Continuamos esta travesía poética antibélica rindiéndole justo tributo a la memoria de Federico García Lorca, referente espiritual, primer poeta mártir de la guerra civil española y símbolo de la represión franquista, con motivo de conmemorarse el próximo 18 de agosto, el 88 aniversario de su vil asesinato por las garras del fascismo.
Dicen que al filo de la una
un angelote compasivo
pasó delante de la luna,
sobrevolando los olivos.
y cuentan que con mala maña
fue tiroteado su abanico,
justo a la hora que en España
se nos mataba a Federico.
Silvio Rodríguez. “Cita con ángeles”.
Federico García Lorca (España, Fuente Vaqueros, 5 de junio de 1898-Viznar, Granada, 18 de agosto de 1936), poeta, escritor, músico y dramaturgo. Formó parte de la generación del 27, grupo de literatos conformado por Luis Cernuda, Rafael Alberti, Damaso Alonso, Vicente Aleixandre y Pedro Salinas. Es considerado el “Homero español” y el poeta de mayor influencia y celebridad de la literatura española del siglo XX.

Cursó estudios en la Universidad de Granada en la Facultad de Filosofía y Letras y en la Facultad de Derecho. En 1919 se matriculó en la Residencia de Estudiantes de Madrid, que entonces era una suerte de ágora, acogiendo en su seno figuras de la talla de Albert Einstein o Madame Curie. Allí conoció también a Luis Buñuel, Rafael Alberti y Salvador Dalí, con los que hizo amistad y terminarían tildándole de costumbrista por escribir sobre los gitanos o el flamenco en su Romancero Gitano.
No obstante, dicho libro terminaría conquistando al público español por su evocación lírica del mundo de los gitanos andaluces, proyectando su obra y dándole merecida fama. En esa época estrechó amistad con el maestro Manuel de Falla, que lo introdujo en los misterios del flamenco y el cante jondo del folclore andaluz.

Lorca fue codirector de La Barraca, agrupación teatral universitaria itinerante que representaba obras del Siglo de Oro, sobre todo de Quevedo y Góngora, tratando así de acercar las obras del teatro clásico español a los más humildes. Para nuestro personaje, el teatro se había aburguesado demasiado y debía recuperar al público olvidado, al “español de alpargata”.
En la simbología lorquiana están siempre presentes elementos recurrentes como el amor, el dolor, la nostalgia, la muerte. Su fructífera producción poética refleja el sentimiento trágico de la vida, con marcada influencia de autores como Rubén Darío, Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez, además de la música y los cantos tradicionales de España y el espíritu de su gente: la valentía, la melancolía, la pasión, el sufrimiento amoroso, todo ello sumado a las diferentes corrientes literarias, que atraviesan su creación, donde conviven y se fusionan lo culto y lo popular.
Su temática abunda en símbolos relacionados con la muerte: La luna es el símbolo más frecuente, cercano al erotismo, la fecundidad, la esterilidad o la belleza. Seguido por el agua y su doble significación: cuando corre libremente es símbolo de vida, pero cuando está estancada se le relaciona con la muerte. Encontramos también la sangre, que derramada representa la muerte, la fecundidad y la sexualidad. Seguidamente, encontramos en su poesía la figura del toro, dada su afición a la tauromaquia, donde la muerte es un espectáculo revestido de aparente belleza y el torero vistosamente ataviado se luce ante la multitud que se goza ante el sacrificio del animal. Finalmente, vemos desfilar al caballo, representando la vitalidad y virilidad del hombre.
Para sus detractores políticos de la ultraderecha, bando formado por todas las fuerzas contrarias a la izquierda, como la Falange Española, el partido fundado por José Antonio Primo de Rivera, hijo del dictador que había gobernado antes de la República, La Barraca no era más que un instrumento de propaganda política al servicio de la Segunda República.

Cuando Francisco Franco, el 18 de julio de 1936, da el golpe de estado contra el gobierno constitucional, apoyado por Hitler y Mussolini, se desata una persecución implacable hacia cualquiera que fuese visto como aliado de los republicanos, y pocos días después, el 15 de agosto, la casa familiar de los padres de Lorca es allanada por un escuadrón militar al mando de Ramón Ruiz Alonso, exdiputado de ultraderecha, quien lleva una orden de arresto contra el poeta.
Su afiliación al Partido Comunista y sus numerosas declaraciones contra las injusticias sociales le convirtieron en una persona incómoda para los falangistas. Cuando estalló la Guerra Civil (1936-1939), era un poeta de fama internacional, perseguido y acusado por sus enemigos políticos de espía ruso, socialista, masón y homosexual. Colombia y México le ofrecieron asilo, pero decidió quedarse.
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Según su amigo, el poeta Gabriel Celaya, Lorca tenía una imprudente confianza en la humanidad de las personas más allá de su ideología, cuestión que entre otras ocasionaría su muerte, un mes después del golpe de Estado que dio inicio a la guerra civil española en la que la iglesia católica y el ejército se unieran para derrocar a un gobierno que había sido elegido por las mayorías. Hasta ahora se desconoce el paradero de sus restos. Se especula que permanece enterrado en una fosa común anónima. Todo porque, según sus enemigos, “había hecho más daño con su pluma que otros con la pistola”.
Finalizamos esta travesía con “Oda a Walt Whitman”, poema publicado en Poeta en Nueva York (1940), libro que realiza una crítica a la sociedad moderna y al sistema capitalista a través de un lenguaje vanguardista, de estilo surrealista. Lorca conoció Nueva York en 1929 durante un año de viajes que lo llevaron también a Cuba.

En el texto el bardo expresa su admiración por Whitman. El personaje que habla descarnadamente en el poema es el mismo autor, que no oculta su condición de homosexual. El texto hace las veces de crónica de Nueva York, de la ciudad sin alma, que trabaja día y noche, abierta para el sexo libre, el erotismo, la promiscuidad. La ciudad “de alambre y muerte”, en la que Lorca hace alusión constante a Whitman quien, como él, es homosexual. Poema polémico, señalado de homófobo por la crítica:
Por el East River y el Bronx
los muchachos cantaban
enseñando sus cinturas,
con la rueda, el aceite, el cuero y el
martillo.
Noventa mil mineros sacaban la
plata de las rocas
y los niños dibujaban escaleras y
perspectivas…
Por el East River y el
Queensborough
Los muchachos luchaban con la
Industria,
y los judíos vendían al fauno del
río
la rosa de la circuncisión
y el cielo desembocaba por los
puentes y los tejados
manadas de bisontes empujadas
por el viento…
Nueva York de cieno,
Nueva York de alambres y de
muerte.
¿Qué ángel llevas oculto en la
mejilla?
¿Qué voz perfecta dirá las
verdades del trigo?
¿Quién el sueño terrible de sus
anémonas manchadas?
Ni un solo momento, viejo
hermoso Walt Whitman
he dejado de ver tu barba llena de
mariposas
ni tus hombros de pana
gastados por la luna,
ni tus muslos de Apolo virginal,
ni tu voz como una columna de
ceniza;
anciano hermoso como la niebla
que gemías igual que un pájaro
con el sexo atravesado por una
aguja,
enemigo del sátiro,
enemigo de la vid
y amante de los cuerpos bajo la
burda tela…
Por eso no levanto mi voz, viejo
Walt Witman,
contra el niño que escribe
nombre de niña en su almohada,
ni contra el muchacho que se viste
de novia
en la oscuridad del ropero…
Pero si contra vosotros, maricas de
las ciudades,
de carne tumefacta y pensamiento
inmundo,
madres de lodo, arpías, enemigos
sin sueño
del Amor que reparte coronas de
alegría…
Contra vosotros siempre,
Faeries de Norteamérica,
Pájaros de la Habana,
Jotos de Mejico,
Sarasas de Cádiz,
Ápios de Sevilla,
Cancos de Madrid,
Floras de Alicante,
Adelaidas de Portugal…
Y tú, bello Walt Withman, duerme
a orillas del Hudson
con la barba hacia el polo y las
manos abiertas.
Arcilla blanda o nieve, tu lengua
está llamando
camaradas que velen tu gacela sin
cuerpo.
Duerme, no queda nada.
Una danza de muros agita las
praderas
y América se anega de máquinas y
llanto.
Quiero que el aire fuerte de la
noche más honda
quite flores y letras del arco donde
duermes
y un niño negro anuncie a los
blancos del oro
la llegada del reino de la espiga.
(Continuará). ¡Salud, Poetas!
***
Mohamed Abí Hassan (El Tigre, 1956). Poeta, artista visual y editor independiente. Licenciado en Educación, Mención Artes Plásticas (cum laude), por la Universidad de Carabobo (UC). Ha ejercido la docencia en la UC y en la Universidad Arturo Michelena. Ha sido colaborador en las revistas Poesía y La Tuna de Oro (UC). Primer Premio II Bienal de Literatura Gustavo Pereira, Mención Poesía 2013; Primer Premio IV Bienal de Literatura José Vicente Abreu, Mención Poesía 2016; Primer Premio Concurso Nacional del II Festival 3.0 de Historias Comunales Ramón Tovar (2022).
Formó parte de la Comisión Rectoral del Encuentro Internacional de Poesía de la UC. Coordinó el Taller de Formación de Cronistas Comunales en Mariara, estado Carabobo, auspiciado por el Minci, la Revista Nacional de Cultura y el Centro Nacional de Historia. Actualmente se desempeña como facilitador de talleres de iniciación en la creación literaria, así como talleres sobre patrimonio histórico.
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