En octubre de 2023, vi un homenaje colgado en YouTube sobre Ida Gramcko y surgió la curiosidad por conocer más a esta autora. Cuando la edición 19° Filven capítulo Carabobo la designó escritora homenajeada para mayo de 2024, la respuesta ante la pregunta de cómo participar fue tan directa como desafiante: ¡Hay que inventarlo!
Asumir esa orden implicaba rechazar de inmediato los formatos acartonados y los discursos solemnes. Como no podía hacerlo sola, busqué a Vanileiby Rivas y Emily Sofía González para formar equipo; juntas tomamos el riesgo de construir un acercamiento vivo, que luego estalló en la virtualidad en octubre de 2024 para celebrar su centenario sumando también voces ajenas al gremio literario en apenas tres días.

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Pero invocar a Ida Gramcko exige ir mucho más allá del aplauso de efeméride. Significa raspar la superficie de una biografía marcada por la tirantez, el rigor y una inconformidad radical con los moldes establecidos.
Nacida en Puerto Cabello el 11 de octubre en 1924, Ida no conoció la escuela tradicional en su infancia; tras ser retirada de un colegio de monjas al año de ingresar, aprendió a leer descifrando el paisaje urbano de su puerto: la A de aduana, la C de confitería y la B de biblioteca.
Su relación con la escritura no nació como un pasatiempo escolar, sino como una urgencia física. A los tres años, sintiendo un golpe en la cabeza y exigiendo papel a su madre, dictó su primer texto sobre un lirio blanco:
«En esa mata de hojas verdosas / como un alma blanca surge un lirio encantador».
Esa necesidad la acompañó siempre. De niña se paraba en el comedor a gritar: «¡Morocotas!» o declaraba que pensaba en la muerte, rechazando con fastidio el conformismo de los adultos que repetían frases hechas como «la vida es un soplo». Prefería el encierro de su cuarto, la lectura celosa y una distancia inquebrantable frente al deterioro y la dureza de su entorno.
Instalada en Caracas, su rutina se ejecutaba con precisión: se levantaba a las seis de la mañana para leer a los clásicos (Góngora, Manrique, Quevedo, Cervantes, Garcilaso), y dejaba las tardes para la narrativa contemporánea de Huxley, Stendhal o Mann, intercalando guiones de radio y versos.

En las redacciones de prensa, Oscar Yanes la recordaba cargando libros forrados, chupando una paleta o jugando con un gurrufío, intentando pasar desapercibida a pesar de su deslumbrante intelecto.
Cuando el periodista español José Benavides la observó pulcra, sin las habituales manchas de tinta en los dedos de las jóvenes aspirantes a escritoras, y cuestionó su puerta, ella respondió con absoluta firmeza:
«Se equivoca usted. Soy una muchacha verdadera».
Detrás de esa timidez congénita (la misma que la hizo ruborizarse de vergüenza cuando Rufino Blanco Fombona se abrió la bragueta para mostrarle la cicatriz de un duelo), latía una trabajadora infatigable del periodismo. Para ella, los reportajes no eran un relleno, sino una «férrea gimnasia literaria» para depurar la prosa, sacudirse la cursilería y mirar de frente la realidad.

Ese rigor no era solo estético; era también político. La noche del 18 de octubre de 1945, apenas un mes y medio después de casarse con José D. Benavides, Ida salió a las calles de Caracas en medio de los disparos del Cuartel San Carlos durante el derrocamiento de Isaías Medina Angarita. Su misión no era otra que buscar y asegurar el comunicado oficial del nuevo gobierno. Quien caminaba entre plomo por una información urgente no encajaba jamás en el estereotipo del poeta frágil o recluido en una torre de marfil.
Hoy, al cumplirse 102 años de su nacimiento, conmemorar a Ida Gramcko desde Ciudad Valencia exige sostener ese mismo pulso incómodo. No se trata de repetir su nombre como un cliché inofensivo, sino de asumir su herencia: la de una mujer que aprendió a descifrar el mundo sin concesiones, que hizo del periodismo trinchera y de la poesía un acto de inquebrantable lucidez.
La tarea que asumimos en equipo, junto a Vanileiby y Emily, no buscaba convertirse en un adorno formal, sino mantener encendida una voz que todavía hoy nos interroga y nos exige no hacer más de lo mismo.
Fuente: Kizer, Gabriela. Ida Gramcko. Biblioteca Biográfica Venezolana, vol. 125. Caracas: CA Editora El Nacional / Fundación Bancaribe, 2010.
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