En esta época decembrina, la fe y la creatividad se entrelazan en los pesebres de Carabobo. El equipo de Ciudad Valencia tuvo la oportunidad de conocer dos familias y dos historias ricas en tradición, devoción y arraigo.
En el sector El Frío de la parroquia Tacarigua, municipio Carlos Arvelo, existe una devoción que se mide en años. Desde hace 37 diciembres, el hogar de la familia Pineda Solano se transforma en un portal hacia Belén, gracias a la pasión inagotable de Nancy Solano, pilar de este hogar.
Todo comenzó tímidamente, sobre la mesa del comedor. Pero como la fe que le da origen, el pesebre de Nancy creció. Con el apoyo inicial de su esposo Carlos, pronto se mudó al porche y, para el año 2000, su escala ya era monumental.
Fue entonces cuando Nancy comenzó a adquirir la hermosa artesanía de Trujillo, infundiendo al nacimiento una belleza palpable.

Ella cuenta que la chispa de esta tradición se encendió cuando a los seis años visitaba a su tía Emma Sanabria en El Central Tacarigua, donde los nacimientos, que eran colocados en la calle, la cautivaron.
Hoy, a sus 37 años de constancia, la devoción es la misma, impulsada por un profundo amor al Niño Jesús.
«Todo lo que le he pedido se me ha concedido», afirma Nancy, con una gratitud que sin duda es el motor de su obra.
Más que un montaje, este pesebre es un legado que desea dejar a su hija y nietas y por supuesto, a su comunidad.
Cuenta que este lo comienza a armar los primeros días de octubre. Ella es la primera en trazar el camino, pero pronto la familia se une a esta labor que es, a la vez, una ofrenda y una gran satisfacción.
Un pesebre inspirado por ideas frescas
Su pesebre nunca es el mismo; incorpora elementos nuevos cada año, inspirado por ideas frescas. Este año, brilla con un cielo estrellado y una acogedora chimenea, un espectáculo que la ha dejado casi sola en la tradición del sector, pues en muchas viviendas ya no lo hacen.
Cuando el pesebre está listo, la familia Pineda Solano lo enciende con gaitas, parrandas y villancicos. Este año tuvo una particularidad.

“Mi esposo Carlos me animó a que hiciéramos el encendido de las luces el 16 de noviembre, fecha en la que cumplo año y así fue. No puedo estar más feliz de haberle hecho caso”, dijo Nancy.
Y en una reunión familiar que invita a familiares, vecinos y al comité de cultura, son los niños, sin duda, quienes más disfrutan, ya que ellos reciben cotillones y se hace un compartir fraterno en la calle que desde ese día es una de las más nombradas en El Frío.
Esta luminosa tradición culmina con otra fiesta esperada: la llegada de los Reyes Magos cada 6 de enero, una costumbre que tiene más de 45 años alegrando a toda la comunidad de El Frío.
Carlos Rebolledo: El voto de la resiliencia vive en Paso Real

Al otro lado, la luz de esta tradición se enciende en el sector Paso Real de Flor Amarillo. Allí reside Carlos Rebolledo, un joven que lleva 42 años siendo el custodio de un pesebre que es un testimonio de fidelidad y superación.
Si el pesebre de Nancy es artesanía, el de Carlos es un himno al material de provecho.
Cartón, papel, tablas y envases plásticos se convierten en la materia prima de un universo que trasciende lo bíblico.
Un lienzo que honra la vida
Junto a las figuras sagradas, se mezclan los toques de su madre, Doña María, de 82 años, quien añade misceláneas tales como cobijas tejidas, tendederos de ropa, tinajas, entre otras, que recuerdan que el milagro ocurrió en la cotidianidad. Incluso, un viejo televisor ha sido reconvertido, gracias a sus ideas, en un pequeño retablo.
La fidelidad de Carlos a esta promesa solo se detuvo una vez. En 2019, la enfermedad de Guillain-Barré lo inmovilizó y el pesebre quedó en pausa. Aquella adversidad, sin embargo, no fue un final, sino un punto de inflexión.
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Hoy, a sus casi 48 años, Carlos conjuga su profesión en el área de salud, su amor por el senderismo y su inmensa creatividad con esta vocación decembrina. El episodio le dio la fuerza para seguir adelante, renovando el voto con la tradición.
Apoyado por sus vecinos y sostenido por amigos incondicionales y el amor a su madre, el pesebre de Carlos es, nuevamente, el centro de atención de su calle.
En El Frío y en Paso Real, Nancy y Carlos no solo construyen pesebres; edifican puentes entre el pasado y el presente, recordándonos que la fe, la creatividad y la resiliencia son los materiales más valiosos para construir la memoria y la esperanza de una comunidad en épocas decembrinas.
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Mónica Llovera/Fotos: Joan Planas










