Mark Rutte, secretario general de la OTAN viajará la próxima semana a Washington para frenar la crisis interna de la organización, en un momento crucial. El objetivo principal de esta maniobra diplomática es suavizar las tensas relaciones entre Estados Unidos y sus socios europeos, fuertemente marcadas por los reproches del presidente Donald Trump, quien acusó a Europa de darle la espalda durante la reciente guerra en Irán.
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Las fricciones dentro de la Alianza alcanzaron un punto crítico cuando varios países miembros se negaron en un principio a ceder sus bases para que las fuerzas estadounidenses repostaran o ejecutaran operaciones vinculadas al conflicto iraní. Aunque Alemania sí autorizó el uso de su base aérea de Ramstein para coordinar ataques, las críticas del canciller alemán, Friedrich Merz, hacia la gestión de Washington enfurecieron a Trump. Como respuesta, el mandatario estadounidense ordenó reducir las tropas de su país en suelo alemán y advirtió públicamente a sus aliados: «Recibamos apoyo o no… lo recordaremos», sentenció el pasado marzo desde el Air Force One.
Sin embargo, el panorama parece estar despejándose. El reciente acuerdo firmado entre Estados Unidos y Teherán para cesar las hostilidades ha sido un balón de oxígeno para la organización. Fuentes internas de la Alianza admiten que este pacto de paz reduce significativamente el riesgo de que la cumbre de julio se convierta en un campo de batalla político entre Trump y los líderes europeos.
En este nuevo contexto de desescalada, Europa busca recuperar el liderazgo regional. Francia y el Reino Unido están encabezando una iniciativa conjunta para restablecer la libertad de navegación comercial en el estrecho de Ormuz, un movimiento que ya cuenta con el despliegue de fragatas y dragaminas de varios países aliados. Desde la sede de la OTAN en Bruselas, Mark Rutte aplaudió estos esfuerzos, afirmando que asegurar el libre tránsito por esta vía marítima representaría «un avance enorme».
La gira de Mark Rutte por Estados Unidos, prevista del 23 al 25 de junio, se produce justo en la recta final hacia la cumbre de Ankara y tras la vital reunión de ministros de Defensa en Bruselas, que contará con la participación del secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth.
El gran desafío de Mark Rutte: El presupuesto del 5% del PIB en juego
Cuando los líderes de la OTAN se reúnan en Turquía los días 7 y 8 de julio, la exigencia de Washington será clara: Europa y Canadá deben asumir de una vez por todas su propia carga de seguridad. Esta presión viene acompañada de un aviso contundente por parte del Pentágono, que ya ha anticipado una reducción en el suministro de aeronaves clave para misiones de la Alianza, incluyendo cazas F-16 y F-35, así como bombarderos de largo alcance B-2 y B-52.
Ante esta de retirada estratégica, Mark Rutte se enfrenta a la titánica tarea de unificar a los aliados en torno al rearme. El secretario general no oculta su frustración ante la lentitud de algunas Gobiernos y planea presionar duramente para que se cumpla el ambicioso acuerdo pactado el año pasado en La Haya: destinar el 5% del Producto Interior Bruto (PIB) a Defensa.
«Necesitamos más fuerzas, más recursos y una base industrial mucho más sólida», advirtió Mark Rutte. Un mensaje que deja claro que, para mantener viva la Alianza, la inversión sostenida en la industria militar ya no es una opción, sino una obligación ineludible.
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Fuente: Euronews
Ciudad Valencia/Esteban Rodriguez/RM













