Este 11 de septiembre se cumplen 53 años de un vil magnicidio que, ejecutado por iniciativa de las mentes y manos del imperialismo, serviría de advertencia para los chilenos y el resto de América Latina.
Ese día, no solo se perpetró un golpe de Estado, se pretendió exterminar el pensamiento y la práctica socialista que, desde la juventud, había definido al doctor en medicina, Salvador Allende.
La causa verdadera y el gran contraste
Por supuesto, todo comenzó con la pretensión hegemónica gringa de sentirse dueños y señores de los recursos económicos y energéticos de los países del Sur. En el caso de Chile, estos recursos, de ser nacionalizados bajo un gobierno socialista, corrían un “gran riesgo” para Estados Unidos.
De hecho, una de las primeras acciones del gobierno de Allende, fue nacionalizar el cobre chileno, tal como había prometido en la campaña electoral del partido de la Unidad Popular.
Lo que Allende no se esperaba era que su gobierno tuviera su propio “Judas”. Augusto Pinochet, fue designado por el propio presidente socialista como Ministro de la Defensa y Comandante del Ejército. Con una sonrisa “indudablemente hipócrita”, Pinochet llegó a posarse frente a Fidel Castro. Pero a escondidas se reunía con su verdadero jefe, Henry Kissinger, el planificador del golpe.
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El socialismo versus la oligarquía
En América Latina y el Caribe, el triunfo de Fidel Castro en Cuba y el de Salvador Allende en Chile, afianzaron la convicción de una alternativa para emancipar a los pueblos.
Esto no agradaba para nada a la Casa Blanca. Pero lo que más activó las alarmas fue la visita de Fidel Castro a Allende, hecho que sirvió para que la derecha fascista se reafirmara en la aceleración del golpe donde más dolía: sabotaje a la alimentación, transporte, servicios públicos y, lo más significativo, la persecución y terrorismo contra líderes sindicales y de comunas populares.
¿Te parece conocida esta historia? Cualquier parecido con la realidad no es coincidencia.
A este sabotaje se le suma el hecho de que el Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) chileno, mantuvo una contradicción constante que se debatía entre la vía institucional y la revolución armada, generando un contraste con la concesión pacifista que mantuvo el gobierno de Allende.
Indudablemente, el sanguinario golpe militar contra Allende, más allá de la figura personal del presidente, fue un duro y contundente castigo contra el pueblo que lo había respaldado.
El más querido y admirado
El máximo referente musical de este periodo, Víctor Jara, quien trabajó activamente como embajador cultural, compositor y militante, fue autor de temas en apoyo al gobierno de Allende, tales como «El alma llena de banderas« y «Plegaria a un labrador«.
Su único delito fue apoyar con su música a un gobierno socialista que le dio oportunidades al pueblo. Solo por eso, Jara fue torturado y asesinado pocos días después del golpe de Estado de 1973.
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Ciudad Valencia/RM












