diálogo soberano

El análisis de la coyuntura venezolana actual no puede realizarse de forma aislada a los grandes movimientos tectónicos de la geopolítica mundial. Presenciamos la acelerada implosión del orden anglosajón, signada por la erosión de la unipolaridad imperial y el paulatino colapso del petrodólar, un esquema financiero vigente desde 1974 que hoy sucumbe ante el surgimiento firme de la arquitectura multipolar. Frente a este declive, las corporaciones financieras globales y el complejo tecnofeudalista intentan imponer su hegemonía mediante el asedio digital y la coerción económica; sin embargo, tropiezan con una realidad insalvable: el control de los datos no sustituye la posesión de la energía, los minerales estratégicos ni la determinación soberana de los pueblos.

​En este tablero de transformación global, la Venezuela Bolivariana se erige como un referente de dignidad y estrategia histórica. La comprensión de este momento exige analizar nuestro proceso político no como eventos aislados, sino como un hilo conductor dialéctico y lineal articulado en tres grandes fases de gobierno que responden a una misma causa libertadora.

​La génesis de esta doctrina hunde sus raíces en la visión antiimperialista del Libertador Simón Bolívar, quien en 1819, durante el Congreso de Angostura, sentó las bases de la autodeterminación republicana y advirtió sobre las pretensiones de dominación del Norte. Esa premisa Bolivariana fue rescatada a finales del siglo XX por el Comandante Hugo Chávez Frías, dando inicio a la primera etapa de este proceso contemporáneo. Durante su gestión (1999-2013), el Comandante Chávez refundó la Patria a través del Poder Popular y nacionalizó los recursos estratégicos, logrando desvincular a Venezuela de la tutela del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial en 2007. A nivel internacional, actuó como el gran arquitecto de la pluripolaridad, impulsando mecanismos de integración regional como la UNASUR, la CELAC y Petrocaribe, al tiempo que tejió las primeras alianzas estratégicas con Rusia, China e Irán bajo condiciones específicas de gobiernos aliados y pueblos movilizados, anticipando con precisión profética el mapa geopolítico del siglo XXI.

 

LEE TAMBIÉN: HAY QUE ANALIZAR BIEN LO QUE VIENE, CON DATOS Y SIN CONSIGNAS | LUIS VICENTE LEÓN

 

​Tras la siembra del Comandante, la Revolución entró en su segunda fase histórica bajo la conducción del Presidente Nicolás Maduro Moros (2013-actualidad). Esta etapa estuvo marcada por la resistencia heroica ante la guerra de quinta generación y la agresión económica sin precedentes desplegada por el imperio estadounidense a raíz del nefasto decreto ejecutivo de 2015. Bajo un cerco que implicó la imposición de más de 1000 medidas coercitivas unilaterales y el despojo de activos soberanos en el exterior —en un contexto regional totalmente distinto—, la gestión del presidente Maduro priorizó la defensa integral de la Nación, preservando la cohesión cívico-militar y garantizando la paz interna frente a la violencia política. Sus mayores triunfos consistieron en desarrollar una economía nacional interna y circulante para cubrir las necesidades básicas, lo que permitió reactivar la agroindustria nacional en toda su cadena de valor, además de sostener la estructura del Estado Social de Derecho y de Justicia, impidiendo el colapso institucional y demostrando una capacidad inédita de resiliencia social y territorial.

​Hoy, la Revolución Bolivariana transita por su tercera etapa bajo la conducción de la Presidenta (e) Delcy Rodríguez, quien asume la responsabilidad histórica de convertir la resistencia heroica en solvencia económica, pragmatismo revolucionario y diplomacia de paz, sin dejar de trabajar por la libertad de la pareja presidencial. Su gestión capitaliza la siembra multipolar de Chávez y la firmeza resiliente de Maduro para insertar a Venezuela con fuerza propia en el nuevo orden internacional. La soberanía en esta fase se ejerce con carácter y capacidad técnica en las mesas de negociación internacionales.

​Muestra innegable de este pragmatismo soberano es la articulación de acuerdos energéticos de alto impacto, como la reactivación estratégica en 17 campos petroleros acordados con EEUU y el desarrollo gasífero transfronterizo en el campo Loran-Manatee con Trinidad y Tobago. Se trata de iniciativas que rompen de hecho el bloqueo financiero e imponen términos de respeto a la República y a su Gobierno. Como lo ratificó categóricamente la presidenta encargada en su mensaje a la Nación ante la Asamblea Nacional el pasado 15 de enero de 2026, el diálogo y los acuerdos comerciales no significan concesión ni entrega ideológica, sino la afirmación categórica de que Venezuela avanza en dirimir la contradicción histórica entre el bolivarianismo y el monroísmo.

​Ante esta realidad geopolítica y económica, la gran tarea que nos corresponde a nosotros y nosotras como venezolanos es mantenernos indisolublemente unidos y unidas como pueblo. Nos corresponde consolidar la Comuna y su carácter de autogobierno, con la identidad sociocultural del ámbito donde se identifique. Nos corresponde valorar con profundo patriotismo la inmensa riqueza de nuestras reservas energéticas, petroleras, gasíferas y mineras, entendiendo que no son simple mercancía, sino la garantía del futuro y de la soberanía de la Patria. Para ello, debemos asumir el compromiso militante de ser cada día más estudiosos y formarnos rigurosamente; solo una conciencia crítica alimentada por el conocimiento nos permitirá dimensionar el valor estratégico de lo que poseemos y comprender con claridad las razones por las cuales lo defendemos.

La defensa integral de la Nación empieza en el aula, en la comuna, en el trabajo diario y en la convicción compartida de que juntos y juntas somos invencibles.

​Desde la trinchera del pensamiento crítico y la defensa integral de la Nación, reafirmamos que Bolívar trazó el mapa de la libertad, Chávez edificó la doctrina del mundo multipolar, Maduro sostuvo el escudo de la Patria ante la tormenta, y Delcy Rodríguez lidera hoy la consolidación económica y diplomática de la Venezuela soberana. Es una sola línea histórica, un solo proyecto de emancipación que demuestra que la victoria siempre pertenecerá a los pueblos que se niegan a ser esclavos.

 

LEE Y COMPARTE:

Clodovaldo Hernández gana Premio Nacional de Periodismo 2026

 

Si quieres ampliar y conocer más noticias como esta, síguenos en nuestras distintas plataformas digitales:

FACEBOOK       INSTAGRAM       TIKTOK       YOUTUBE       WHATSAPP       TELEGRAM

 

Ciudad Valencia/RM