“Like Crazy”, dirigida por Drake Doremus, es un drama romántico independiente que ganó el Gran Premio del Jurado en Sundance. Lo especial de la película es que no es el típico romance de Hollywood lleno de clichés, sino algo mucho más íntimo, improvisado y dolorosamente real. Nos mete de lleno en la relación de Anna (Felicity Jones) y Jacob (Anton Yelchin), que empieza con esa chispa apasionada de juventud, pero pronto se ve marcada por un obstáculo brutal: la distancia.
La historia en pocas palabras
Anna es una estudiante británica en Los Ángeles y Jacob un joven estadounidense. Se conocen en la universidad y se enamoran de una manera que parece inevitable. Todo es intensidad, pasión, pequeños detalles (esas miradas, las cartitas que ella le deja)… pero Anna comete un error: se queda en EEUU. más tiempo del permitido con su visa de estudiante. Eso provoca un problema enorme: cuando intenta volver, no puede entrar al país.

Y aquí es donde el cuento de hadas empieza a desmoronarse. Su relación se convierte en un ir y venir lleno de esperas, burocracias, frustraciones y silencios. Lo bonito se mezcla con lo desgastante: llamadas frías, discusiones, la vida avanzando en paralelo con otras personas, pero siempre con esa sensación de que ninguno puede soltar del todo al otro.
El estilo y la sensación
Lo más brutal de la peli es su realismo. Gran parte de los diálogos fueron improvisados, lo que hace que se sienta como si estuviéramos espiando una relación real. No hay música de violines grandilocuente, ni declaraciones épicas. Es puro vivir cotidiano: risas en la cama, discusiones tontas, momentos incómodos. Y eso duele más, porque cualquiera que haya vivido un amor a distancia (o un amor imposible) se reconoce en esos gestos.
Además, la dirección de Doremus usa muchos planos íntimos, silencios prolongados y miradas cargadas. La cámara casi se pega a ellos, mostrando la ternura y la vulnerabilidad.
Lo que transmite
“Like Crazy” no es una historia de amor perfecta, sino un retrato de cómo el tiempo y la distancia desgastan incluso los sentimientos más profundos. Habla de esa contradicción de amar intensamente, pero a la vez sentir que ya no encajas en la vida del otro. Es dura porque no busca un final edulcorado, sino uno ambiguo, abierto a la interpretación: ¿aún se aman de verdad o solo están aferrados a un recuerdo de lo que fueron?
Y… ¿Si profundizamos?
- El enamoramiento y la idealización: Al inicio, Anna y Jacob representan el clásico “amor romántico” que roza la obsesión. Se idealizan mutuamente: cada gesto, palabra y mirada está cargada de significado. Esto refleja la primera fase de una relación, donde la dopamina y la oxitocina gobiernan, y muchas veces se ignoran las consecuencias prácticas (como la visa de Anna).
Psicológicamente, este estado es un “apego ansioso”, donde el otro se convierte en el centro del mundo, casi una extensión de la propia identidad.

- La distancia como detonante de inseguridad: La imposibilidad de estar juntos físicamente destapa fragilidades internas. La relación se transforma en una constante ansiedad: dudas, celos, discusiones. Lo que antes parecía mágico se vuelve un peso.
Aquí se refleja cómo el apego inseguro se activa en relaciones a distancia: necesidad de control, miedo al abandono y dificultad para confiar plenamente en que el vínculo sobrevivirá.
- El desgaste emocional y la frustración: Con el tiempo, tanto Anna como Jacob empiezan a vivir otras experiencias, a tener nuevas parejas, pero sin cortar del todo el lazo entre ellos. Esto muestra cómo muchas relaciones se convierten en una mezcla de amor real y apego a la memoria del amor.
Es decir, no solo extrañan al otro, sino la versión de sí mismos que tenían cuando estaban juntos: jóvenes, apasionados, llenos de esperanza.
- La ambigüedad del final: El cierre de la película, sin dar respuestas claras, es profundamente psicológico. Esa escena refleja la ambivalencia emocional: querer a alguien, pero al mismo tiempo no sentirse ya en el mismo lugar. Esa sensación de “nos amamos, pero no podemos”.
Es un final abierto que muestra lo que pasa en muchas parejas: quedarse atrapados entre el deseo de seguir y la necesidad de soltar.
“Like Crazy” funciona casi como un estudio sobre el apego, la distancia y la fragilidad del amor juvenil. Nos recuerda que el amor no siempre es suficiente para sostener una relación, y que muchas veces lo que duele no es solo perder al otro, sino perder la ilusión de lo que se fue juntos.
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Podemos decir que esta película es como un suspiro largo, de esos que dejas salir cuando recuerdas un amor pasado. Es íntima, melancólica y real. “Like Crazy” nos recuerda que el amor puede ser hermoso y, al mismo tiempo, insuficiente. Que hay veces en que las circunstancias pesan más que los sentimientos.
Si la ves con el corazón abierto, seguro te va a dejar con esa mezcla de nostalgia y reflexión sobre tus propios vínculos. Así que, como siempre les digo: “si no la han visto, véanla y si ya la vieron, vuélvanla a ver, no tiene perdida de nada”.
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Isabel Londoño, egresó de la Universidad de Carabobo (UC) en el área psicosocial, tiene también estudios universitarios en turismo y sistemas.
Es una apasionada de la música y del Séptimo Arte desde que tiene memoria, siendo el cine y sus distintos géneros la pasión a la que ha dedicado más horas y análisis. Sus reseñas sobre clásicos o estrenos del cine aparecen ahora, cada viernes, en Ciudad Valencia desde “El Rincón Cinéfilo”.
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