En el relato del establishment mundial Perú siempre ha figurado como un ejemplo de gestión gubernamental. Desde hace décadas se repitieron hasta la saciedad los «logros» de una política económica que seguía al pie de la letra la receta neoliberal.

Confianza, democracia sólida, amplio flujo de inversiones, eran algunos rasgos de la cara más publicitada de la mítica nación incaica.

De hecho, hoy por hoy el Perú ostenta la mejor calificación crediticia de la región, después de Chile (otro de los consentidos). También, los altos voceros del gobierno de EE.UU. no pierden ocasión para dar loas al neoliberal «modelo de democracia peruano».

Sin embargo, poco más de 2 años crisis económica, como consecuencia de la pandemia de covid-19, han hecho saltar en pedazos la estabilidad del celebrado «modelo peruano». La cruda realidad ha dejado al desnudo que Lima es una burbuja.

Pero el resto del país sigue anclado a la miseria, el atraso y las desigualdades más atroces. Hastiado de tanta corrupción y ahogado en una pobreza que afecta al 30%, el pueblo peruano despierta.

El respaldo a la opción encarnada por el profesor de escuela, Pedro Castillo, en la segunda vuelta, representa un claro intento por sacudirse el yugo neoliberal.

 

Crueldad sin límites

La denuncias efectuadas esta semana acerca de nuevas acciones de saboteo a las políticas de salud del gobierno venezolano, dejan de manifiesto una vez más que las mal llamadas sanciones norteamericanas representan un crimen de lesa humanidad.

Igualmente, queda claro que esta política se basa en una perversa lógica de crueldad sin límites.

Tras cancelar los fondos requeridos por el mecanismo COVAX de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el banco suizo UBS tomó la arbitraria decisión de bloquear los últimos 4 pagos efectuados por el Ejecutivo. Este dinero serviría para la obtención de un lote de vacunas anticovid-19.

No obstante, las autoridades venezolanas avanzan, contra viento y marea, en una épica campaña masiva de vacunación.

Los fake news han estado a la orden del día. Pero hasta los ciudadanos más opositores han tenido que admitir que los han tratado con absoluto respeto.

Todas estas personas han recibido su inmunización de acuerdo con el cronograma correspondiente y sin discriminación de ningún tipo. Si este plan no avanza con mayor rapidezhay un único y exclusivo responsable: Juan Guaidó.

 

Sicariato político

El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, denunció que detrás de los enfrentamientos presentados en la parroquia La Vega (Caracas), estarían involucrados dirigentes de Voluntad Popular (VP).

De acuerdo con Rodríguez, el partido de Leopoldo López y Juan Guaidó estaría movilizando gruesas sumas de dinero en divisas, para fomentar acciones desestabilizadoras, a manos de bandas criminales en algunas barriadas populares de la ciudad capital.

La verdad no sorprende para nada esta denuncia, sobre todo cuando Guaidó salió ampliamente retratado con algunos líderes de la peligrosa banda paramilitar colombiana Los Rastrojos. Y también cuando a uno de los dirigentes de VP más cercano a Leopoldo López, le antecede un espantoso prontuario delictivo.

Se trata nada más y nada menos que del ex presidiario, Gilber Caro, conocido en los bajos fondos como el pran del carro negro. Estos sujetos han pretendido instalar una era del sicariato político, pero estamos seguros de que el Estado y las instituciones lo impedirán.

 

 

 

Ciudad VLC/RedRadiove