Artemis II: Un simbolismo del poder, la geopolítica en el espacio lunar y la distraccion de la opinion pública.

Con la Misión Artemis II estamos, sin duda, en presencia de un hecho histórico ¿Pero en qué contexto político nacional e internacional para los Estados Unidos se lanza esta misión tripulada para orbitar el lado oscuro de la Luna?

Hay que recordar que la ciencia y la tecnología no son neutrales; quien la desarrolla o pague para su desarrollo, la utilizará en función de sus intereses o ideología. ARTEMIS II es la demostración de que estamos ante una nueva carrera espacial. En el siglo XX, la Unión Soviética logró llevar la primera nave al espacio (satélite): el Sputnik 1, lanzado el 4 de octubre de 1957. Fue el primer objeto artificial en orbitar la Tierra. El primer ser vivo: la perra Laika, a bordo del Sputnik 2, el 3 de noviembre de 1957; el primer hombre: Yuri Gagarin, quien orbitó la Tierra a bordo de la Vostok 1 el 12 de abril de 1961; la primera mujer: Valentina Tereshkova, en la misión Vostok 6, el 16 de junio de 1963.

La Guerra Fría estaba en su apogeo y Estados Unidos no podía permitirse quedar atrás en materia aeroespacial; era la disputa simbólica del poder mundial a través de la ciencia y tecnología. En el gobierno de Richard Nixon “llega el hombre a la Luna: La misión Apolo 11 alunizó el 20 de julio de 1969. Neil Armstrong y Buzz Aldrin se convirtieron en los primeros humanos en caminar sobre la superficie lunar”. Las televisoras transmitieron y retransmitieron este acontecimiento; Estados Unidos impuso en el imaginario colectivo mundial su gran capacidad tecnológica y científica. Se abogó que “había derrotado a la Unión Soviética en la carrera espacial”. (En la comunidad científica espacial mundial, hay dudas y debate sobre si en realidad llegaron a la Luna).

Hoy la carrera espacial no es contra la Unión Soviética, sino contra la República Popular China. Misión Chang’e 4: hizo historia el 3 de enero de 2019 al lograr el primer alunizaje suave en el lado oculto (oscuro) de la Luna. Aunque otras naves habían orbitado esa zona antes, China fue la primera en aterrizar y desplegar un rover (Yutu-2); y se prepara para llevar en el año 2030 a astronautas chinos a la Luna. Por su parte, Estados Unidos, con el proyecto Artemis, ha dicho que la próxima misión es llevar al hombre a la Luna “nuevamente” en el año 2027.

 

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He aquí una clara evidencia de que EE. UU. no quiere perder la nueva carrera espacial con China; por ello, en el proyecto Artemis no solo participa el sector público, también el sector privado con las empresas SpaceX (de Elon Musk), Blue Origin (de Jeff Bezos), entre otra variedad de empresas. Porque no se trata de una simple misión por el avance del conocimiento de la humanidad; es una batalla por el dominio del espacio ultraterrestre o como llaman algunos especialistas: “la futura guerra por la minería espacial”.

En un trabajo de la BBC Mundo, el periodista Facundo Macchi entrevistó a Carlos García Galván, subdirector del Programa Gateway de la NASA, donde declara que “la Luna posee recursos llamados objetivos científicos” y manifiesta que el primero que logre llegar a la Luna “va a restringir un poco a los otros países” que pudieran llegar después. Cabe destacar que en el polo sur de la Luna hay agua congelada, que puede ser utilizada por seres humanos que establezcan allí una base; y en el llamado polvo lunar se consigue HELIO 3, material  disponible para alimentar a un reactor de fusión nuclear y ayudar, desde la Luna, para futuras misiones a Marte.

Trump lo confirma en las siguientes palabras: “Esta vez no solo plantaremos nuestra bandera y dejaremos nuestra huella; estableceremos una base para futuras misiones a Marte”. La geopolítica no solo se suscribe al ámbito terrestre, en los próximos años veremos cómo se profundiza la lucha de dominación e influencia del espacio ultraterrestre.

 

Busquemos la Lupa

La cobertura mediática de la misión Artemis II fue increíble. Los grandes medios de comunicación a nivel internacional se encadenaron para transmitir el despegue; se unieron millares de productores de contenido de las redes digitales. Todo un acontecimiento que proyectaba el poder simbólico de Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump, lavando su imagen en medio de dos escenarios que, sin duda, no le favorecen a él y su andamiaje político, militar, tecnológico y económico-financiero.

Los papeles del caso Epstein siguen circulando en la web; crímenes como la pedofilia y el canibalismo humano están a la luz pública y donde se ven involucrados los súper ricos, los políticos que hoy gobiernan la Casa Blanca. Un escándalo terrorífico que debió mover los cimientos del poder estadounidense; por menos, presidentes y funcionarios en otras partes del mundo han renunciado. Con referente a este caso no ha pasado nada. Cabe la pregunta: ¿Por qué esta misma cobertura no se realizó con el caso Epstein, donde la plutocracia estadounidense está involucrada en actos de pedofilia y canibalismo?

El otro escenario actual es la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, país que ha dejado en ridículo a Trump y a Netanyahu. La respuesta ha sido avasallante: Tel Aviv bombardeada, Netanyahu escondido, las bases militares de Estados Unidos en el Asia occidental destruidas, aviones de la fuerza aérea de Israel y de EE. UU. derribados. Irán también ha bombardeado destructores y buques petroleros; el estrecho de Ormuz cerrado, subida de los precios del petróleo, la OTAN peleada con Trump, los países árabes peleados con Trump.

Las consecuencias ya están a la vista: países de Europa y América Latina han subido el precio del gas y los combustibles, provocando malestar y descontento en los sectores populares y clase trabajadora. La misión Artemis II es lanzada en medio de esta guerra que se le revierte a Trump y su camarilla.

 

Curiosidades

Cuando el Apolo 11 despega hacia la Luna, Estados Unidos enfrentaba su inminente derrota en Vietnam; hoy Trump está empantanado con la guerra que inició contra Irán. Nixon se vio envuelto en el Watergate: el escándalo de espionaje político y abuso de poder (1972-1974) terminó con su presidencia. En ese entonces, los lanzamientos de las últimas misiones Apolo (1972) ocurrían mientras la confianza en el gobierno se desmoronaba. Hoy Trump enfrenta múltiples escándalos (Epstein, ICE y la represión contra los migrantes).

 

Subrayando el contexto

Con Artemis II y el despliegue mediático, Estados Unidos ratifica el relato en el imaginario colectivo mundial de la nación superpoderosa. Manda un mensaje preciso a sus adversarios, enemigos y socios: “soy el más fuerte” (si puedo llevar el hombre a la Luna, puedo desaparecerte en un abrir y cerrar de ojos si no te alineas a mis intereses).

Artemis II no tiene como propósito el avance del conocimiento para la humanidad; su objetivo es el futuro control de la minería espacial y la hegemonía del espacio. La guerra es un negocio y, con la guerra contra Irán, ganan la industria militar y las petroleras, porque a la fecha el petróleo del mar del Brent va por los 140 dólares. Y, claro está, como siempre, aquí perdemos los pueblos (los de a pie).

El poder mediático dirige la opinión pública, la manipula, le construye falsas realidades. Nuestra curiosidad por la ciencia no puede agarrarnos por incautos; Artemis II no es solo ciencia, es también alta geopolítica y, sobre todo, doctrina de expansionismo y dominación.

 

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Ciudad Valencia/RM