El almirante Daryl Caudle, jefe de Operaciones Navales (CNO), ha manifestado su firme rechazo a la posibilidad de prolongar la misión del portaaviones USS Gerald R. Ford. Según el alto mando, el ritmo operativo actual ha impuesto un nivel de sacrificio humano y técnico que la Armada de los Estados Unidos ya no considera sostenible.
El Gerald R. Ford, reconocido como el buque más avanzado tecnológicamente de la institución, acumula más de 200 días de navegación continua desde junio de 2025. Al haber superado los plazos estándar de despliegue, la creciente tensión operativa ha encendido las alarmas en los mandos navales.
Originalmente, destinado a operaciones en aguas europeas, el grupo de ataque recibió órdenes de la administración Trump el pasado otoño para trasladarse al Caribe.
Bajo la dirección del Comando Sur, la unidad se integró en misiones antinarcóticos. Con este cambio, el portaaviones suma ya siete meses de maniobras ininterrumpidas, alcanzando el límite máximo de lo que suele planificarse para este tipo de activos navales.
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Consecuencias operativas y personales
Ante este escenario, el almirante Caudle aseguró que se opondrá formalmente a cualquier extensión adicional. Aunque subrayó que la nave representa una «opción invaluable» para la defensa, enfatizó que no respaldará su permanencia en alta mar más allá de lo estipulado.
El oficial desglosó los efectos negativos de estas travesías prolongadas, tales como el impacto directo en la vida personal, bienestar de los marineros y el deterioro acelerado del material.
Las naves regresan a puerto en condiciones mucho más precarias de lo previsto, lo que dispara los costes de mantenimiento y retrasa su disponibilidad para futuras misiones.
La decisión de redirigir el portaaviones al Caribe ha generado un vacío de presencia en Europa y Medio Oriente, regiones que atraviesan momentos de alta tensión con Irán.
Uso excesivo
Si bien la Armada dispone de destructores en esas zonas, estos carecen de la capacidad de respuesta y disuasión que ofrece un portaaviones.
El problema de fondo, según diversos analistas, radica en la escasez de buques para cubrir las demandas globales.
El uso excesivo de extensiones de misión está acelerando el desgaste de la flota, una situación que se ve agravada por la crisis actual en los astilleros estadounidenses, que enfrentan graves problemas de infraestructura y falta de mano de obra especializada.
Mientras el USS Gerald R. Ford enfrenta estos retos, se ha revelado una nueva variante del caza furtivo chino J-35B, que incluye un tren de aterrizaje de doble rueda y barra de lanzamiento diseñada para operar con los sistemas de catapulta de sus propios portaaviones.
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Fuente: Venezuela News
Ciudad valencia/ED/M.Ll
Foto: Agencias













