Las vivencias traumáticas, como el doble terremoto que vivió Venezuela el pasado 24 de junio, pueden aumentar las tasas de problemas de salud mental. Alrededor de una de cada diez personas desarrolla algún trastorno psiquiátrico.
En este contexto, el riesgo es mayor para quienes se encontraban en las áreas más afectadas, quienes sufrieron consecuencias negativas o si ya tenían un padecimiento. No obstante, es posible tratarlo mediante terapias breves y estratégicas de autorregulación emocional.
Efectos en la salud mental
El trauma por un terremoto no es un evento único, sino más bien un periodo de trauma prolongado de varias situaciones estresantes inesperadas:
1) El trauma inicial por el movimiento violento.
2) Factores que amenazan la vida, como el colapso de edificios, quedar atrapado bajo los escombros, incendios, si hay condiciones climáticas extremas, etc.
3) Exposición a escenas aversivas, como ver personas atrapadas bajo escombros, cuerpos mutilados, etc.
4) Pérdida de recursos.
5) Eventos estresantes asociados con las consecuencias del desastre, como traslado a albergues, alteraciones a la vida cotidiana, problemas derivados de la pérdida de recursos, etc.
6) Réplicas en curso que generan pánico.
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Trastornos relacionados
Después de un terremoto, hasta 63% de las personas reporta desesperanza, disminución de la motivación, menor competitividad, pérdida del apetito o de peso, fatiga, síntomas de depresión, desinterés y pérdida de placer.
Además, un evento de este tipo se asocia con el incremento de los trastornos psiquiátricos; los más característicos son el trastorno por estrés postraumático (TEPT) y el trastorno depresivo. También se han reportado altas frecuencias de otros trastornos de ansiedad (pánico, ansiedad generalizada, agorafobia) y consumo excesivo de alcohol y drogas.
Lo anterior, puede ser explicado tanto por el impacto inmediato del desastre, que puede ser atemorizante y poner en peligro la vida, como por las consecuencias negativas derivadas del mismo, incluida la muerte de familiares o amigos, la pérdida de empleo o de vivienda, lo cual contribuye a una sensación importante de vulnerabilidad.
El trastorno de pánico se caracteriza por ataques de miedo intensos que surgen de forma repentina y una inquietud persistente por la posibilidad de sufrir nuevos ataques, la preocupación por las implicaciones de éstos y otras alteraciones significativas en el comportamiento.

Por otra parte, el TEPT se caracteriza por un miedo intenso y persistente al estímulo relacionado con el trauma (en este caso, el terremoto). Se presentan rememoraciones constantes del evento traumático, pesadillas, problemas de sueño y dificultad para concentrarse.
Por lo tanto, las personas con este trastorno tienden a evitar cualquier situación que les evoque un recuerdo relacionado con el trauma y se mantienen en un constante estado de hipervigilancia. Por ejemplo, muchas personas evitan el sitio en el que experimentaron el terremoto, se rehúsan a entran a edificios o lugares de los que podría ser difícil escapar en caso de un temblor, no quieren permanecer solos en casa y tampoco pueden dormir.
Esta situación a menudo causa discapacidad social y laboral, e interfiere con la calidad de vida al desencadenar otros trastornos mentales, como la depresión.
El aprendizaje observacional del miedo también desempeña un papel importante en el desarrollo del TEPT. Tras vivir un terremoto, los sobrevivientes del desastre a menudo presencian escenas de personas sufriendo, horrorizadas, en pánico, gritando, etc.
Es posible, además, que los medios de comunicación también tengan un impacto, pues transmiten imágenes de sobrevivientes gravemente heridos, angustiados o en duelo, personas atrapadas vivas bajo los escombros, etc. De hecho, algunos estudios han encontrado que mirar la televisión en los primeros días del desastre aumenta el miedo anticipatorio a los sismos, lo cual podría deberse a una reevaluación del peligro que representa
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¿Qué tratamientos hay disponibles?
- Reestructuración cognitiva: En este caso, el objetivo general del tratamiento es promover el enfrentamiento del individuo afectado a los recuerdos que le hacen revivir el trauma.
- Terapia de exposición: Este tipo de terapia está basada en la teoría de procesamiento emocional. Bajo este enfoque se considera al miedo como una representación en la memoria que aparece en forma de un programa o estructura de nuestros pensamientos para huir del peligro.
- Terapia de desensibilización y reprocesamiento por medio de movimientos oculares: Otra terapia que ha mostrado su eficacia en el manejo de los síntomas del TEPT es la llamada EMDR (por las siglas en inglés de eye movement desensitization and reprocessing), que se refiere a la desensibilización y el reprocesamiento por medio de movimientos oculares. Ésta es una forma de psicoterapia que incluye la terapia de exposición, movimientos oculares y la evocación y verbalización de uno o varios eventos traumáticos.
- Terapia conductual enfocada en el control: Este fue diseñado como una intervención que favorece el proceso de recuperación natural al restablecer el sentido de control sobre la ansiedad, el miedo y el estrés provocado por la situación o las situaciones traumáticas.
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Fuente: amc.edu.mx/revistaciencia
Ciudad Valencia/MG
Fotos: France24













