En nuestro artículo anterior sobre este mismo tema de la Megaelección Venezuela 2021, nos centramos en el análisis de la contradicción dialéctica entre la Decadencia y la Revolución en el contexto de las elecciones como procesos históricos. El primero identifica y caracteriza a la oposición política y su amo, el imperio norteamericano; mientras el segundo corresponde al protagonismo histórico de las fuerzas populares, bolivarianas-chavistas, agrupadas en el PSUV y el Gran Polo Patriótico.
En esta segunda parte, exponemos algunas ideas acerca de la importancia y dimensión histórica de esta mega jornada electoral. Comenzamos, entonces, con dos preguntas ¿Cuál es la importancia de esta mega elección? ¿Por qué es importante y cuál es su dimensión histórica? La respuesta pasa, primero, por un pequeño ejercicio de análisis semántico con enfoque dialéctico, que nos permite precisar la naturaleza de las contradicciones implícitas en el tema.
De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, un acontecimiento o evento es importante cuando “es conveniente o interesante; de mucha entidad o consecuencia”. En tal sentido, vale decir que las elecciones legales, legítimas y constitucionales, como herramienta del pueblo para renovar sus poderes públicos, son de vital importancia y necesidad política y socio-cultural.
Tenemos, entonces, una similitud de sentidos entre las siguientes cinco palabras: importancia, conveniencia, interés, entidad y consecuencia. Apoyándonos en ellas, podemos realizar una diferenciación semántica y dialéctica entre la visión revolucionaria del chavismo bolivariano y la visión contrarrevolucionaria de la oposición apátrida, en los siguientes términos:
Primero, desde la visión chavista, diríamos: “Esta megaelección sí es importante porque reafirma lo que somos, lo que queremos y debemos ser como país libre e independiente, democrático, participativo y protagónico, donde se respeta y se cumple la Carta Magna de la República para que todos y todas disfrutemos y ejerzamos por igual, nuestros deberes y derechos constitucionales.
Todo eso, en un clima de paz, de entendimiento dialéctico y dialógico para la preservación de la convivencia pacífica y el fortalecimiento de la recuperación económica; superar la actual crisis y restituir el estado de bienestar social del pueblo trabajador y constructor de su propio destino, con base en la productividad económica, social, cultural y política”.
Segundo, desde la perspectiva obtusa y demagógica de la oposición más irracional, se diría: “Esta megaelección no tiene ninguna importancia, es una trampa, un fraude banal de la dictadura de Maduro y la boliburguesía chavista; no es conveniente porque no hay posibilidades de ganar sino solamente perder porque nos roban los votos. Por esa razón, no nos conviene; no nos importa, la despreciamos; no es una entidad válida; pues, no existe, no es real; sino un fraude y no nos interesan sus consecuencias”.
Pero, en sentido contrario, existe otra oposición un poco más racional, que sí optó por participar en esta mega elección, porque está convencida de la derrota histórica y definitiva de la vía violenta para recuperar el poder perdido y restituir su viejo y anacrónico pacto de Punto Fijo, junto al imperio, con base en su viejo modelo capitalista-burgués de democracia formal representativa.
De esta manera, se puede uno imaginar los razonamientos de ambos lados para precisar sus diferencias conceptuales, políticas, éticas y morales que explican los sentidos y la relación dialéctica entre las fuerzas patrióticas populares y revolucionarias del chavismo bolivariano, por un lado; y las fuerzas apátridas, antipopulares y contra revolucionarias de la oposición política pro-norteamericana, pitiyanqui, violenta y no violenta, por el otro.
Digamos, entonces, que en términos de la dialéctica histórica-social del presente y el futuro inmediato de nuestro país, la visión constructiva y positiva del chavismo, sigue viva y presente con su extraordinaria fuerza para imaginar y construir nuevas realidades beneficiosas para el pueblo y la soberanía del país, con base en la CRBV y el Plan de la Patria.
En sentido contrario, la oposición sigue anclada en su visión negativa y destructiva que cada día la reduce más y más a la nada existencial; pero, paradójicamente funcional para los objetivos inmediatos y estratégicos del imperialismo.
Este comportamiento torpe, absurdo y claramente servil de la oposición, revela que en el fondo, su dinámica política, partidista y electoral, no está ni proviene de su propia sensibilidad social, ni de su propio cultivo intelectual; sino que depende de poderes extranjeros, extraterritoriales e imperialistas, particularmente de los Estados Unidos, que pretenden imponer en nuestro país sus designios para destruirnos.
La actual tragedia política de la oposición, es resultado directo de sus propios errores tácticos y estratégicos. La desobediencia civil, el tradicional golpe de Estado, la insurrección cívico-militar, la guerra no convencional y multifactorial, la anarquía y el caos, guarimbas, quemas de instituciones y gente del pueblo, el magnicidio, la guerra económica, el saboteo de los servicios públicos y todas las formas violentas para tomar el poder, fracasaron y fueron derrotadas.
Sin embargo, el enemigo imperialista sigue en pie con sus estrategias y tácticas desestabilizadoras y destructivas, ya no tanto contra el chavismo y el gobierno, sino contra la economía nacional e internacional, contra las instituciones, contra el bienestar del pueblo, la salud, la educación, los servicios públicos, la paz y el diálogo entre venezolanos y venezolanas.
El imperio norteamericano insiste en sus designios monroístas, en su vieja hegemonía anacrónica y decadente; en su estrategia desgastada de bloqueo financiero, comercial y marítimo; o la nefasta y trágica estrategia final de invasión militar directa, criminal y destructiva. Esa es la verdadera agenda del imperio.
Frente a esa realidad, el chavismo bolivariano reafirma que somos un país libre, soberano e independiente, sustentado en un modelo constitucional de democracia participativa y protagónica; del pueblo, con el pueblo y para el pueblo, que es el soberano, el verdadero y auténtico protagonista de la verdadera democracia, tal como está definido en el preámbulo de nuestra Carta Magna.
A partir de lo dicho, podemos enumerar los siguientes elementos que evidencian la importancia de este nuevo proceso electoral:
1.- Estamos cumpliendo con el mandato constitucional de renovar los periodos de ejercicio de funciones en los siguientes poderes: Gobernaciones de los estados que conforman la República, Alcaldías de los municipios de cada estado, diputados o legisladores de los Consejos Legislativos Estadales y los concejales de los respectivos municipios.
Se trata de los poderes locales, inmediatos y más accesibles del Estado Nacional con los cuales el pueblo tiene una relación más directa, orgánica y consistente, para resolver sus problemas y necesidades más inmediatas. En tal sentido, la renovación de los mandos es necesaria, legítima y constitucional, sustentada en la voluntad y el protagonismo de las comunidades organizadas de cada municipio.
2.- Esta Megaelección es un mensaje claro, preciso y contundente a la comunidad internacional: a la ONU, al Movimiento de los No Alineados, MNOAL, a la Unión Europea, a la Unión Africana, a la CELAC, UNASUR, PETROCARIBE; a nuestros aliados geopolíticos: Rusia, China, Irán, India, Turquía, entre otros; y a la envejecida, arruinada y fallida OEA.
Pero, igualmente, nuestra megaelección es un ejemplo, un grito de lucha, amor y esperanza de la democracia participativa y protagónica, plebeya y rebelde, del pueblo y para el pueblo, legitimada por el voto individual, directo y secreto en máquinas de alta tecnología y garantía de pulcritud y eficacia a toda prueba.
3.- Esta Megaelección tiene, además, dos antecedentes de ejercicio de la democracia directa al interior del PSUV y sus aliados. El primero fue el proceso de postulaciones internas de pre candidatos y candidatas en igual número, a la Gobernación, Alcaldías, Consejo Legislativo y Concejos Municipales.
El segundo fue la realización de elecciones primarias abiertas para escoger las candidaturas definitivas desde las candidaturas postuladas. Esta experiencia fue definitiva y puso a prueba la consistencia organizativa y la fortaleza política, táctica y estratégica del PSUV.
De manera que cada candidato y candidata del PSUV y el Gran Polo Patriótico, que hoy compiten con los candidatos de la oposición, pasaron las dos pruebas de selección por la base: la postulación interna paritaria hombre-mujer; y la elección individual en primarias abiertas.
Esta experiencia marca la ruta necesaria por donde deben correr las aguas diversas, cristalinas e imprescindibles de la democracia directa, participativa y protagónica y revolucionaria del pueblo libre, independiente y soberano que somos, para trascender definitivamente el viejo sistema capitalista dependiente y construir nuestro propio modelo socialista bolivariano del siglo XXI.
4.- Es pertinente recordar que, para nuestro fundador y máximo líder, el comandante Hugo Chávez, el PSUV es un partido de cuadros y un partido de masas, al mismo tiempo. Esto quiere decir que los cuadros dirigentes y las masas trabajadoras, somos todos militantes por igual, con los mismos derechos para elegir y ser elegidos y los mismos deberes de defender la patria y hacer la revolución con el pueblo, por el pueblo y para el pueblo.
Cualquier cuadro o dirigente que no cumpla bien su función y no sea reconocido por las bases del partido y las comunidades organizadas ya no es cuadro ni dirigente. Igualmente, si de la masa surgen militantes destacados y lúcidos, pasan a ser cuadros dirigentes. Esa es la dialéctica que mantiene viva, renueva, reconoce y legitima tanto a la vanguardia como a las masas del PSUV.
5.- La dirigencia nacional del PSUV, la dirigencia institucional de los cinco Poderes del Estado y el Alto mando militar de la FANB, todos bajo el mando de la máxima jefatura, representada y ejercida por el Presidente y Jefe de Estado, Nicolás Maduro, conforman hoy la vanguardia histórica, la principal dirección política-militar del proceso revolucionario bolivariano con base en las dos premisas fundamentales de este tiempo en el terreno civil y militar: la primera, UNIDAD, LUCHA, BATALLA Y VICTORIAS; la segunda, LEALES SIEMPRE, TRAIDOSRES NUNCA.
Gracias a esa hegemonía, forjada desde el protagonismo del pueblo y la unidad cívico-militar-policial-religiosa de las fuerzas bolivarianas chavistas, hemos logrado construir el sustento teórico, doctrinario, metódico y epistémico de lo que hoy es el nuevo Sujeto Histórico de la revolución bolivariana-chavista, anti imperialista y del socialismo bolivariano del siglo XXI.
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Históricamente, no es posible ni podemos regresar a las viejas formas de las dictaduras militares represivas, criminales y entreguistas como las de Gómez o Pérez Jiménez durante la primera mitad de nuestro siglo XX. Tampoco es viable regresar al modelo de democracia formal representativa del viejo pacto puntofijista direccionado por AD y COPEI durante la segunda mitad del siglo pasado.
Hoy, la única alternativa sustentable, válida, constitucional, legal y legítima es nuestro actual modelo de Democracia Participativa y Protagónica, ejercida directamente a través del voto individual, directo y secreto de cada habitante apto para votar.
De esa manera reafirmamos y fortalecemos nuestra participación como protagonistas del actual proceso revolucionario bolivariano y chavista de liberación, independencia y soberanía de la patria, hacia la construcción de nuestro propio modelo económico-social-cultural de socialismo bolivariano del siglo XXI.
Somos herederos del gran cacique Guaicaipuro, del negro libertario José Leonardo Chirinos, del gran maestro del Libertador, Don Simón Rodríguez, del propio Libertador Simón Bolívar, del Catire Zamora y su grito de “Tierras y hombres libres”, de todos los héroes y heroínas de nuestra historia pasada y presente para seguir firmes y leales al gran sueño de independencia y bienestar social de la Patria Grande desde Venezuela y toda la gran nación indo-afro-latinoamericana y caribeña.
Christian Farías / Ciudad VLC













