Los terremotos son, quizás, los recordatorios más implacables de nuestra vulnerabilidad ante las fuerzas de la naturaleza. En cuestión de segundos, la solidez de nuestras ciudades puede desmoronarse dejando tras de sí un escenario de incertidumbre y dolor.
Es precisamente en esa frontera del caos, donde la infraestructura colapsa y el tiempo corre en contra, cuando emerge la figura indispensable de los grupos de rescate. Estos hombres y mujeres, movilizados por la pura vocación de servicio, se adentran en el peligro cuando todos los demás intentan huir.
Para comprender la dimensión humana y técnica de esta labor, conversamos con Miguel Ángel Feo Angulo (nacido en Carabobo el 16 de julio de 1962). Su historia de servicio comenzó a los 10 años en el movimiento Scout.
Al cumplir su mayoría de edad, coincidiendo con la fundación del Grupo de Rescate de Carabobo, ingresó formalmente. Actualmente es el miembro activo más antiguo de la institución. A través de su experiencia, recorreremos los desafíos del rescate, la gestión del miedo y las lecciones que nos dejan las grandes tragedias.
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Dominar los propios impulsos
Vanileiby Rivas: ¿Cuál ha sido uno de los principales desafíos que ha encontrado a lo largo de toda su trayectoria como rescatista?
Miguel Ángel Feo: Uno de los principales desafíos que he encontrado en mi trayectoria, creo yo, es dominar nuestros propios impulsos. Eso se logra con muchos años de experiencia y, en mi caso, gracias a Dios, tuve buenos formadores que me decían: «Ya va, cálmate». Esto me hace pensar en una frase de Yokoi Kenji: «Aprender a hacer caso».
Cuando uno aprende a hacer caso y a escuchar a los que tienen más experiencia, uno dice: «¡Guao, tienen razón!». No es que no queramos ayudar, es que tenemos que aprender a ayudar. Una de las cosas fundamentales se logra teniendo paciencia; analizar cada paso que se va a dar aquí es vital. ¡Te equivocas y te mueres! ¡Te equivocas y cuesta la vida de alguien! Nosotros les decimos a los muchachos en formación: «Pregunten y equivóquense aquí todo lo que quieran. No hay preguntas tontas; tonto es aquel que no aclara la duda». Porque cuando salgamos al campo de trabajo no se pueden cometer errores. Eso le puede costar la vida a alguien, ¡o te puede costar tu propia vida!
¿Cómo se gestionan las emociones de esa primera fase para brindar el apoyo en situaciones como el pasado terremoto del 24 de junio?
Nosotros partimos de una máxima: la «E». Tienes que estabilizarte tú. ¿Cómo? Aceptando que eres un ser humano, aceptando que tienes miedo. Lo primordial es aceptar que se tiene miedo. Cuando una persona llega a mí y me dice que es muy valiente y que no le tiene miedo a nada… ok, esa es una persona peligrosa y no va a trabajar conmigo. El que no le tiene miedo a nada va a cometer errores, es impetuoso y tiene un problema.
Yo siento miedo a muchas cosas; tengo miedo de morir aplastado en una de esas estructuras. ¿Qué pasa? El valor se refleja en nuestra capacidad, en nuestra resiliencia, en ese respirar hondo y aprovechar toda esa cantidad de adrenalina que el cuerpo está generando. A través del pensamiento, de confiar en lo que aprendiste, empiezas a dosificar y a dominar el miedo. El miedo nunca va a desaparecer. El día en que mis manos empiecen a temblar ante una emergencia, yo analizo, respiro y, sabiendo que soy capaz de resolver el trabajo con el gran equipo que me rodea, me digo: «Yo puedo». Entonces, la mano se empieza a tranquilizar y comienzo a utilizar toda esa adrenalina a mi favor. En ese momento, soy una persona útil. El día que deje de sentir miedo, yo me retiro.

¿Qué es lo que los impulsa a ustedes a dejar el confort de sus hogares para ir a salvar vidas?
Me impulsa el hecho de pensar que, en algún lugar, esté dispuesto alguien con las mismas ganas que yo tengo de ayudar, y que esa persona pueda auxiliar a un familiar o a un amigo mío en una emergencia. Y ya me pasó, a decir verdad. En una oportunidad, con mi suegra, ella se encontraba fuera del estado Carabobo.
Cuando ella se identifica y pide que llamen a Valencia, mis amigos la apoyaron en esa situación. Amigos que he ganado con los años como rescatista la atendieron y la trasladaron al hospital. Me prestaron apoyo con una aero-ambulancia hasta Valencia, y de ahí otra ambulancia la estaba esperando para llevarla a su casa en Miranda, estado Carabobo.
A esos amigos me debo. Por eso yo me dedico a esto, porque sé que en algún momento puedo devolver ese favor, o hacérselo a algún amigo, ¡o a un total y rotundo desconocido! Luego, esa persona hará lo mismo y se creará lo que se conoce como una cadena de favores; esa cadena tan importante de humanidad que debe existir. Por eso les digo a los compañeros: «¡Hay que humanizar a la humanidad!».
En la Guaira se vieron cosas buenas, pero también muchas cosas malas. Por ejemplo, los mentirosos de oficio y los saqueadores. Pero también hubo gente muy buena que me dio una sopita a las tres de la mañana. ¡Y qué sopa tan buena, Dios mío! Una señora que no sabía rescatar, que no sabía de primeros auxilios, pero sabía cocinar. ¡Y qué sabroso es un consomé a esa hora! ¡Qué divino! Recuerdo clarito esa sopa y ese sabor. Claro, hay que orientar a la ciudadanía, generar conciencia a la hora de hacer las cosas bien, en caso de emergencia, y así sembrar una cultura que permanezca en el tiempo. Debemos olvidar por un momento el «boom» noticioso y crear una convivencia de prevención y educación en materia de desastres naturales.
En el caso de la participación comunitaria, ¿qué personas se pueden mencionar que fueron partícipes activos en la emergencia?
Yo puedo mencionar un caso específico: ellos son los amigos de Gremium Moto Club. Ellos son unos ángeles en caballos de acero. Iban un día sí y un día no. Nos llevaron gasolina para los vehículos, gasoil para la planta eléctrica, nos ayudaron lavando nuestra ropa, nos llevaban dulces, barras energéticas y café para poder estar activos. De verdad, mi agradecimiento total hacia ellos.
¿Cómo se organizan ustedes como grupo de rescate para ir al lugar del desastre provocado por un sismo?
En el caso del Grupo de Rescate Carabobo, al sentir el movimiento sísmico y verificar que todos nosotros y nuestras familias están bien, inmediatamente nos ponemos a disposición de la organización. Esto es una cadena: la organización se pone a disposición de los entes gubernamentales. Y te soy sincero, aun cuando no recibimos respuesta inmediata, decidimos irnos haciendo enlaces con otras organizaciones hermanas. Bueno, nos fuimos por nuestra propia cuenta.
El primer día, los resultados fueron desfavorables. El primer grupo durmió, literalmente, en la calle, en la acera. La organización que los iba a recibir allá no nos recibió; ese fue nuestro primer escenario. Aun así, no nos desanimamos.
Recibimos la ayuda del Gran Arquitecto del Universo, haciéndonos coincidir con personas que necesitaban ayuda, y los muchachos, prestos a colaborar, lo hicieron.
La persona que vivía al lado del edificio donde estábamos trabajando nos prestó su casa y nos dijo: «Quédense aquí el tiempo que necesiten». Nos trajo planta eléctrica, nevera y otras cosas. De verdad, gracias a eso, logramos hacer un buen trabajo allá.

Como equipo de rescate, ¿con qué herramientas llegaron allá?
Inicialmente llegamos con herramientas manuales. Luego incorporamos herramientas técnicas que nos habían sido donadas, tales como rotomartillos, martillos neumáticos y otros equipos que nos entregaron amigos y aliados que se encuentran en el exterior.
¿Cómo hacen para manejar el tiempo en este tipo de situaciones?
Todo está escrito. Se habla de un período inicial de siete días donde hay mayores probabilidades de vida; eso es lo que se estima en eventos similares ocurridos a nivel internacional. De hecho, para la propia respuesta, las organizaciones internacionales se activan en un período de tres días (72 horas), donde deben cumplir con algunos requisitos diplomáticos con las embajadas para poder ayudar.
Por otro lado, el tiempo es más aprovechable cuando existe la organización. En el caso de los eventos adversos, existen las normas INSARAG, que son de dominio público para organizar eventos como este: cómo se organizan los comandos, las brigadas, cómo deben distribuirse… Todo esto ayuda a que el tiempo juegue a tu favor.
Lamentablemente, en algunos casos, muchas personas quieren ayudar, pero no tienen la preparación técnica y no se dejan asesorar. El ego juega un papel importante: la lucha por el protagonismo y elementos de diversa índole que lo único que hacen es entorpecer. Ahí es donde el tiempo empieza a jugar en nuestra contra. ¡Qué bueno sería que todos nos enfocáramos en salvar vidas y nos olvidáramos por un momento del protagonismo, del ego, del titular y de tomar fotos, cuando la prioridad absoluta es salvar vidas!
¿Alguna anécdota o situación que recuerde de alguna persona que lograron rescatar?
Recuerdo un momento que fue muy significativo: el rescate de un niño por parte de la primera oleada de rescatistas que llegó a La Guaira. Fue una acción hermosa donde uno de los muchachos le dio la mano a través de un hueco al niño y le dijo: «¡Ya te vamos a sacar, ya vamos por ti!».
Yo celebro la participación de todos los miembros del Grupo de Rescate Carabobo, donde dieron lo mejor de sí para apoyar a todas las personas afectadas. Te digo, todos son importantes: los que están al frente y todos aquellos que hacen posible que nosotros realicemos el trabajo. Muchos están «detrás de cámaras» organizando donativos, comida, transporte; los que nos monitorean para saber cómo estamos y avisar a nuestras familias; los que organizan el sitio donde vamos a dormir… ¡Todos son fundamentales!

¿Qué lección considera que debemos aprender los seres humanos de toda esta situación?
Bueno, dos cosas fundamentales. La primera es que “la humanidad debe humanizarse”. Vi comportamientos que no son cónsonos con el ser humano, como robar y saquear. Eso no está bien, de verdad que no. No se puede permitir tampoco lucrarse con el dolor ajeno.
Por otro lado, debemos prepararnos. No sabemos cuándo pueden suceder este tipo de tragedias, por lo que debemos estar listos y aprender a movernos de forma profesional, técnica y en el manejo de equipos.
¿Qué le recomienda a la población como medida ante una situación similar a la de un sismo?
Le recomiendo identificar los lugares que tengan más probabilidades de soportar el movimiento en nuestras casas y edificios. Dependiendo de dónde estemos, es importante saber nuestro punto probable de supervivencia; ese es nuestro «rincón de seguridad».
Luego, tener nuestro plan de emergencia: saber a quién llamar, dónde reunirnos, definir en casa de quién nos vamos a encontrar y con el teléfono de quién. Ante una crisis, utilicen mensajes de texto y no mensajes de voz para no colapsar los sistemas. También es vital tener las medicinas de nuestros enfermos a la mano; si tenemos un familiar con alguna enfermedad crónica, tener su tratamiento ubicado. Y, finalmente, hacer cursos de primeros auxilios, Reanimación Cardiopulmonar (RCP), Levantamiento y Traslado de Lesionados (LTL) y cualquier otro que enseñe cómo sobrellevar una situación de desastre.
Lemas de vida de Miguel Ángel Feo Angulo:
«Siempre listos para servir» (frase que conservo de los Scouts).
«Para que otros vivan» (frase del Grupo de Rescate).
«Entre la vida y la muerte, somos la diferencia».
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