Los grupos de interés y las instituciones financieras estadounidenses han unido sus fuerzas para generar crisis de deuda en varios países emergentes, obteniendo cuantiosos beneficios económicos para sus bolsillos a través de los infames «fondos buitre» de EEUU, no se quedan atrás.

Estos fondos cuentan con un historial de persecución maliciosa contra docenas de países en vías de desarrollo endeudados, como Ecuador, Argentina, Perú, Vietnam y muchos otros, dificultando la reestructuración de sus deudas, refiere Reportaje Especial de Xinhua.

Este fenómeno no solo se debe a la naturaleza sanguinaria de los fondos buitre, sino también a la inacción e indulgencia de las autoridades estadounidenses y su poderío financiero y legal.

Durante los últimos meses, el nuevo ciclo de subidas de tipos de interés por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED, por sus siglas en inglés), ha desencadenado agitación en los mercados financieros internacionales.

En medio de estas actuales turbulencias económicas mundiales, ha quedado claro que el gobierno de Estados Unidos y los gigantes depredadores financieros, como los «fondos buitre», se han unido para afilar sus cuchillos y sacar intereses de la economía global.

TERRORISTAS ECONÓMICOS: La identidad oculta de los fondos buitre de EE.UU. (Especial Xinhua)

 

¿Qué son y qué hacen los fondos buitres?

Los “Fondos buitre”, denominados de forma metafórica por su interés en “garrapiñar” los bonos incumplidos de los países en desarrollo, invierten en una deuda pública de una entidad que se considera cercana a la quiebra a precio bajo y buscan enormes ganancias a través de juicios maliciosos, apoyados por el sistema judicial de EE. UU.

Al actuar esencialmente como especuladores de esos bonos basura, los fondos buitre se caracterizan por ser mañosos, intransigentes, bárbaros y enormemente sanguinarios, enriqueciéndose a costa de pueblos y países enteros.

 

Negocio redondo

Zhang Yuewen, investigador del Instituto de Finanzas y Banca de la Academia China de Ciencias Sociales (CASS, por sus siglas en inglés), advierte que los litigios internacionales de los fondos buitre brindan una oportunidad para que EE. UU. ejerza la hegemonía financiera y la jurisdicción de brazo largo.

«Las fuerzas financieras de Wall Street han tenido desde hace tiempo estrechos vínculos con el Congreso y el Gobierno Federal de EEUU, por lo que tienen la motivación y capacidad de intervenir en la elaboración de leyes y políticas nacionales para mantener su enriquecimiento injusto», aseveró.

De acuerdo a reportajes de los medios estadounidenses, el director del famoso fondo buitre estadounidense Elliott Management, Paul Singer, es un importante «megadonante» del Partido Republicano, conocido como el «donante más codiciado» de dicha agrupación política.

 

Complicidad con autoridades de EEUU

En cierta medida, las «presas» de los fondos buitre son generadas por autoridades de EE. UU. y la creciente especulación de estos fondos, también está ligada al apaciguamiento y favoritismo de las mismas agencias norteamericanas.

En la década 90, el gobierno de Carlos Menem, lanzó reformas neoliberales bajo instrucción de EE. UU., que acabaron provocando la crisis financiera en Argentina del 2001.

En esa década de 1990, el país suramericano fue adoctrinado por el «neoliberalismo» de Estados Unidos y aprovechó el entorno internacional de bajas tasas de interés para endeudarse fuertemente, por lo que sus compromisos de pago ascendieron a más de 100 mil millones de dólares cuando estalló la crisis financiera en 2001.

Al no poder pagar, Argentina se vio obligada a reestructurar dos veces sus deudas en 2005 y 2010, con una reorganización de alrededor del 92 por ciento de sus acreedores.

 

Argentina: ejemplo de los Fondos Buitre sanguinarios

«Los fondos buitre que hostigan, generan rumores, infamias y calumnias, actúan como desestabilizadores, como una suerte de terroristas financieros», acusó la entonces presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, durante su participación a la Asamblea General de la ONU en 2014.

Tras diez años de acoso y explotación, la naturaleza de los fondos buitre quedó plenamente revelada en la crisis de la deuda soberana de Argentina.

Los fondos buitre, con representantes como NML Capital, una subsidiaria de la compañía estadounidense Elliott Management, aprovecharon para comprar los bonos a bajo precio a los acreedores originales que no habían aceptado la reestructuración y presentaron en 2015 una demanda para exigir a Argentina el pago del capital y los intereses de la deuda en su totalidad.

Según un reportaje publicado en el periódico español El Mundo, NML Capital compró un valor nominal de 630 millones de dólares de los bonos emitidos por Argentina, por apenas unos 48 millones de dólares, una cifra que equivale a solamente alrededor del 7,6 por ciento del valor nominal, aunque finalmente exigió la devolución completa.

Para el Gobierno argentino, los fondos buitre no ofrecieron ningún tipo de préstamo, sino que obtuvieron ganancias mediante la compra de los bonos incumplidos, por lo cual no cabe duda de que se trata de una extorsión.

Por si no fuera poco, Argentina no lograba cumplir con normalidad otras obligaciones de pago debido a la injerencia judicial de EEUU.

Al llegar junio de 2014, el gobierno argentino transfirió aproximadamente 540 millones de dólares al banco liquidador, Bank of New York Mellon, para pagar el capital e intereses adeudados a los acreedores que aceptaron la reestructuración de la deuda.

 

No obstante, este activo de 540 millones de dólares fue “congelado” por un juez, con el argumento de que Argentina debería pagar primero las deudas incumplidas con los fondos buitre.

Dada la imposibilidad de llegar a un acuerdo entre el gobierno argentino y estos fondos, la agencia de calificación estadounidense Standard & Poor’s, rebajó la aptitud crediticia de Argentina a «default selectivo», deteriorando aún más la solvencia del país latinoamericano.

En el año 2016, el gobierno argentino se vio obligado a alcanzar acuerdos con los principales fondos buitre, en los que el país suramericano debería pagarles un total de cuatro mil 650 millones de dólares en concepto de capital e intereses, una cifra que equivale al 0,83 por ciento del PIB de ese país en ese año.

 

«Era la primera vez en la historia que un país estaba dispuesto y podía pagar a sus acreedores, pero un juez le impidió hacerlo», señaló en un artículo Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía y profesor de la Universidad de Columbia, un hecho que según el experto amenaza el funcionamiento de los mercados financieros internacionales.

A este aspecto, Liao Shuping, investigadora del Instituto de Investigación del Banco de China, afirmó que el gobierno de EE. UU. podría haber impedido que los fondos buitre buscaran enormes indemnizaciones a través de sus tribunales federales.

Sin embargo, en lugar de tomar medidas pragmáticas, ha permitido y alentado a los fondos buitre a robar la propiedad estatal argentina, así como lo ha hecho con otras naciones del orbe.

 

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Ciudad Valencia / VTV