Este domingo 19 de octubre marcará un hito en la historia religiosa de Venezuela: la canonización del doctor José Gregorio Hernández Cisneros.

Con este acto, el “médico de los pobres” se convertirá oficialmente en el primer santo nacido en suelo venezolano, culminando un proceso de fe y devoción popular que comenzó hace más de un siglo.

Nacido el 26 de octubre de 1864 en la pequeña localidad de Isnotú, estado Trujillo, José Gregorio Hernández fue el mayor de los hijos del matrimonio entre Benigno Hernández y Josefa Antonia Cisneros.

 

La temprana muerte de su madre, cuando él estaba por cumplir ocho años, marcó su infancia, pero también fortaleció los lazos familiares y la fe que su progenitora le había inculcado. Bajo la tutela de su tía paterna y la influencia de un ambiente impregnado de valores cristianos, José Gregorio Hernández se distinguió por su conducta ejemplar y su brillantez académica.

Con apenas 13 años, emprendió el viaje a Caracas para cursar el bachillerato en el Colegio Villegas y, posteriormente, la carrera de Medicina en la Universidad Central de Venezuela (UCV), donde se graduó con excelentes calificaciones el 29 de junio de 1888.

 

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Vocación de servicio

Aunque tuvo oportunidades en la capital, su convicción lo llevó de vuelta a Los Andes, donde ejerció la profesión entre los más necesitados. Sin embargo, su talento no pasó desapercibido. Poco después, el presidente Juan Pablo Rojas Paúl lo recomendó para una beca de especialización en París (Francia).

A su regreso, José Gregorio Hernández se convirtió en un pilar de la medicina moderna venezolana. Introdujo el primer laboratorio científico del país y se dedicó apasionadamente a la docencia universitaria, combinando el rigor científico con una profunda humanidad.

 

Búsqueda de Dios: dos intentos de vida religiosa

Más allá de su carrera científica, José Gregorio albergaba una profunda vocación espiritual. En 1908, ingresó en el convento de La Cartuja en Italia, pero no pudo adaptarse al riguroso estilo de vida. Intentó nuevamente en 1913, ingresando en el seminario Pío Latinoamericano de Roma, pero por  problemas de salud y el estallido de la Primera Guerra Mundial lo obligaron a regresar a Venezuela.

Fue así como su misión se desarrolló en las calles de Caracas. Estableció su residencia y consultorio en el sector de La Pastora, desde donde atendía a ricos y pobres por igual, sin cobrar a los más desfavorecidos. Su imagen, con su característico traje oscuro, bigote y sombrero, se volvió emblemática de la caridad y la dedicación.

 

Una muerte que consolidó una devoción eterna

El 29 de junio de 1919, tras cumplir con sus deberes religiosos y profesionales, el Dr. Hernández falleció trágicamente al ser atropellado por un automóvil en la esquina de Amadores, en La Pastora.

Su muerte conmocionó al país. Decenas de miles de personas acudieron al funeral, un testimonio palpable de la profunda admiración y el cariño que el pueblo le profesaba. Inmediatamente después de su deceso, la devoción por el “médico de los pobres” se expandió por toda Venezuela y más allá de sus fronteras.

 

Camino a los altares

El proceso de canonización avanzó decisivamente con el reconocimiento de un milagro por el Papa Francisco. Este hecho ocurrió en 2017 e involucró a la niña Yaxury Solórzano Ortega, quien recibió un disparo en la cabeza y fue desahuciada por los médicos. Tras las fervientes oraciones de su madre pidiendo la intercesión de José Gregorio Hernández, la menor se recuperó completamente sin secuelas, en un caso que la medicina no pudo explicar.

Este milagro permitió su beatificación en 2021. Ahora, un segundo milagro aprobado allana el camino para su canonización este 19 de octubre, un hecho histórico que consolida su legado como un modelo de entrega, unión entre la fe y la razón, y patrono de la esperanza para Venezuela y el mundo.

 

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Fuente: Venezuela News

Ciudad Valencia / DG