En el corazón del municipio Naguanagua, estado Carabobo, se encuentra un tesoro cultural y turístico que guarda la esencia de la tradición cacaotera venezolana: la Hacienda Maíta. El equipo de prensa del Diario Ciudad Valencia se trasladó hasta el sector La Belén, en Trincheras, para conocer de cerca esta historia que combina trabajo, memoria y sabor. Allí, entre ríos, plantaciones y recuerdos, la familia Estrada mantiene vivo un legado que se transmite de generación en generación, convirtiendo el cacao en símbolo de identidad y orgullo local.

Un nombre que honra la memoria
Yuliber Estrada relata el origen del nombre de la hacienda: “El nombre se debe a mi mamá, María Felicita Estrada, a quien todos llamaban ‘Maíta’. Tras la partida de nuestros padres y más tarde la de ella, decidimos bautizar la hacienda en su honor, porque ella representa nuestra fuerza y nuestra historia.”
Posteriormente la hacienda estuvo bajo la dirección del hermano Luis Estrada apodado como «el maestro del cacao», quien siguió llevando las riendas de la producción hasta su partida física; sigue siendo recordado con admiración porque fue el primero en la familia quien logró procesar el cacao a chocolate y representó dignamente en Colombia a todos los productores de Trincheras en el estado Carabobo y el legado familiar mostrando sus productos derivados del cacao.
La Hacienda Maíta es más que un espacio de cultivo es un lugar donde la infancia de once hermanos estuvo marcada por anécdotas de trabajo, juegos y aprendizajes alrededor del cacao. “Recuerdo cuando nos mandaban a llevar la comida a los que trabajaban y en el camino nos comíamos los cacaos, aunque a mi padre no le gustaba”, cuenta Yuliber entre risas y nostalgia.
El cacao como respeto y tradición
Para la familia Estrada, el cacao no es solo una fruta: es un legado que merece respeto. “No lo vemos a la ligera, es nuestro trabajo y le damos valor. Nos reunimos como familia y trabajamos en equipo, sembramos, limpiamos y transformamos el cacao en chocolate”, afirma Yuliber.
Ese compromiso se refleja en la participación de la hacienda en ferias y eventos culturales, como la FITVEN 2025, donde su chocolate artesanal ha conquistado paladares y generado orgullo para Naguanagua. Incluso los más pequeños de la familia, como una nieta que imita el turbante de su abuela para trabajar, ya conocen el proceso del cacao y se preparan para continuar la tradición.
Producción y diversidad de sabores
Carlos Miguel Estrada explica que de las tres hectáreas y media de la hacienda, con unas 3.000 plantas, se obtiene aproximadamente una tonelada de cacao. Edgar Estrada complementa: “Del cacao sacamos manteca, polvo, chocolates al 70% y 100%, bombones, vino, ponche, cascarilla para té y hasta de la concha de la mazorca del cacao realizan fertilizante para las plantas. Nada se pierde, todo se transforma.”
La innovación y creatividad de la familia han convertido al cacao de Trincheras en un producto reconocido, han recibido visitas de turistas de Europa y América Latina, quienes destacan su calidad y sabor único.
Un llamado a valorar el cacao
La familia Estrada insiste en que el cacao no debe limitarse a la venta de la almendra, sino aprovecharse en todas sus posibilidades destacando su transformación de cacao a chocolate. “Queremos que los turistas vengan, prueben y disfruten del cacao de Trincheras. Es un orgullo que lo reconozcan como uno de los mejores”, afirma Edgar.
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La historia de la Hacienda Maíta es un ejemplo de cómo la tradición familiar se convierte en motor de desarrollo turístico y cultural. En cada bombón, en cada taza de té o en cada barra de chocolate, se refleja el esfuerzo colectivo de una familia que honra a sus padres y proyecta el futuro de sus hijos y nietos.
El cacao de Trincheras no es solo un producto: es un símbolo de unión, respeto y trabajo compartido. Apoyar estas iniciativas locales significa preservar la memoria de nuestros pueblos y fortalecer la identidad venezolana. La Hacienda Maíta nos recuerda que la verdadera riqueza está en la familia y en el valor de nuestras raíces.
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Ciudad Valencia/Karen Mavares/RM
Video y Fotos: DT/KM














