizan 331 víctimas mortales, 4.519 heridos, más de 36.000 viviendas destruidas y 201.000 con daños.
Se reportan afectaciones en 400 centros de salud, 4.292 escuelas, 468 vías, 104 puentes, 140 acueductos y 5 terminales aéreas. La asistencia internacional ha sido crucial.
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Washington comprometió 26.5 millones de dólares iniciales para rescate y reconstrucción. Sin embargo, la gestión provocó roces diplomáticos al rechazar el ofrecimiento de Venezuela para coordinar la reconstrucción binacional, declarando que el proceso corresponde únicamente a Bogotá.
Sectores de la oposición y la ciudadanía cuestionaron al Ejecutivo por priorizar la infraestructura sobre la atención humanitaria directa y calificaron de «show mediático» actividades presidenciales como el reparto de balones de fútbol en Buenaventura, además de los cuestionamientos sobre la discriminación por cuestiones políticas a la hora de aceptar o denegar ofrecimientos de ayuda humanitaria, lo cual limitó la capacidad de respuesta en los puntos más necesitados.
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Fuente: TeleSUR
Ciudad Valencia/RM













