El ministro del Poder Popular para la Cultura, Raúl Cazal, visitó La Gran Pulpería de Libros Venezolanos, ubicada en Sabana Grande, Caracas, un auténtico templo de 832 metros cuadrados que resguarda cerca de tres millones de ejemplares.
La primera impresión del ministro fue que tras el doble sismo del pasado 24 de junio, la estructura de la edificación no sufrió daños.
Sin embargo, varios de sus estantes colapsaron en uno de sus costados, hasta topar con un pilar en donde se encuentra la sección dedicada a Simón Bolívar.

“¡Bolívar aguantó!”, exclamó Rómulo Castellanos, quien hoy lleva las riendas de esta emblemática librería fundada por su padre, el historiador y escritor Rafael Ramón Castellanos.
El eco de estas palabras llegó a oídos del ministro Cazal, durante un recorrido por este espacio cuyos pasillos los dividen unos 500 estantes; un universo casi borgiano donde las historias reales y las ficciones se entrecruzan a cada paso.
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Cazal, como un apasionado lector, escritor y promotor de la lectura, que en otras épocas visitaba asiduamente, le expresó a Castellanos el apoyo del ministerio para que La Gran Pulpería y el sector del libro se mantengan en pie después de estos embates que ha sufrido el pueblo venezolano. En el encuentro también estuvo presente Carlos Ortiz, editor y profesor universitario, quien desde el primer día ha acompañado a Castellanos en la rehabilitación de esta librería tan querida por los caraqueños.
Como un involuntario juego de palabras, Castellanos expresó que “se cayó Derecho”, para luego ir mencionando otros estantes que se derrumbaron, como las secciones de Psicología y Esoterismo; y es que, al igual que el propio suelo de su espacio geográfico, ese rinconcito de Caracas hecho de libros también se movió.
“Pero Bolívar fue el soporte”, contestó Cazal, tras la reafirmación del librero sobre el tramo dedicado a El Libertador.
Castellanos recordó que al día siguiente del desastre la librería estuvo a oscuras, y que gracias a que detectó a tiempo un cortocircuito, logró evitar un incendio.

Muy pocos fueron los libros afectados. Apenas a algunos se les desprendió la portada de tapa blanda; pero la mayoría terminó demostrando que “los libros son indestructibles”, como lo manifestó el propio dueño de La Gran Pulpería.
Ortiz añadió que el terremoto también desenterró joyas de la literatura que se hallaban traspapeladas. Uno de esos ejemplares apareció de pronto en las manos de Castellanos para enseñarnos las “Obras completas” de Teresa de la Parra, publicada por la Editorial Arte en 1965 sobre fino papel biblia. “Este me lo llevo, lo compro”, reaccionó de inmediato Cazal, a lo que el librero, con rápida ocurrencia, le respondió: “Te hago un descuento”.
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La solidaridad de los jóvenes
Todo está volviendo a su lugar gracias a las manos de los jóvenes que forman parte de La Gran Pulpería. Pero también al trabajo de voluntarios que aman los libros: talentos provenientes de las letras o de otras áreas del saber que siempre encuentran un refugio en este búnker de la lectura.
Castellanos manifestó que la librería se mantiene firme en continuar su servicio, aunque de manera transitoriamente flexibilizada mientras rehabilitan y reorganizan el espacio. Sin embargo, el lugar sigue abriendo sus puertas para vender e incluso obsequiar algunos ejemplares, sobre todo a quienes han sumado su apoyo.
Cazal se despidió con las manos llenas de libros esenciales, por mencionar “Historia y antología de la literatura venezolana”, de Pedro Díaz Seijas, y la “Cartografía antigua de Guayana”, junto a otras obras dedicadas a la historia patria que alimentan ese espacio de memoria en el que siempre hallamos nuestro punto de encuentro como venezolanos.
El ministro también le informó a Castellanos que ha tenido contacto con los directivos de la Cámara Venezolana del Libro para hacer un inventario sobre los bienes culturales afectados por el doble terremoto y evaluar acciones en favor del sector editorial.
Fuente: MinCultura/Alba Ciudad
Ciudad Valencia/RM













