Aunque el mecanismo exacto aún no se comprende del todo, hay varias hipótesis que explican cómo los gatos pueden orientarse y encontrar el camino de regreso a casa, a veces incluso después de recorrer largas distancias.
Con el tiempo, hay dos hipótesis principales que han sido respaldadas por los estudios.
La primera sugiere que los gatos, al igual que algunas aves y otros mamíferos, tienen en sus células partículas de magnetita, un mineral con propiedades magnéticas. Estas partículas actúan como sensores internos que detectan los campos magnéticos de la Tierra y les proporcionan una referencia direccional, del mismo modo que lo hace una brújula.
Los gatos pueden orientarse de manera sorprendente
La segunda está relacionada con unas proteínas llamadas criptocromos, que están presentes en la retina de los ojos de varias especies de vertebrados. Al recibir luz azul, estas proteínas experimentan una reacción química que genera radicales libres sensibles al campo magnético: esto envía una señal nerviosa al cerebro que lo reinterpreta como información direccional.
Ambas hipótesis no son, de hecho, excluyentes; por ejemplo, las aves migratorias usan los dos mecanismos a la vez. Además, aunque muchos gatos pueden encontrar el camino de regreso a casa (de hecho, raramente se alejan a más de un kilómetro a la redonda), no todos lo hacen con la misma facilidad: factores como la edad, el estrés, las condiciones climáticas o el hecho de ser un gato que nunca ha salido al exterior pueden influir en su capacidad de navegación.
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Ciudad Valencia / National Geographic













